El gobierno de Bolivia convocó a un diálogo que lleva al consenso y a pactos en la Constituyente.
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La Asamblea Constituyente de Bolivia convocó a todas las fuerzas políticas del país a participar en un diálogo que destrabe los trabajos y ponga fin a los conflictos que provocaron un receso de ese cuerpo deliberativo.
Pese a que lleva más de un año sesionando y en ese período no ha logrado acordar ni una línea de la nueva Constitución de Bolivia, la Asamblea decidió suspender temporalmente sus sesiones hasta principios de octubre ante la falta de garantías en su sede de Sucre.
Poder Democrático y Social (Podemos, de derecha y la mayor fuerza de oposición) propuso al gobierno convocar a un diálogo nacional "con espíritu constructivo", como dijo a la agencia Efe el senador Óscar Ortiz.
Pero no parece haber espíritu de diálogo. La reelección presidencial ilimitada y el litigio entre Sucre y La Paz por ser capital del país siguen siendo motivo de diferencias, en algunos casos fuertes y quizá insalvables.
¿Racismo?
Para el presidente Evo Morales, el conflicto tiene que ver con el racismo.
"En algunas ciudades pequeños grupos son racistas. Hablan de desgastar al indio, de tumbar al indio. No aceptan que un indio pueda estar gobernando bien", declaró Morales a la agencia de noticias Reuters.
Según Reuters, encuestas publicadas recientemente indican que Morales es todavía muy popular, per su promesa de redactar una nueva Constitución que acelere el proceso de cambio "todavía está en la cuerda floja".
El presidente desestimó las acusaciones de que quiere perpetuarse en el poder mediante reformas constituticionales.
"Si el pueblo me dice váyase, mañana me voy; si me dice que me ratifique me ratifico", afirmó Morales. "Mucho dependerá del pueblo".
La oposición también rechaza las acusaciones del presidente, quien asegura que hay un complot para derrocarlo.
"Nosotros ya ni tomamos en serio esas denuncias", indicó el senador Ortiz. "A estas alturas ya debería haber algún procesado, o al menos algún acusado".
¿Soberbia?
Otro político de raíces indígenas, Víctor Hugo Cárdenas, quien fue vicepresidente en el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada entre 1993 y 1997, tiene palabras duras para hablar sobre la situación que vive el país.
La Asamblea Constituyente parece haber exacerbado las divisiones que había en Bolivia.
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"Estoy profundamente preocupado por los niveles de confrontación, antagonismo y discusión" que ha habido en torno a la Constituyente, dijo al diario El Deber en Santa Cruz.
Cárdenas es pesimista y piensa que el mal del gobierno es la soberbia, pero tampoco concede la razón a los demás actores políticos de su país.
Desde el principio "reinó la ausencia de un ánimo de hacer pacto", señaló. "Lo que hay es el ánimo de imponer".
Para Cárdenas los actores políticos deberían sentirse "responsables en mayor o menor medida por la situación".
Tanto el gobierno como la oposición parecen dispuestos a aceptar que los 255 constituyentes que se reunirán el miércoles tienen ante sí la responsabilidad de construir un consenso y asumir un pacto.
Pero -como señala en La Razón el sociólogo y constitucionalista Ricardo Paz Ballivián- hay quienes creen "que ha llegado la hora de la definición y que éste no podrá darse si no es por medio de la violencia".
El miércoles se verá la dirección que toman.