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Lunes, 20 de agosto de 2007 - 03:54 GMT
Rutina de tragedia en Pisco, Perú
Carlos Chirinos
Carlos Chirinos
Enviado de BBC Mundo a Perú

Iglesia de San Clemente, en cuyo interior murieron 148 feligreses mientras asistía a una misa.
El conteo final de los 148 feligreses que murieron en la iglesia, fue escrito en su fachada.
Una "dinámica de la tragedia" ha hecho que la Plaza de Armas sea hoy más que nunca el centro del derruido pueblo.

Hay una "nueva rutina" en Pisco: un febril movimiento de equipos de socorro en la Plaza de Armas y sus alrededores, y una parsimoniosa sensación de abandono en la periferia de la ciudad.

Con la húmeda y fría bruma del amanecer, se reactivan las operaciones de bomberos, rescatistas, médicos, policías, periodistas y hasta sacerdotes, quienes dan la última bendición a los fallecidos que son llevados ante el registro civil de emergencia que funciona en una esquina de la Plaza.

Nadie está de brazos cruzados. Las diagonales de la plaza son cruzadas constantemente por personas que trabajan en el plan de socorro puesto en marcha desde la misma noche del miércoles.

Descontento

En una esquina, el puesto de comando. En la otra, la policía nacional y sus equipos de rescate, con perros incluidos. Entre ellos un hospital de campaña del ministerio de salud. Y opuesto a este, el centro de operaciones de los bomberos.

Susana Pinilla Cisneros, ministra del Trabajo de Perú
Siempre habrá gente descontenta, también hay que tomarlo en cuenta. Hay que decirles que ya les va a llegar su ayuda. No podemos ir casa por casa. Lo mejor es que vayan a los albergues
Susana Pinilla Cisneros, ministra del Trabajo
Todos presididos por la fachada en ruinas de la Iglesia de San Clemente, en cuyo interior murieron 148 feligreses mientras asistían a una misa, según dice el conteo escrito con pintura verde en la fachada cuando terminó la búsqueda.

"Pisco no es la Plaza", suelen decir los ciudadanos que empiezan a molestarse con esa sensación de que "todo" va a parar al centro de la ciudad y allí se queda.

"Siempre habrá gente descontenta, también hay que tomarlo en cuenta. Hay que decirles que ya les va a llegar su ayuda. No podemos ir casa por casa. Lo mejor es que vayan a los albergues", dijo a BBC Mundo la ministra del trabajo, Susana Pinilla Cisneros, cuando realizaba un recorrido por la plaza.

Cuando algunas personas se dieron cuenta de la presencia de la ministra le gritaron con visible molestia que no recibían ayuda.

El barrio de la primera dama

Unas horas antes a la entrada de la ciudad de Pisco, el equipo de BBC Mundo presenció cómo un camión era saqueado por pobladores del asentamiento Pilar Nores, bautizado así años atrás en honor de la esposa del presidente Alan García.

Carmen Vargas
Las criaturas están malas, arden en fiebres. Necesitamos medicinas. Aquí no hay nada. Vamos para que vea mi casa. No ha quedado nada
Carmen Vargas
"Ni siquiera por eso nos traen ayuda. Estamos olvidados. Somos los últimos acá", se queja la señora Santos Gomero Rivas.

Caminando entre las ruinas del barrio, por la parte que no puede verse desde la carretera, es difícil no darle la razón. En cada espacio abierto los vecinos han puesto tinglados con cartones, plásticos y latón para refugiarse en ellos.

Decenas de personas, desde niños hasta ancianos, se apiñan en las pocas sillas que rescataron de entre las ruinas y en colchones empapados por la fuerte humedad característica de las noches de la zona.

Los niños juegan y corretean, las mujeres cocinan en pequeñas hornillas, los hombres -quienes ya levantaron los tinglados- se sientan a ver pasar el día conversando. Lo único que hay para hacer es esperar.

"Las criaturas están malas, arden en fiebres. Necesitamos medicinas. Aquí no hay nada. Vamos para que vea mi casa. No ha quedado nada", llora la señora Carmen Vargas, rodeada de sus tres pequeños hijos en medio de las ruinas de lo que fue una minúscula sala de estar.

Todos quieren mostrarnos sus casas como para que se sepa que no mienten, que están afectados y necesitan socorro. En las varias viviendas a las que entramos se ve la misma destrucción. Incluso las que han quedado de pie son inhabitables.

Hasta los gallos

Pocos metros más allá dos vecinos que criaban gallos finos de pelea afirman que han tenido que comérselos ante la falta de alimento.

Casa destruida en Pisco
La malla metálica está abierta, pero los pollos no escapan. Quizá sepan que no hay mucho que buscar fuera.
"Me los tuve que comer. ¿Qué hacía con los gallos aplastados no teniendo qué comer? Olvídate del negocio, estamos en desgracia total", dice Ediberto Gomero parado sobre las ruinas del que fue el corral de sus orgullosos animales.

Aunque la malla metálica está abierta los pollos no escapan. Quizá sepan que no hay mucho que buscar fuera, pese a que el destino que les espera de no llegar comida a esta área no sea tampoco promisorio.

Para esta gente resulta paradójico ver pasar frente a lo que fueron sus casas los convoyes con ayuda rumbo al centro de Pisco. Además les pasan encima los aviones con pertrechos que vienen de Lima.

Saben que hay un operativo de ayuda en movimiento pero no sienten que les vaya a beneficiar. Aunque también reconocen que los asaltos a camiones, protagonizados por los más desesperados de la comunidad complican el socorro.

Cuando BBC Mundo dejaba el lugar llegó un vehículo de la Cruz Roja Colombiana para empezar un censo de las necesidades de la zona y prometieron hacer llegar una primera ayuda en las siguientes horas.

Centro giratorio

Mapa del epicentro. Instituto Nacional de Defensa Civil de Peru.

De vuelta a la Plaza de Armas llama la atención que todas las instituciones que colaboran tengan tan presente la "promoción de marca" y tengan vistosas pancartas en las que se lee "Miraflores ayuda", un municipio de Lima, o "Camisea presente", el proyecto de gas que se desarrolla en el sur de Perú.

Sin duda que el operativo ha tenido el éxito inicial de convocar a muchas instituciones y empresas, tanto nacionales como internacionales. Y casi todos quieren que se sepa.

Pero si se sustrae uno del movimiento de la plaza, y se coloca uno a la sombra del pedestal del General San Martín que la preside, pareciera que el sitio y su gente giran en torno a sí mismos.

Han llegado a ser dominantes en la nueva dinámica trágica de la ciudad. La plaza siempre fue el centro de la ciudad pero podría decirse que hoy lo es más que nunca.

Fuera de su órbita queda una multitud de pequeños sectores que por lo numerosos, empobrecidos y urbanísticamente desorganizados tardará un buen tiempo para que empiecen a sentir que si hay mucha gente preocupada que está poniendo un gran esfuerzo en llegar a ellos.



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