El hospital San Juan de Dios no se da abasto.
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El puerto de Pisco está destruido.
El alcalde, Juan Mendoza, lo describió desde el primer momento: el 80% de las viviendas están destruídas, dijo a BBC Mundo.
"Parecía una película, nunca me imaginé que pasaría un desastre de esa magnitud, necesitamos de todo, agua, alimentos, medicinas y tanques de carga pesada para remover los escombros", explicó.
"Por desesperación, he planteado que se haga una fosa común en la que se entierren a todos nuestros muertos, porque, ya no sabemos donde ponerlos".
Mendoza perdió en el sismo a su hermana mayor.
Recorrer a pie la ciudad es una aventura peligrosa porque las avenidas están cubiertas de cables eléctricos y escombros, y además aún existe el riesgo de que se sigan derrumbando los edificios.
Capacidad rebasada
Los damnificados prefieren dormir a la intemperie porque hasta ahora hay réplicas del terremoto que alcanzó los 7,9 grados en la escala de Richter y ya han causado cerca de medio millar de muertos.
Para paliar el frío nocturno hacen fogatas y ollas comunes. Y es que la ayuda no ha llegado aún a las zonas periféricas de Pisco.
Los daños en la autopista que une Lima con Pisco, obliga a trasladar a heridos en avión.
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No existe morgue en la ciudad, y por ello la plaza de Armas se ha transformado en un improvisado mortuorio donde se colocan los cuerpos dentro de bolsas negras, y a donde llegan familiares que ya perdieron toda esperanza de hallar a sus seres queridos en el hospital San Juan de Dios.
Las decenas de heridos que llegan a ese hospital han desbordado la capacidad de recepción, y por ello la Marina peruana ha enviado dos barcos con un hospital rodante y con miles de litros de agua potable.
Karina Suárez, de 35 años y con cuatro hijos, dijo a BBC Mundo que "nunca había vivido esto, sigue habiendo réplicas, ahora nos dijeron que dejemos todo y vayamos al cerro porque se viene un tsunami, y como nosotros no queremos perder lo poco que tenemos nos hemos quedado".
En tanto, Carmen Hayo, mientras prepara una fogata en la calle, relata cómo perdió a su nieta de 18 años: "Ella se estaba cambiando y no pudo salir a tiempo en el terremoto, tras el derrumbe (de su casa), la llevamos corriendo al hospital, pero llegó cadáver".
Hilda Aquije Muñoz se quejaba amargamente que hasta ahora no han podido recibir víveres, agua ni ropa de abrigo: "Estamos juntando entre todos los vecinos lo poco que tenemos y hacemos ollas comunes y fogatas para el frío".
El presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, admitió que existen dificultades para la entrega de la ayuda por los daños de la autopista que une Lima con Pisco.
El funcionario señaló que los aviones militares no se dan abasto para trasladar a los médicos, rescatistas y las donaciones que han llegado de Bolivia, España, Colombia, entre otros países.