Los cadáveres se encontraban en tal estado que no pudieron ser identificados.
|
Los restos de 59 emigrantes haitianos que murieron ahogados cuando su bote zozobró en las cercanías de las islas Turcos y Caicos, a principios de mes, recibieron sepultura.
Fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de Santa Filomena, en la ciudad norteña de Cap-Haitien.
Esta decisión enojó a los familiares de las víctimas, quienes alegan que no se les permitió identificar a sus seres queridos.
Las autoridades explican que los cadáveres se habían decompuesto a tal punto que cualquier tipo de identificación era imposible.
Se calcula que más de 160 emigrantes haitianos navegaban a bordo del bote cuando éste se hundió en las aguas agitadas de un mar Caribe lleno de tiburones.
Uno de ellos, Jean-Baptiste Metellus, escapaba de su empobrecido pueblo de agricultores hacia una vida mejor.
Otro bote lo trajo a casa. Su cuerpo estaba envuelto en una bolsa de plástico donde se leía una etiqueta: Juan Doe.
Juan o Juana Doe. Así bautizan a los cadáveres que no pueden identificar.
Sin alternativas
"Dios les da la bienvenida a cada uno, compatriotas. No deberían haberse visto obligados a partir al mar, a dejar su país", dijo el reverendo Hubert Constant, arzobispo de Cap-Haitien, en los funerales.
La miseria de Haití deja a muchos sin más alternativa que escapar.
|
El número de emigrantes haitianos hallados en embarcaciones con rumbo a Estados Unidos se ha disparado en las últimas semanas.
Las estadísticas muestran que quienes huyeron el mes pasado del país más pobre de América suman la misma cantidad que los que escaparon en todo 2006.
Metellus fue uno de los que no sobrevivieron la travesía. De 36 años, y padre de dos niños, apenas ganaba US$3 al día vendiendo boletos de lotería.
Sus hermanos, que fueron a buscar su cadáver al norte y volvieron a casa sin él, le explicaron a la agencia de noticias AP que "ahora que él se ha ido" no deja nada a sus pequeños.
"Su esposa está en casa llorando, y no puede hacer nada", dijo Adius Basil.