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Viernes, 23 de febrero de 2007 - 12:39 GMT
Una espera de casi siete años
Hernando Salazar
Hernando Salazar
Bogotá

Mauricio Lizcano
Su padre, Óscar Tulio Lizcano, lleva casi siete años secuestrado por las FARC.
Cinco años después del secuestro de Ingrid Betancourt son remotas las posibilidades de un acuerdo que deje en libertad a 57 políticos y militares colombianos en poder de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a cambio de guerrilleros presos.

Eso lo admite, en diálogo con la BBC, Mauricio Lizcano, hijo del ex representante a la Cámara colombiano Óscar Tulio Lizcano, uno de los secuestrados que lleva más tiempo en poder de esa guerrilla: casi siete años.

Mauricio, quien en 2006 fue elegido Representante a la Cámara, dice que aunque confían en volver a verlo, él, su hermano y su mamá no tienen casi ninguna certeza de volver a encontrarse con su papá, de quien solo han recibido cuatro pruebas de supervivencia, la última hace dos años.

"Esperamos que con este canciller -Fernando Araújo Perdomo-, que vivió el secuestro, las cosas cambien. Pero lo más probable es que durante este gobierno no haya intercambio humanitario", dice Lizcano, quien hace parte de un partido que apoya al presidente Álvaro Uribe en el Congreso.

Y él, que preside la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes, añade que quedan casi tres años y medio de espera.

"Eso quiere decir que mi papá tendrá 11 años de secuestrado, casi 63 años de vida. No sabemos si pueda aguantar todo ese tiempo, porque ha estado enfermo y ha tenido paludismo cerebral y leshmaniasis", declara a la BBC.

El secuestro revienta la familia... ya no hay navidades, cumpleaños, paseos. Siempre hay el remordimiento de cómo uno se va (de paseo) con el papá secuestrado".
Mauricio Lizcano
Ese pesimismo se debe a que las condiciones para un acuerdo humanitario que han puesto tanto las FARC como el gobierno del presidente Álvaro Uribe terminan siendo rechazadas por cada una de las contrapartes.

La guerrilla exige desmilitarizaciones sin condiciones y el gobierno dice que solo liberaría guerrilleros si se comprometen a no volver a empuñar las armas.

A pesar de haber acudido a los buenos oficios de terceros, entre ellos países extranjeros, hasta el momento no se ha podido concretar ni siquiera una reunión personal de delegados del gobierno y de la guerrilla para hablar del tema.

Las últimas noticias las dio Uribe esta semana cuando relató las exigencias de las FARC para un intercambio.

"Las Farc dicen que la única manera de hacer acuerdo humanitario es si el Gobierno libera, desmilitariza, incondicionalmente, Pradera y Florida (dos pueblos del sur occidente del país) y que ellos harían una verificación. Ustedes saben que el gobierno no puede aceptar eso", declaró Uribe.

Uribe fue un duro crítico de la desmilitarización de una amplia zona del sur del país que hizo su antecesor, Andrés Pastrana, para facilitar unos diálogos de paz que fracasaron a comienzos de 2002, debido al secuestro de uno de los congresistas que hoy tiene ese guerrilla.

Pero, además, las FARC le hicieron saber a Uribe "que ellos con este gobierno no negocian, que este es un gobierno ilegitimo y paramilitar, que la 'parapolítica' ilegitima este gobierno", relató el presidente.

Uribe dijo que esas exigencias son "disculpas de bandidos" y anunció que la respuesta del gobierno "es arreciar".

El miedo

Juan Carlos Lizcano
El otro hijo de Óscar Tulio Lizcano había sido secuestrado en el 2006. A el lo liberaron en julio de ese año.
Esto último se interpreta como privilegiar los rescates militares, como el que permitió, a principios de 2007, la liberación del nuevo canciller, Fernando Araújo.

Sin embargo, también ha habido estruendosos fracasos de esas operaciones, como la que hubo para liberar al gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y al ex ministro Gilberto Echeverri, quienes murieron a comienzos de 2003.

Los Lizcano tienen sentimientos encontrados. Juan Carlos, el hermano menor de Mauricio, estuvo secuestrado cuatro meses por guerrilleros de un reducto del Ejército Popular de Liberación y fue liberado en una operación de rescate de la fuerza pública.

Pero ahora, por razones de seguridad, Juan Carlos vive fuera de Colombia.

Mauricio dice que el secuestro "revienta la familia" y que "ya no hay navidades, cumpleaños, paseos. Siempre hay el remordimiento de cómo uno se va (de paseo) con el papá secuestrado".

Su mamá envía mensajes radiales casi a diario con la esperanza de que el ex representante secuestrado los oiga, tenga ánimo y resista.

"Tratamos de recordarlo lo más que se pueda. La imagen de mi papá es vaga, porque vamos para siete años. Pero no nos queda otro camino que seguir viviendo y que él no se deje morir", concluye.



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