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Catalina Esparza
BBC Mundo
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Fidel Castro y Raúl Castro son los dos hombres que tienen en sus manos el futuro de Cuba.
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Han transcurrido un poco más de seis meses desde la última vez que Fidel Castro fue visto en público. Una enfermedad ha postrado al presidente cubano, el mandatario que más tiempo lleva en el poder en todo el mundo.
Dentro de la isla, como fuera de ella, muchos se preguntan si con el nuevo liderazgo de Raúl Castro, hermano menor de Fidel, estamos presenciando el proceso de sucesión o transición del poder del último bastión comunista del continente americano.
Pero, ¿se puede creer que en un régimen de tantas décadas como el cubano no se venían adelantando pasos certeros en el proceso de transición?
Jon Lee Anderson, periodista de la revista estadounidense The New Yorker, coincide con otros observadores en que dicho proceso empezó tiempo atrás.
"Desde hace años un equipo de asesores ya estaba haciendo las labores de estado, fue como una forma de entregar de a poco la gerencia del país" afirma.
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Son esos jóvenes, entre otros sectores de la población cubana, los que han mantenido cierto mutismo frente a la enfermedad y eventual desaparición de Fidel Castro, según lo aseguran los corresponsales de la BBC
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Sin embargo, Anderson estuvo en Cuba el año anterior en tres ocasiones y pudo observar una divergencia de opiniones al respecto.
"Pude constatar que había en el oficialismo, por una parte, una especie de sensación de que todo estaba planificado y que la sucesión ya estaba pensada. Pero había otra gente, cercana a Fidel, que me manifestó en privado su consternación y preocupación porque no lo tenían todo amarrado".
Amarrado o no, en julio del año pasado, las dolencias de Fidel hicieron que su hermano Raúl -para muchos un personaje enigmático aunque menos carismático-, saltara de lleno a la palestra pública.
Este cambio de mando con Fidel Castro aún vivo, podría tener su lado positivo para el gobierno cubano, reflexiona Jon lee Anderson.
"Con esta enfermedad de Fidel han podido evitar el "shock" social con imprevisibles consecuencias que hubiera ocurrido con la muerte repentina", señala el periodista.
Para él, ahora no sorprendería a ningún cubano ni a gente de afuera, "si leyeran que Fidel ha muerto y así se han evitado un desenlace desordenado en la isla a raíz de la noticia".
La isla sin Fidel
Pensar que un proceso concienzudo hacia la sucesión se venía consolidando con anticipación cobra sentido si se tiene en cuenta esa paulatina y hasta sutil entrega de poder por parte de Castro, quien venía desde hacía tiempo concentrándose en aspectos más puntuales, pero no menos cruciales.
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Algunos analistas concluyen que dicha incursión de Castro en intentar cautivar a la juventud, afectó a una mínima parte de la población y aún sigue siendo la gran incógnita para los sucesores y oficiales que juegan algún rol en el proceso de sucesión y que van a llevar a la isla hacia el futuro
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El propio Fidel Castro lo manifestó públicamente. Estaba enfocado, dijo, con la vehemencia que lo caracteriza, en su "batalla de ideas" dirigida única y exclusivamente a la juventud.
La idea de esa iniciativa era captar a la juventud a través de múltiples programas de concientizacion y reclutamiento. Un esfuerzo, dice Anderson, para recuperar a un sector importante que se creía perdido.
"Muchos lo veían como un capricho de un hombre viejo, se notaba cierta incomodidad entre los institucionales o como algunos los llaman, "los talibanes de Fidel".
Algunos analistas concluyen que dicha incursión de Castro en intentar cautivar a la juventud, afectó a una mínima parte de la población y aún sigue siendo la gran incógnita para los sucesores y funcionarios que juegan algún rol en el proceso de sucesión y que van a llevar a la isla hacia el futuro.
Son esos jóvenes, entre otros sectores de la población cubana, los que han mantenido cierto mutismo frente a la enfermedad y eventual desaparición de Fidel Castro, según lo aseguran los corresponsales de la BBC.
¿Es esto apatía, temor o simplemente disciplina?
"Autodisciplina, sin duda" dice Anderson.
Hay que entender entonces lo que el reportero define como "una patología en Cuba".
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Con esta enfermedad de Fidel han podido evitar el "shock" social con imprevisibles consecuencias que hubiera ocurrido con la muerte repentina
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Fidel ha dirigido los destinos de los cubanos por medio siglo, "ni los cubanos mismos saben cómo van a reaccionar el día que sepan que murió".
"A la vez, hay muchos precedentes para señalar que en Cuba va a haber mucho alboroto, es como una olla a presión. Fidel siempre ha estado ahí para ingeniarse una solución cada vez que la olla estaba a punto de explotar. Ahora nadie sabe cómo va a reaccionar Raúl", añade.
El futuro con Raúl
Nadie está muy seguro cuál es el plan para una Cuba sin Fidel Castro.
Lo que es claro es que, como bien lo saben los cubanos dentro y fuera de la isla, el aparato estatal es fuerte, los mecanismos de control -para muchos severos y represivos- mantienen el status quo y las fuerzas de seguridad, la espina dorsal de esa estructura, no van a escatimar esfuerzos en garantizar que sus objetivos se cumplan cuando Fidel Castro haya muerto.
También es un hecho que los cubanos buscan estabilidad y el mejoramiento de una limitada calidad de vida. Hay quienes piensan que el pragmatismo, reconocido por muchos, de Raúl Castro, podría apuntar a esas aspiraciones de los cubanos.
Raúl Castro es conocido por su pragmatismo pero a la vez por su mano dura.
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"Pero a la vez hay cierto temor sobre él, porque siempre ha estado a cargo de las fuerzas de seguridad y estas tienden a usar la mano dura, Raúl está asociado con periodos anteriores de represión de brotes permisivos, liberales o reformistas", advierte el reportero del New Yorker.
Abrir económicamente a la isla de una forma radical para saciar las ansias de muchos también podría causar efectos adversos como la pérdida de ese control y miedo, que en muchos casos garantiza el respeto de la población.
En contraste, no saciar las expectativas de millones que han visto reprimidas muchas de sus aspiraciones por décadas, también podría generar reacciones inusitadas.
"Esto podría llevar a una reacción de las fuerzas de seguridad, que se les podría ir de las manos. Es decir, la cuerda es muy floja y delgada, la línea divisoria entre el control y la falta del mismo, es muy frágil", asegura Jon Lee Anderson.
El periodista cree a la vez que en el tema de las libertades políticas, si bien Raúl Castro está dispuesto a ser más pragmático económicamente, su inclinación es a no ceder en cuanto a libertades políticas.
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Esto podría llevar a una reacción de las fuerzas de seguridad, que se les podría ir de las manos. Es decir la cuerda es muy floja y delgada, la línea divisoria entre el control y la falta del mismo, es muy frágil
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"Ellos han estudiado lo que ha pasado en los últimos 15 años con sus aliados socialistas, y la lección allí es que no puedes abrir ni un milímetro, si abres un milímetro lo pierdes todo", dice.
"Ellos más bien han visto con atención a China y Vietnam donde ha habido apertura económica pero una mano dura en lo que es la política", agregó Anderson.
Radicalización del régimen, apertura económica paulatina, una sucesión sin revueltas, un paso hacia la democracia o un desenlace caótico; las alternativas y la incertidumbre sobre las mismas son numerosas pero lo cierto, es que una Cuba sin Fidel está, creen muchos, más cerca que nunca, y una Cuba con Raúl es más que un hecho.