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Lunes, 15 de enero de 2007 - 12:33 GMT
"Me salvaron la vida mis colegas"
Mariusa Reyes
Mariusa Reyes
BBC Mundo, México

Lydia Cacho
Fue el evento más difícil de toda mi vida y yo creí que iba a perder la vida en ese momento. Me siento como una sobreviviente de la violencia de Estado
Un informe reciente de la organización Reporteros Sin Fronteras dice que después de Irak, México es uno de los países más peligrosos para la labor periodística.

En 2006, nueve periodistas fueron asesinados mientras investigaban temas de narcotráfico o cubrían conflictos sociales violentos.

La violencia contra los periodistas mexicanos proviene casi siempre del narcotráfico, pero no exclusivamente.

Según muchos, también desde las alturas del poder se ejerce presión contra algunos comunicadores.

La periodista Lydia Cacho, autora de "Los Demonios del Edén", un libro sobre pederastia en México, donde se denuncia a varios políticos y empresarios poderosos del país, sufrió los embates de la violencia política en carne propia.

Eso ocurrió cuando desde el gobierno del estado de Puebla se giraron instrucciones para detenerla de forma arbitraria, porque sobre ella pesaba una demanda por difamación presentada por un industrial a quien también menciona en su libro.

Poco después de su detención y posterior liberación, el gobernador poblano, Mario Marín, señaló en una entrevista a una televisora nacional que, desde que se enteró de la detención de Lydia Cacho en diciembre de 2005, se comprometió a otorgarle todas las garantías de ley "para que en el momento que llegara a Puebla fuera puesta en libertad".

Hace apenas unos días, el juez de la causa desestimó los cargos por difamación y declaró la libertad absoluta de la periodista. BBC Mundo conversó con la comunicadora sobre lo peligroso que es hacer periodismo en su país.


¿Por qué hay tanta violencia en México contra los periodistas?

Porque es un país donde la corrupción y la impunidad tienen niveles elevadísimos, y los vínculos entre algunos políticos y empresarios que tienen el poder en sus manos, cada vez se cierran más con el crimen organizado. Esto implica que los periodistas cada vez más estamos cubriendo temas que muchas veces los vinculan.

Esto te pone en peligro, y los periodistas desaparecen, son torturados y asesinados. Además, en este país, el 94% de los delitos no son adecuadamente perseguidos y llevados hasta sus últimas consecuencias, es decir, es prácticamente perder el tiempo denunciar una amenaza de muerte.

Es lo que ocurrió en el caso de algunos colegas que decidieron no denunciar. Yo, en mi caso particular, sí decidí denunciar por lo menos para dejar un precedente por si algo me sucedía algo.

¿Pareciera que quienes se atreven a denunciar hechos graves, o meterse con los poderosos del país, tienen una sentencia de muerte asegurada?

No solamente nos toca investigar y averiguar, sino que posteriormente, para poder demostrar que todo lo que hemos dicho es cierto y proteger a nuestras fuentes, acabamos haciendo una investigación mucho más allá de la que nos correspondería en términos de lo que significa hacer periodismo tradicional
Prácticamente sí, porque además hay otro factor. Los periodistas mexicanos nos hemos convertido en los últimos años en una especie de ministerio público.

No solamente nos toca investigar y averiguar, sino que posteriormente, para poder demostrar que todo lo que hemos dicho es cierto y proteger a nuestras fuentes, acabamos haciendo una investigación mucho más allá de la que nos correspondería en términos de lo que significa hacer periodismo tradicional.

Mencionaba, y el informe de Reporteros Sin Fronteras también lo dice, que una de las principales fuentes de violencia contra los periodistas proviene del narcotráfico, pero usted fue víctima de un tipo de violencia política, también muy peligrosa, ¿por qué ocurren estas presiones de tipo político?

México es un país que tiene una tradición de más de 70 años, que incluye todavía a lo que fue el gobierno foxista, en el que el aparato de justicia depende directamente del Ejecutivo, que es el que todavía levanta y baja la mano para determinar a quien se le hace justicia y a quién no, a pesar de que en el papel se dice que hay separación de poderes.

Eso lo que implica es que también en los estados, cada gobernador es como un pequeño rey, que manda sobre sus procuradurías locales, y ellos son los que controlan a los medios de comunicación en sus regiones, y por otro lado, los que determinan quiénes ganan o pierden juicios.

¿Esta presión y violencia política contra los periodistas, es más común de lo que se cree?

Libro "Los demonios del Edén"
"Los demonios del Edén" es una investigación de Cacho sobre la pederastia en México.
Es mucho más común de lo que creemos. Por ejemplo, yo puedo decir fácilmente, sin temor a equivocarme ni a exagerar, que a mí me salvaron la vida mis colegas de los medios de comunicación y las redes de mujeres. Mientras más testimonios salen a relucir de mi detención, vamos a poder demostrar que la intención no era solamente torturarme, violarme y golpearme en la cárcel como ya estaba planeando, sino muy probablemente acabar con mi vida.

Los judiciales que me detuvieron tenían permiso de hacer conmigo lo que quisieran, lo cual en México implica acabar con la vida de las personas.

¿Qué ocurrió exactamente en esas horas tan dramáticas que siguieron a la detención en Cancún y el posterior traslado al estado de Puebla, ese día de diciembre de 2005?

Fueron veinte horas de tortura en un viaje de 1.500 kilómetros en cinco estados de la República mexicana durante toda la noche y un día completos, rodeada con cinco judiciales armados, que me ponían el arma en la cabeza, proferían amenazas de muerte constantes, control de alimentos, en síntesis, tortura psicológica.

Fue el evento más difícil de toda mi vida y yo creí que iba a perder la vida en ese momento. Me siento como una sobreviviente de la violencia de Estado.

¿Por qué cree que no la mataron?

Lo que sucede es que ya yo tenía con antelación, desde hace tres años, amenazas de muerte que había denunciado.

Lydia Cacho
En su libro, Cacho denuncia a varios políticos y empresarios poderosos de México.
El equipo con el que yo trabajo vio por la cámara de televisión que tuvimos que instalar afuera de mis oficinas, cómo me detuvieron los judiciales y llamaron a todo el mundo, a los medios de comunicación, a las redes de mujeres que conforman movimientos sociales no gubernamentales, y éstas alertaron al gobernador de Puebla, a quien le hicieron saber que si yo perdía la vida, eso le podría costar muy caro políticamente.

Durante mi detención, en la madrugada, en alguno de los estados donde me bajaron, los judiciales me incitaron para que me metiera al mar a nadar al tiempo que me decían que me podía ahogar allí.

Antes de que yo entrara al mar, los judiciales recibieron una llamada en su celular y uno de ellos decidió que se cambiaban los planes y me subieron al vehículo inmediatamente y seguimos camino a Puebla. Así fue cómo me salve de un desenlace que ya estaba planeado de antemano.

¿Tuvo temor por su vida? ¿Pensó que moría?

Absolutamente. La verdad es que las primeras horas después de la detención, estaba haciendo la paz conmigo misma, con mi familia y con la esperanza de que alguien encontrara mi cuerpo cuando acabaran conmigo.

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