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Viernes, 5 de enero de 2007 - 07:33 GMT
Receta colombiana contra la inseguridad

Hernando Salazar
Hernando Salazar
Bogotá

Fuegos artificiales en el centro de Bogotá
Bogotá ha pasado a ser una de las ciudades más seguras de América Latina.

Colombia registró en 2006 la tasa de homicidios más baja en dos décadas.

Mientras que Bogotá y Medellín, los dos principales centros urbanos de Colombia, han logrado reducir sustancialmente la inseguridad, y especialmente los homicidios, en los últimos años, Cali, la tercera ciudad del país, está muy rezagada.

¿Qué ha pasado? BBC Mundo se lo preguntó a tres expertos: Hugo Acero, ex secretario de seguridad de Bogotá y consultor de Naciones Unidas, Rubén Darío Ramírez, especialista en seguridad ciudadana, y Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia.

La respuesta para Bogotá y Medellín es que los logros se han conseguido gracias a un esfuerzo de varios años, que combina más presupuesto, más policías en las calles, cámaras de vigilancia, vinculación de la ciudadanía a programas de seguridad, mejores sistemas de información delincuencial y más inversión social.

Relativo control

Eso explica que, entre 1994 y 2006, Bogotá bajara de 80 a 18 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes y que Medellín la redujera de 186 a 34, le dice Acero a la BBC.

Donde la comunidad se organiza y coopera con las autoridades, el margen de maniobra de todos los grupos ilegales se restringe
Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia

"En Bogotá, los demás delitos han caído en más del 50% y en Medellín, en más del 30%", asegura el experto.

Aunque en Medellín sigue habiendo presencia de bandas al servicio de narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros, las autoridades las mantienen relativamente controladas.

Pero eso no parecería ocurrir en Cali, donde la tasa de homicidios es de 65 por cada 100.000 habitantes y las muertes violentas apenas se han reducido de seis a cuatro por día.

"En Cali hay factores que complican la situación: muchas pandillas, nutridas por los narcotraficantes y por grupos armados ilegales, como la guerrilla y los paramilitares, que operan en sectores populares, y graves problemas sociales, alentados por el alto desempleo", dice Ramírez.

Inversión en seguridad

Pero, además, esa ciudad cercana al océano Pacífico -y que está en una zona neurálgica para narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros- afronta problemas presupuestales para atender la seguridad.

Un carabinero custodia un monumento a los caídos
El aumento del número de policías y la ayuda del ejército contribuyen a la mejora.

Cali destina sólo US$0.25 por habitante al año en ese frente, lejos de Medellín, que gasta US$8 dólares, y de Bogotá, que dedica US$4.

En diciembre, a raíz de una serie de atentados terroristas en Cali, el presidente Álvaro Uribe trasladó, transitoriamente, el comando de la Policía Nacional para esa ciudad y, además, ordenó una fuerte vigilancia militar en las calles.

Participación del ejército

Pero entre los analistas consultados por BBC Mundo no hay consenso sobre la participación del ejército en las tareas de control de la seguridad ciudadana.

Ramírez dice que en Bogotá el ejército ha sido muy útil en el control de las zonas periféricas rurales, donde hay presencia de grupos armados ilegales, como la guerrilla de izquierda y los paramilitares de derecha.

El ejército no está preparado, ni capacitado para enfrentar los problemas de violencia y delincuencia en las ciudades
Rubén Darío Ramírez, especialista en seguridad ciudadana

Sin embargo, Acero sostiene que "el ejército no está preparado, ni capacitado para enfrentar los problemas de violencia y delincuencia en las ciudades".

Y Rangel agrega que el ejército sólo debería participar en casos excepcionales, cuando la situación se salga de las manos y "siempre bajo la supervisión de la policía".

"La seguridad ciudadana es un trabajo específicamente policial. La policía debe contar con suficiente fuerza y con un sistema de inteligencia eficaz", subraya Rangel.

A finales de 2002, cuando el ejército realizó una toma de la convulsionada Comuna 13 de Medellín, dirigida contra grupos al servicio de la guerrilla, se desató una fuerte controversia entre organizaciones defensoras de los derechos humanos, que acusaron a las fuerzas militares de cometer abusos en el área.

Liderazgo político

Acero, que ha asesorado a varias ciudades latinoamericanas en el tema, asegura que el secreto de la reducción de la inseguridad en Bogotá y Medellín radica en la existencia de liderazgo político.

La ciudadanía está harta de la violencia
El repudio ciudadano a la violencia y los pactos de convivencia han bajado la agresividad.
Ese liderazgo, añade, permitió la adopción de planes integrales de convivencia y seguridad, información oportuna, trabajo interinstitucional y evaluación permanente de resultados.

"Hubo liderazgo político de los alcaldes para manejar directamente el tema de seguridad, se asignaron recursos presupuestales y se exigieron resultados a las autoridades de seguridad y justicia", afirma Acero, quien fue secretario de seguridad del ex alcalde Antanas Mockus.

El especialista agrega que también se ha tenido información confiable de los hechos de violencia y delincuencia, lo cual permite "el diseño de políticas públicas en estas materias".

Y resalta que se ha trabajado "con todas las autoridades de seguridad y justicia, de manera permanente".

Eso, dice, forma parte de planes integrales de convivencia y seguridad, que van "desde las políticas preventivas hasta las políticas coercitivas".

¿Cómo hacerlo?

Ramírez lo complementa y dice que hay cinco factores fundamentales: "Primero, que la reducción de la violencia tiene que ver con la seguridad humana y con la inversión social. Segundo, la corresponsabilidad ciudadana. Tercero, la adopción de reformas a la policía. Cuarto, tener clara la geografía de la inseguridad. Y, quinto, que la estrategia es integral".

Factores para reducir la violencia, según Rubén Darío Ramírez
Seguridad humana e inversión social
Corresponsabilidad ciudadana
Reformas a la policía
Conocer la geografía de la inseguridad
Estrategia integral
La situación de Bogotá y Medellín era muy distinta hasta mediados de los años 90, cuando ambas sufrieron los embates del narcoterrorismo, a través de bombas en sitios públicos, de la acción constante de sicarios y del incremento de los homicidios en general.

Ramírez dice que, además de la creación de frentes de seguridad en los barrios y de los pactos de convivencia y seguridad que han promovido las autoridades locales en varios sectores, en los últimos tres años Bogotá ha aumentado en 2.000 el número de policías que cuidan sus calles y se ha fortalecido la policía comunitaria.

El pago de los nuevos policías ha sido financiado por las autoridades de la ciudad.

En Colombia la policía es una fuerza de carácter nacional, a cargo de un director designado por el presidente de la República.

Taxistas y policías

El experto destaca los progresos en materia de seguridad que se han conseguido en Bogotá gracias a la participación de unos 48.000 taxistas que usan radios de comunicaciones y que reportan casos sospechosos a una central conectada a la policía.

Hubo liderazgo político de los alcaldes para manejar directamente el tema de seguridad, se asignaron recursos presupuestales y se exigieron resultados a las autoridades de seguridad y justicia
Hugo Acero, ex secretario de seguridad de Bogotá y consultor de Naciones Unidas

Según Ramírez, gracias a los estudios de georeferenciación, las autoridades de Bogotá han podido precisar dónde están los delitos y con qué frecuencia se presentan.

Algo similar ocurre en Medellín, donde Metrociudad, el departamento de seguridad del municipio, tiene un sistema que le permite saber qué crímenes se cometen, dónde ocurren, con qué frecuencia y a qué horas.

"Eso permite que las autoridades focalicen sus esfuerzos donde más se necesitan", sostiene Ramírez.

Cooperación

Rangel destaca que "si no hay cooperación activa ni compromiso de los ciudadanos para la guarda de su propia seguridad, la delincuencia organizada tiene campo abierto para acciones delincuenciales".

"Donde la comunidad se organiza y coopera con las autoridades, el margen de maniobra de todos los grupos ilegales se restringe", dice.

Según él, también es muy importante que el Estado haga inversiones sociales.

"Eso permite un mejor aprovechamiento del tiempo libre de los jóvenes, sobre todo en los barrios marginales de las ciudades, e impide su vinculación como fuerza de trabajo a grupos del crimen organizado", concluye.

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