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Miércoles, 20 de junio de 2007 - 23:53 GMT
¿Rompiendo reglas, violando la ley?
Gary Duffy
BBC, Sao Paulo

Agente de la policía federal brasileña (Foto: Wilson Dias - Agencia Brasil)
Investigaciones de alto nivel... pero ¿y las condenas?

A los brasileños se les puede perdonar por desesperarse ante las acusaciones de corrupción que llenan sus diarios nacionales.

Una investigación policial sobre el uso inapropiado de fondos para obras públicas se ha centrado en gobernadores, un ex gobernador, varios alcaldes y ex alcaldes, así como también en otras figuras públicas y empleados federales.

El gobierno ha admitido que, cada año, miles de millones de dólares se pierden en casos de fraude que afectan a contratos públicos.

Una ilustración vívida de todo esto es una foto, ampliamente difundida en los medios de prensa, de un puente que no está conectado a ninguna vía y que se usa como improvisado billar. La obra se realizó, desde luego, con dinero público.

Sin castigo

Los escándalos no solamente están relacionados con contratos para obras públicas. A principios de año, más de 20 personas -entre ellas jueces y fiscales- fueron arrestadas por acusaciones de complicidad en juegos ilegales.

Los procedimientos legales de un proceso en Brasil son muy complicados. Esto es algo muy beneficioso para los abogados, pero no para la sociedad
Paulo Renato de Souza, PSDB

Incluso la residencia del hermano del presidente Luis Inacio Lula da Silva fue objeto de registro como parte de una investigación por un caso de máquinas tragamonedas ilegales. Lula dijo que no creía que su hermano estuviera implicado, pero elogió la labor de la policía.

Algunos podrían argumentar que los arrestos de las semanas recientes son una prueba de que el sistema funciona y de que la policía federal hace su trabajo.

Pero las estadísticas apoyan la idea de que en, general, el delito de corripción no es castigado en Brasil, a pesar de que se realizan investigaciones a alto nivel.

Un hombre sostiene una pancarta que dice: "La corrupción también es violencia"
"La corrupción también es violencia". Es la opinión de muchos brasileños.

Un columnista del semanario "Veja" recuerda un escándalo previo por el caso de la compra de ambulancias a precios exagerados.

El día en que el escándalo estalló, 48 personas fueron arrestadas. Un año después, Andre Petry recuerda que nadie fue a parar a la cárcel. De 72 parlamentarios sospechosos de complicidad, ninguno ha perdido su escaño.

Paulo Renato de Souza, del opositor Partido Social Democrático Brasileño (PSDB), destacó el peso de la impunidad y dijo que cualquiera con mucho dinero y un buen abogado puede frustrar el proceso legal con incontables retrasos y apelaciones, para finalmente evadir el castigo.

"Los procedimientos de un proceso legal en Brasil son muy complicados. Esto es algo muy beneficioso para los abogados, pero no para la sociedad", declaró a la BBC.

Saltándose la fila

¿Hay demasiada tolerancia en Brasil con los que rompen las reglas y violan la ley?

El 75% de tolerancia con la corrupción política resultó una sorpresa desagradable. De alguna manera se sabía que el fenómeno existía, pero no teníamos idea de su magnitud
Silvia Cervellini, IBOPE

Una parte esencial de la vida brasileña se resume en la palabra "jeito" o "jeitinho", que se refiere a las mañas para resolver un problema y librarse lo mismo del papeleo brurocrático que de una multa.

El "jeitinho" puede servir para evitar hacer una fila o para que un amigo te ayude a resolver un problema. Más allá, las líneas se hacen borrosas.

Una encuesta de 2006 sugiere que el 69% de los brasileños estima haber violado la ley, mientras que el 75% admite haber cometido irregularidades, como recibir beneficios a los que no tenía derecho, comprar productos sabiendo que eran robados, o presentar falsos certificados médicos como excusa para ausentarse del trabajo.

El sondeo indica, además, un alto nivel de tolerancia con la corrupción política.

Luiz Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil
El gobierno de Lula da Silva ha tenido que encarar varios escándalos de corrupción.

Silvia Cervellini, de la compañía de investigaciones de mercado IBOPE, dijo que las conclusiones de la encuesta crearon conmoción.

"El 75% de tolerancia con la corrupción política resultó una sorpresa desagradable. De alguna manera se sabía que el fenómeno existía, pero no teníamos idea de su magnitud", expresó.

Por su parte, el profesor de Derecho Augusto Zimmerman declaró que "porque el 'jeito' se puede aplicar en muchas instancias, el irrespeto de la legalidad se ha convertido en la norma y no en la excepción".

Zimmerman añadió: "De hecho, violar la ley no comporta un estigma en el país si se le ve como una solución a las leyes injustas o a lo absurdo de la burocracia".

A la vez, consideró que el constante ejercicio del "jeitinho" crea un irrespeto general por el imperio de la ley.

Indignación

Para el profesor Joao Paulo Peixoto, de la Universidad de Brasilia, hay otros factores: "No me gusta explicar la corrupción sólo como un fenómeno cultural porque, como sabemos, la política es mucho más que eso".

Violar la ley no comporta un estigma en el país si se le ve como una solución a las leyes injustas o a lo absurdo de la burocracia
Augusto Zimmerman, profesor de Derecho

Peixoto explicó: "La cultura es una variable que puede explicar algo pero cuando uno observa la corrupción, ve que está presente en todas partes, no importa si se trata de una sociedad anglosajona, latina o asiática".

Eduardo Suplicy, del oficialista Partido de los Trabajadores y activista de larga data en la lucha contra la corrupción, cree que sí hay un sentimiento popular de "indignación" tras los recientes casos de corrupción, algo que ve como un signo esperanzador.

"Esto es bueno. Muestra que no hay una aceptación general de la corrupción o el comportamiento indebido en Brasil", enfatizó.

"La mayoría de los brasileños es gente honesta y quiere que sus políticos se comporten de una manera honesta", añadió.

Se trata de una simple aspiración pero, dada la evidencia del momento, todavía falta tiempo para alcanzarla.



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