Fox puso fin a más de 70 años de poder del PRI.
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A la medianoche de este jueves, Vicente Fox termina su sexenio de gobierno para dar paso a Felipe Calderón, quien tomará posesión como nuevo presidente de México.
Fox llegó al poder en el año 2000, después de unas elecciones que pusieron fin a más de siete décadas de régimen hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El triunfo de Fox, quien más que político era y sigue siendo, un empresario y hacendado con finca, caballos y botas de vaquero, generó expectativas de cambio muy altas entre los mexicanos, por la tan esperada transición democrática.
Era la promesa del cambio, el fin de una cultura política cerrada y hegemónica, y el comienzo de una etapa nueva y esperanzadora.
Sensación de cambio
"El que generó esa sensación de que ahora si se iba a cambiar y que éste era el candidato que iba a lograr la transformación profunda del régimen político mexicano, fue el mismo Fox" le dijo a BBC Mundo, Helena Varela, catedrática y politóloga de la Universidad Iberoamericana, con sede en la Ciudad de México.
"Fox fue un candidato muy cercano a la gente, carismático, con mucho acercamiento con el pueblo y con un lenguaje muy popular".
"Logró generar la confianza de que el cambio si se iba a poder dar, y que el país no se iba a hundir por el hecho de que el PRI saliera finalmente de Los Pinos (la residencia oficial)", añadió.
Compromiso con la democracia
En uno de sus últimos discursos, pronunciado durante un acto en el estado de Yucatán, Fox hizo un balance positivo de lo que fueron sus promesas y lo que dijo haber logrado durante su gobierno.
"En el año 2000, establecimos una cita con la historia. De cara a la nación, el 1 de diciembre de ese año me comprometí con la democracia, con la transparencia, con la rendición de cuentas, con la eficacia de gobierno... y juntos hemos hecho realidad esos propósitos sólo seis años después", dijo.
Algunos analistas y observadores políticos no comparten el tono optimista del mandatario saliente cuando hace esta revisión de los logros de su administración.
Dicen, por ejemplo, que Fox perdió una "oportunidad de oro" para llevar a cabo realmente el cambio hacia un sistema más democrático en México.
Poder legislativo
La percepción es que durante su sexenio, Fox se planteó solucionar temas que a todas luces eran muy ambiciosos, sobre todo sin contar con la mayoría en el Congreso que le habría procurado un mayor margen de maniobra política.
"Le apostó a la gran reforma del Estado y además se empeñó en lidiar con el problema de Chiapas que era meterse en un callejón sin salida, y se encontró con un poder legislativo que lo bloqueó", comentó la analista Varela.
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Los parlamentarios no fueron ni buenos ni malos, sino que institucionalmente respondieron como uno hubiera esperado que reaccionaran
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"Los parlamentarios no fueron ni buenos ni malos, sino que institucionalmente respondieron como uno hubiera esperado que reaccionaran, que era no vamos a ayudar al presidente", explicó.
Frustrado y con las manos atadas, sin poder canalizar con éxito proyectos de ley que le interesaba que se aprobaran, Fox hizo otra gran apuesta, que también terminó mal.
"Su apuesta fue jugarse el todo por el todo en las elecciones intermedias de 2003, en las que se planteó lograr la mayoría que le hacía falta en el Congreso", señaló Varela.
"Fue una apuesta que perdió porque pensó que ese capital con el que había llegado al poder, esa legitimidad de la que gozaba, la iba a poder mantener durante tres años. Y no sólo no consiguió la mayoría, sino que perdió más de 50 escaños parlamentarios".
Sin habilidad negociadora
A juicio de Varela, otro grave error que Fox cometió fue "su falta de habilidad para negociar con los diferentes actores políticos, para reconocer quiénes eran sus interlocutores y cómo dialogar con ellos".
Fox ya dejó la residencia oficial y se mudó a un hotel de la capital.
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Lo que hubo entonces fue un forcejeo permanente entre el presidente, que decía que el Congreso no lo dejaba aprobar las reformas estructurales, y los legisladores que lo acusaban de su incapacidad para la negociación política.
"Lo que tenemos al final", dijo la politóloga, "es un sexenio en el que se modificó poco o nada el equilibrio entre los tres poderes institucionales".
"Tampoco se cambió para nada cómo se ejerce el poder político en México, donde todavía hay niveles muy altos de incivilidad política", agregó.
El no tener mayoría en el Congreso y además no haber sabido negociar con la oposición política, le costó a Fox varias iniciativas legislativas que habría querido aprobar, entre ellas la reforma del sector energético.
Dos leyes que valen la pena
Sin embargo, los analistas coinciden en que hay por lo menos dos leyes que si se aprobaron y que valen la pena.
Una es la Ley del Servicio Civil de Carrera y la otra, la Ley de Acceso a la Información.
"Es una ley que incide directamente en la calidad de la democracia que tenemos, porque en el momento que el gobierno abre y ofrece la posibilidad de una mayor transparencia sobre cómo y en qué gasta, eso acabará incidiendo en el quehacer político. Para mí es una legislación fundamental", dijo la analista entrevistada.
Fox, quien ya dejó la residencia oficial de Los Pinos y se mudó a un hotel de esta capital, reconoció hace unos días que hay cosas que se le quedaron en el tintero.
"Seis años son sólo un instante", dijo.