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Viernes, 22 de diciembre de 2006 - 09:51 GMT
La cobertura: detrás de escena
Redacción BBC Mundo

Micrófonos
La cobertura del año electoral fue un gran desafío para BBC Mundo.
Cubrir periodísticamente 12 elecciones en un poco más de un año es un desafío para cualquier medio de comunicación. Y así lo fue para BBC Mundo.

Competencias cabeza a cabeza entre los candidatos, segundas vueltas inesperadas, conteo de votos interminables y otros fenómenos hicieron de estos últimos meses un desafío editorial y logístico para el equipo de corresponsales de BBC Mundo.

Aquí, los corresponsales y enviados especiales que cubrieron algunas de las elecciones en América Latina en este último año nos cuentan anécdotas del año que pasaron tomándole el pulso a las democracias latinoamericanas.



Max Seitz

Max Seitz - Elecciones en Brasil

Era la noche de la primera vuelta de los comicios presidenciales en Brasil. Miraba en una pantalla los datos del conteo de votos y veía que el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva -quien buscaba su reelección- "arañaba" el 50% requerido. Yo y el resto de los periodistas calculábamos que no haría falta volver para un segundo turno.

Pero a medida que pasaba la noche -yo sin dormir- el porcentaje de Lula, a quien las encuestas daban ganador, bajaba levemente: 49%; 49,3%; 48,9%... Finalmente quedó en 48,6%. En fin, a esa altura ya sabía que debería regresar a Brasil para el ballotage del 29 de octubre. ¡Ay, Lula!

Lula Da Silva
A esa altura ya sabía que debería regresar a Brasil para el ballotage del 29 de octubre. ¡Ay, Lula!

Las coberturas de las elecciones no son sencillas. Uno está casi una semana yendo de un lado para otro (actos, debates, conferencias de prensa, puestos de votación); hablando con políticos, politólogos y economistas; recogiendo testimonios y haciendo análisis. Y hay que reportar tanto para radio como para Internet.

Casi no hay descanso. Los días comienzan muy temprano y terminan muy tarde, y las comidas son breves o bien se interrumpen. No es una queja, sino un hecho que uno asume con la responsabilidad del trabajo.

Por eso, cuando retorné a Sao Paulo para la segunda vuelta del 29 de octubre experimenté una suerte de déjà vu. Pero afortunadamente los brasileños me hicieron sentir tan a gusto que ahora espero alguna otra noticia que me devuelva a ese país.

Martín Murphy

Martín Murphy - Elecciones en Chile

Era domingo por la mañana y estábamos esperando frente a un colegio de Santiago a que el candidato de la derecha chilena, Joaquín Lavín, llegara a votar.

Hacía mucho calor -era diciembre- y la jornada electoral recién comenzaba.

Nos esperaban veinte horas de trabajo ininterrumpido y con cada minuto que Lavín se retrasaba la espera se tornaba más insoportable.

Conmigo estaban el corresponsal en inglés de la BBC para el Cono Sur, Daniel Schweimler, y nuestra colaboradora, Hanah Henesey.

En determinado momento, una joven bien parecida se nos acerca y nos cuenta que trabaja para un programa de televisión para jóvenes.

Joaquín Lavín
Con cada minuto que Lavín se retrasaba la espera se tornaba más insoportable

Parte de su cobertura de las elecciones era organizar una competencia para buscar al corresponsal más lindo, tanto mujer como hombre.

Como no teníamos nada mejor que hacer, aceptamos participar.

Hanah hizo lo suyo rápida y eficientemente y recibió el aplauso de los curiosos que se habían acercado a mirar.

Luego fue el turno de los hombres.

El primero en desfilar fue Daniel, que al final de su pase improvisó una ridícula canción en inglés que también ganó aplausos.

Para entonces yo, que era el único otro corresponsal que se había animado a dar un paso al frente, ya había sacado el peine que siempre llevo en mi bolsillo izquierdo y luchaba por doblegar mi eternamente rebelde jopo.

Pero cuando me acerqué con mi mejor sonrisa de galán zarateño a la joven para sugerirle que era mi turno, ésta se dio vuelta, me miró de arriba abajo, y me preguntó: "Y tú, ¿de qué medio eres?"

"Soy el corresponsal del Servicio Latinoamericano de la BBC", dije, orgulloso.

"Ah, ¿BBC? No, ya tenemos al corresponsal en inglés, gracias".

La joven se dio media vuelta y yo sentí ganas de esconderme junto con el peine en mi bolsillo.

Pero lo peor llegó al otro día, cuando abrí el diario de la mañana y vi una foto de Daniel. El epígrafe leía algo así como: "El corresponsal extranjero más apuesto de Santiago".

Mariusa Reyes

Mariusa Reyes - Elecciones en México

Apenas tengo un año y cuatro meses en México y a veces me parece que hubieran pasado diez años.

Es una sensación que estoy segura tiene que ver con el hecho de que el año estuvo marcado por momentos muy intensos de cobertura periodística.

Fue un año electoral que comenzó con una campaña muy dura, en la que los diferentes candidatos que se disputaron la presidencia, en especial los que tenían una clara opción de triunfo, lo hicieron utilizando todas las armas a su alcance para llegar al poder.

Hubo acusaciones graves, insultos subidos de tono, epítetos ofensivos.

Hubo agotadoras giras por todo el país. Los candidatos buscando asegurar cada voto. Nosotros, los periodistas, siempre detrás de la noticia.

Hubo esperas interminables para obtener entrevistas exclusivas con Calderón y con López Obrador. Con el primero logré conversar durante un receso en una de sus últimas giras por Yucatán.

Mariusa Reyes de la BBC entrevista a Felipe Calderón.
Con Calderón logré conversar durante un receso en una de sus últimas giras por Yucatán. Con López Obrador fue misión imposible

Con el segundo fue misión imposible. Después de seguirlo durante dos días enteros por los estados de Chiapas y Tabasco, animada por las tibias promesas de sus asesores, López Obrador terminó por decir que no quería dar entrevistas.

Hubo un debate con una "silla vacía", al que no asistió el candidato de la izquierda. Otro debate siguió poco después, al que sí asistieron todos los contendientes, pero que fue más de lo mismo: ataques encarnizados entre ellos, y vacías promesas al electorado.

Varias veces durante este intenso período electoral no tuve tiempo de dormir ni de ir al mercado.

Asi que en muchas oportunidades buscaría robarle unas horas a mi jornada laboral para reponerme del trasnocho.

Ya despierta y con hambre, hubo momentos en los que tuve que enfrentarme al vacío desolador de mi refrigerador, sin otra opción entonces que pedirle a mi vecino, dueño del restaurante que está al lado de mi casa, que me mandara la sopa de vegetales que tanto me gusta y los tallarines de salmón, brócoli y crema que también me hacen agua la boca.

Llegado el día de las elecciones, una de las más reñidas y polarizadas de la historia reciente de México, muchos de mis colegas y yo también, por supuesto, creímos que con la emisión del primer boletín oficial de resultados (que supuestamente debía mostrar un ganador claro), la presión política bajaría y poco a poco la actividad reporteril recobraría cierta normalidad.

Alejandra Noguez y Mariusa Reyes.
Mariusa Reyes junto a la colaboradora de la BBC en México, Alejandra Noguez, en el cierre de campaña de López Obrador.

Sin duda, pecamos de ingenuos, porque lo que ocurrió entonces es que no hubo un boletín esa noche y por varios días seguidos, y los dos candidatos principales, cada uno por su lado, se autoproclamaron ganadores.

Ese fue apenas el comienzo de una crisis postelectoral que se extendería hasta el propio día de la toma de posesión del nuevo presidente, y que podría durar todavía un tiempo más.

Yo ya no me atrevo a hacer pronósticos muy elaborados sobre lo que pueda ocurrir aquí. Varias veces estuve nerviosamente alerta de lo que pudiera ocurrir: un golpe de estado, una confrontación violenta y sangrienta, el comienzo de una guerra civil, otra revolución.

Nada de eso ocurrió, y según un amigo al que le gusta hacer análisis minuciosos de la realidad de su país, ya no ocurrirá nada por el estilo.

"Con los priístas en el poder durante más de setenta años, los mexicanos aprendimos a contenernos, a participar de un sistema de componendas y compensaciones, y eso nos ayuda a ponerle la tapa a la olla cuando el agua comienza a hervir".

Hernando Álvarez

Hernando Álvarez - Elecciones en Bolivia

Sería lógico que el día en que un pueblo elije a los gobernantes la jornada se convierta en una oda a la libertad. Casi nunca ocurre.

En Bolivia, por ejemplo -cuando estuve de enviado a cubrir los comicios en los que Evo Morales asumió las riendas de su país hace doce meses- la jornada electoral estuvo marcada por las prohibiciones y, también, por las obligaciones.

Allá es obligatorio votar. Quien no deposite su papeleta podría verse obligado a pagar una multa de 150 bolivianos, cerca de U$19 dólares.

Una cifra considerable, sobre todo si se tiene en cuenta que en promedio, cada boliviano gana poco más de US$2 al día, el ingreso per cápita más bajo de toda la región.

Evo Morales
Las autoridades electorales no había emitido ningún comunicado con los resultados oficiales y en la calle ya había pólvora y celebraciones. Las paradojas de un presidente electo sin que se hayan contado aún los sufragios.

Además, en los noventa días siguientes a la elección, el ciudadano que se ausente de la jornada electoral no podrá acceder a cargos públicos, recibir sueldos en empleos estatales, efectuar trámites bancarios ni obtener el pasaporte.

Pero eso no es todo. Lo que más me sorprendió es que también en ese día está prohibido desplazarse en cualquier vehículo particular, oficial o de servicio público que no tenga una autorización de la Corte Nacional Electoral. Por eso las calles de La Paz se veían desiertas... La paradoja de una ciudad fantasma en el día de la democracia.

La gente debe inscribirse en la mesa electoral más cercana a su hogar y los viajes por vía terrestre a cualquier parte del país también están prohibidos. El código electoral además implanta la ley seca, la prohibición de manifestarse, de organizar huelgas y de portar armas punzantes o de fuego.

En fin, es la democracia. Y en medio de este día repleto de tan complejas reglas recuerdo que terminé junto a unos colegas en una situación inverosímil: buscando un taxi en el centro de una ciudad sin automóviles después de haber sido abandonados a nuestra suerte por la negligencia del taxista que falsificó el permiso estatal y nos metió el cuento de que su auto estaba en regla.

Después fui testigo de la tranquilidad de la jornada electoral y de la serenidad de los millones de votantes que se acercaron a las mesas de votación.

Pero luego la democracia me regaló otra sorpresa. Algunas horas más tarde del cierre de las urnas, un candidato se declaró ganador y otro reconoció la derrota con base en cifras de encuestadoras.

Las autoridades electorales no había emitido ningún comunicado con los resultados oficiales y en la calle ya había pólvora y celebraciones. Las paradojas de un presidente electo sin que se hayan contado aún los sufragios.

- Acá es así- me explicó una colega.- Acá así, acá es así... -repitió como si estuviera pensando sólo para ella.

- Pero te imaginas ¿qué sucedería si después los resultados oficiales no concuerdan con los de las encuestas a boca de urna?- pregunté con cierta ingenuidad.

- Las paradojas de la democracia, mi querido, las paradojas de la democracia.






 

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