Los nicaragüenses quieren evitar una crisis similar a la de las recientes elecciones en México.
|
Más allá del resultado que esta noche arrojen las elecciones presidenciales, el panorama político que heredarán los nicaragüenses es esencialmente distinto al que conocieron hasta ahora.
El bipartidismo de sandinistas y liberales que dominó el país en los últimos 20 años generó disidencias internas que dieron luz a nuevas ofertas políticas de peso.
La izquierda ya no tiene solamente al Frente Sandinista (FSLN) y a su candidato -por quinta vez consecutiva- el ex presidente Daniel Ortega.
Edmundo Jarquín, del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), ha logrado penetrar con un discurso moderado y una ingeniosa campaña en los sectores urbanos más jóvenes y progresistas.
En la centro-derecha, todo parece indicar que la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) del joven banquero Eduardo Montealegre consiguió desplazar en las preferencias al tradicional Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que lleva como candidato al empresario cafetalero José Rizo.
Edén Pastora, un ex comandante guerrillero luego devenido en contrarrevolucionario, completa la oferta electoral que este domingo tienen ante sí los nicaragüenses.
Poder dividido
Con resultados como los que vienen preanunciando las encuestas, la presencia de la ALN y el MRS probablemente romperá la hegemonía de liberales y sandinistas "ortodoxos".
"Cualquiera que gane tendrá que lidiar con un Congreso en el cual el presidente va estar en minoría", asegura el periodista y analista político Carlos Fernando Chamorro.
Un cambio sustancial -apunta- considerando que "los tres últimos presidentes de Nicaragua fueron elegidos con el 54, 51 y 56% respectivamente".
En los últimos años, un pacto entre Ortega y el ex presidente liberal (PLC) Arnoldo Alemán había asegurado a la oposición sandinista una mayor cuota de poder a cambio de facilitar la gobernabilidad del país.
Ahora Alemán está cumpliendo una condena de 20 años por actos de corrupción durante su gobierno -aunque se dice que aún controla las riendas de su partido- y los disidentes de ambos lados introducen una nueva variable.
La actual ley electoral, que sólo exige un 40% de los votos o el 35% con 5% de diferencia con el segundo para consagrarse presidente, también es fruto de aquel acuerdo de 1999.
Números para especular
La opinión mayoritaria es que la mejor posibilidad que tiene Daniel Ortega de no recibir otra frustración electoral -perdió las últimas tres elecciones- es ganar en primera vuelta.
Todos los sondeos previos lo han estado ubicando primero en las preferencias, en algún lugar entre el 30 y el 35%.
En una eventual segunda vuelta -sería la primera en la historia del país- los votos combinados del liberalismo y el anti-orteguismo lo dejan sin posibilidades.
Montealegre, Rizo, Jarquín y Pastora le seguirían en el orden de preferencias.
Pero hay que tener muy mala memoria en Nicaragua para confiar ciegamente en los resultados de las encuestas.
En las últimas tres elecciones casi todas erraron en predecir quien resultaría ganador.
Cosas de la política
Aunque las campañas de los partidos fueron intensas y cargadas de acusaciones, no hubo violencia o incidentes de consideración.
Es cierto que en alguna medida las elecciones nicaragüenses son otra escaramuza en la batalla continental por mentes y almas que libran Estados Unidos y Venezuela.
Ambos países han sido acusados de injerencia en el proceso, con Washington enarbolando explícitamente su preferencia por Montealegre y Caracas repartiendo petróleo y fertilizantes subsidiados en las alcaldías sandinistas.
También es cierto que en las últimas horas se denunciaron violaciones a la veda electoral, manipulación de cédulas para votar, llamados intimidatorios y se hicieron correr rumores interesados sobre la renuncia de un candidato.
Pero no hubo enfrentamientos que fueran más allá de lo verbal.
Tensiones de última hora
Sin embargo, la volatibilidad del resultado electoral de esta jornada ha generado cierta preocupación.
El presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas, prometió que "si todo sabe bien, hacia las 22.30 hora local del domingo (04:30 GMT del lunes) estaremos dando los primeros resultados preliminares provisionales".
Pero exhortó a mantener la calma y paciencia en la espera del recuento, que por cierto -aclaró- la votación se gana con los resultados oficiales definitivos y no con los preliminares.
Preocupado por el mismo tema, el actual presidente, Enrique Bolaños, ya había pedido a los candidatos que actúen con cordura y responsabilidad tras el cierre de las urnas.
"Esperen pacientemente que el Consejo Supremo Electoral dé los resultados oficiales, sin salir nadie a reclamar el triunfo anticipadamente", dijo.
Lo que se quiere evitar es repetir la reciente experiencia mexicana, con dos candidatos adjudicándose la presidencia y sus partidarios reclamando el triunfo en las calles.
Pero un desenlace ajustado es una posibilidad realista y para el analista Chamorro ese es uno de los perores escenarios.
"Eso sería catastrófico para Nicaragua, porque nuestro sistema no está preparado para administrar una situación donde la primera vuelta se defina por una mínima diferencia".
"Mi opinión es que ante una situación así nuestra justicia electoral se desploma y aquí tenemos otra crisis igual o peor que la de México", advirtió.