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Lunes, 30 de octubre de 2006 - 23:01 GMT
Lula: hora de retos mayores
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a Sao Paulo

Luiz Inacio Lula da Silva
El presidente enfrenta serios retos en su nuevo periodo presidencial.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, salió fortalecido de la segunda vuelta y, según los observadores brasileños, necesitará esa fuerza para hacer frente a los desafíos que le esperan en su próxima gestión.

En su discurso tras ser reelecto, Lula delineó sus prioridades, que no son pocas ni menores, por cierto.

Porque los temas pendientes abarcan desde una amplia reforma política, pasando por el crecimiento económico y una mejor distribución del ingreso, hasta una mayor integración sudamericana. También la educación y la salud figuran arriba en la lista.

Claro que para conseguir sus objetivos, el mandatario deberá primero garantizar la gobernabilidad.

"Si bien tiene una gran legitimidad electoral, su punto de partida es más débil de lo que fue en el primer gobierno", dijo a BBC Mundo Lourdes Sola, analista política de la Universidad de Sao Paulo.

"Lula tiene las tareas no menores de mejorar su relación con el Congreso, donde tiene mayoría pero no quórum para aprobar reformas clave, y con los gobernadores de los principales estados", explicó.

"Además arranca con varios tribunales investigando los casos de corrupción que han salpicado a su gobierno".

Relaciones difíciles

Luiz Inacio Lula da Silva
Lula cuenta con el apoyo de 17 de los 27 estados brasileños.

En cuanto a la relación con los estados, Lula cuenta con el apoyo de 17 de 27 de ellos, pero no necesariamente de los más poderosos como Sao Paulo.

Y respecto del Parlamento, el presidente parece estar bien consciente de que deberá construir alianzas para garantizar la gobernabilidad, porque anunció que conversaría con todos los partidos de la oposición para trabajar en conjunto.

Sin embargo, pueden presentarse otros obstáculos.

La oposición podría endurecerse debido a los escándalos que han salpicado al oficialista Partido de los Trabajadores (PT). Ya antes de la segunda vuelta, algunos sectores habían advertido que ejercerían una enérgica fiscalización sobre gobierno.

Por eso la insistencia de Lula en señalar que "las elecciones terminaron y ahora no hay más adversarios; los adversarios son ahora las injusticias sociales que tenemos en Brasil".

La oposición aún no ha definido si colaborará o vigilará a la nueva gestión.

Lula, entretanto, reconoció la necesidad de realizar una profunda reforma política para arrancar una de las raíces de la corrupción: la debilidad de los partidos en el Congreso.

Para lograr la aprobación de leyes, en ocasiones las agrupaciones se ven obligadas a formar alianzas improbables desde el punto de vista ideológico y en los peores casos se ha denunciado la "compra de lealtades".

Tan solo el año pasado, el propio PT fue acusado tejer una red de sobornos en el Congreso.

Crecimiento
Celebración de la victoria de Lula en Sao Paulo
Lula insiste en que mantendrá su interés en el gasto social.

Lula ha sido claro en sus preferencias: continuará gobernando para todos en Brasil, pero privilegiará a los sectores pobres.

En uno de los países más desiguales del mundo, su idea es continuar con las políticas de distribución de la renta, como el programa "Bolsa Familia", el principal plan del gobierno de ayuda a los sectores humildes.

Sin embargo, los analistas dicen que este rumbo sólo es sostenible si hay crecimiento económico, algo que la oposición ha exigido insistentemente al presidente.

Lula ha respondido que la expansión de Producto Interno Bruto será uno de sus nortes.

Más allá de si escuchó o no a la oposición, la realidad parece bastante ruidosa: en el último año Brasil tuvo un crecimiento de sólo el 2%, uno de los menores de América Latina. Menor que el de países pequeños como Bolivia y Paraguay.

"El rumbo macroeconómico no tendrá sorpresas", según Sola. Lula probablemente mantendrá su política ortodoxa, que incluye un estricto control del gasto público y ha llevado tranquilidad a los mercados.

"Sin embargo, para crecer, Brasil necesita atraer inversiones por medio de cambios en la infraestructura y el fortalecimiento de los entes reguladores, y en esta materia queda mucho por hacer", dice la analista.

Brasil en el mundo
Luiz Inacio Lula da Silva
Muchos esperan una política exterior más pragmática en el segundo periodo de Lula.

Los brasileños advierten que en los últimos tiempos ha habido una suerte de parálisis en la política exterior de su país, debido a problemas internos como los escándalos de corrupción.

Asimismo, se le ha criticado a Lula orientar la diplomacia más por afinidades ideológicas que por intereses concretos como el comercio.

Y muchos le achacan haber perdido el liderazgo de América Latina a manos del mandatario venezolano, Hugo Chávez.

Para los analistas locales, en este segundo turno se espera una política exterior más pragmática.

El presidente brasileño dijo que, como ya no se habla del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), privilegiará la integración de América Latina y procurará fortalecer el Mercosur, que para él es "una pasión especial".

Lula afirmó, además, que Brasil y Argentina tienen la responsabilidad de ayudar a los países más débiles del bloque a que mejoren su situación. Se refirió a Uruguay y Paraguay, que en ocasiones se han quejado de ser perjudicados por la "unilateralidad" de los socios mayores.

En cuanto a Chávez, "es probable que aumenten los desacuerdos entre Lula y el presidente venezolano, sobre todo en la cuestión del funcionamiento democrático", comentó a BBC Mundo Marco Antonio Villa, politólogo de la Universidad de Sao Carlos, en Sao Paulo.

Algunos en Brasil creen que Lula se acercará más a Estados Unidos y que, por lo tanto, se convertirá en una figura de contención del venezolano, como quiere la Casa Blanca.

Sin embargo, Villa dijo que probablemente la relación con Washington, al igual que con Europa, se mantenga como está, sin demasiados cambios.

Es probable que aumenten los desacuerdos entre Lula y el presidente venezolano
Marco Antonio Villa, Politólogo

Respecto de Bolivia, Lula adelantó que no cederá a la presión de algunos sectores que le pedían endurecer su posición con Evo Morales por el conflicto que la nacionalización de los hidrocarburos en ese país ha generado con la petrolera estatal brasileña, Petrobras.

Sea cual fuere la naturaleza de los cambios en la política, la economía y la diplomacia, lo cierto es que el presidente de Brasil prometió pasar a la acción de inmediato.

Al parecer el desafío es doble, no sólo porque deberá abordar cuestiones difíciles, sino también porque -habiendo sido reelecto- ya no podrá culpar de las fallas a la gestión anterior.



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