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Viernes, 27 de octubre de 2006 - 13:15 GMT
"Dos Brasiles" a segunda vuelta
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a Sao Paulo

"Dos Brasiles" -el rico y el pobre- expresarán este domingo sus notorias diferencias en la segunda vuelta de los comicios presidenciales.

En el último tramo de la campaña, hay casi consenso en que la polarización del electorado es una de las más marcadas en la historia de las elecciones de este país.

Una bandera con la imagen de Luiz Inácio Lula da Silva
Un simpatizante ondea una bandera con la imagen de Lula en el centro de Sao Paulo.

La división del voto entre el presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y el socialdemócrata Geraldo Alckmin, parece reflejar las desigualdades más profundas de Brasil.

Por un lado, el país de Lula: el de las regiones del norte y nordeste, los municipios menores, los más pobres y con más bajo desarrollo humano; el de las áreas de agricultura familiar y la dependencia financiera del gobierno central.

Por el otro, la nación de Alckmin: la de las regiones del sur y las zonas más ricas del sudeste, las ciudades con mejor calidad de vida, las zonas donde el agro es un buen negocio y donde, económicamente, la administración federal hace menos diferencia.

De la corrupción a la polarización

"En este momento, el problema principal de Brasil es la polarización, porque la desigualdad no es algo nuevo. El país ha vivido a lo largo de su historia con uno de los mayores niveles de inequidad del mundo", dice a BBC Mundo el analista internacional Jorge Castro.

"La desigualdad ha estado siempre presente a pesar de que se encararon procesos de crecimiento económico y de unidad nacional a gran escala", agrega.

La campaña para la segunda vuelta parece estar a años luz de la que se desarrolló para la primera ronda, cuando el tema predominante fueron las acusaciones de corrupción contra el gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

Ahora, se discuten temas como privatizaciones, la eficiencia del gasto estatal y la crisis agrícola que ha afectado a los estados del sur.

Este viraje, dicen los observadores brasileños, ha beneficiado claramente a Lula, quien según las encuestas ganará cómodamente su reelección con una ventaja de 20 puntos por sobre su rival.

Fragmentación electoral

"La polarización del electorado era previsible", advierte Castro. "La primera vuelta ya había mostrado la profunda fragmentación del país en términos económicos, sociales y también territoriales".

Geraldo Alckmin
Geraldo Alckmin durante una conferencia de prensa en Sao Paulo este jueves.

"En el norte y nordeste de Brasil Lula obtuvo el 65% de los votos, mientras que en el sur y sudeste Alckmin logró el 56% de los sufragios".

Esta vez, el mandatario parece haber captado exitosamente el 10% de los votantes que no optaron ni por él ni por su rival más cercano en la primera ronda, sino por los ex miembros del PT Heloisa Helena y Cristovam Buarque.

Alckmin tendrá este viernes la oportunidad final de torcer el destino cuando se enfrente a Lula en el último debate televisivo antes de las elecciones, aunque parece improbable que lo logre.

Pero, ¿qué opina el ciudadano común sobre la polarización en la carrera electoral? BBC Mundo salió a las calles de Sao Paulo para conocer la opinión de brasileños de diferentes clases sociales.

"Puja social"

Como una analogía del enorme Brasil, en el Parque Trianon, frente al rico distrito financiero de la ciudad, deambula Ivonne María do Nascimento, de 35 años, una "sin techo".

Ivonne reconoce que hay una puja social en el país. "Claro que sí. Los ricos no quieren que los pobres estén mejor", comenta refiriéndose a Alckmin, mientras pide dinero a quienes transitan por allí.

"Espero que el domingo ganemos nosotros". Es decir, Lula, a quien los sectores desprotegidos ven como a uno de los suyos.

Alckmin, en cambio, es percibido como un candidato más distante, sin carisma y más conocido en Sao Paulo que en otras partes del país.

"País demagógico"

Descansando en uno de los bancos del Trianon está Antonio Pelagio (56), un trabajador de clase media que lee las últimas noticias políticas en el diario.

Antonio nos dice que a él no le interesa la disputa entre ricos y pobres, sino que prefiere hablar de ética, de un presidente que dé el ejemplo.

"Yo conozco a muchos pobres que piensan como yo y no apoyan a Lula", asegura en referencia a los escándalos de corrupción que han rozado al gobierno.

Mientras hablamos con él se acerca Wilson Gomes (54), de clase acomodada, quien también está interesado en dar su visión.

Wilson opina con ironía: "Sacar a relucir la desigualdad que afecta a Brasil desde hace mucho tiempo es una forma inteligente de hacer campaña".

"No nos olvidemos que éste siempre ha sido un país demagógico; no es más que una cuestión de votos", remata.



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