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Jueves, 28 de septiembre de 2006 - 00:06 GMT
Apatía electoral en Sao Paulo
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a Sao Paulo

Este domingo, en Brasil se realizan elecciones presidenciales, pero lo que debería ser una celebración democrática ocurre bajo la sombra de recientes escándalos políticos y la apatía de los votantes.

Afiche del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Lula es el favorito en las encuestras pese a los escándalos de corrupción de su partido.
En la capital económica de Brasil, ajetreados paulistas pasan indiferentes ante candidatos sonriendo sobre afiches coloridos -como todo en este país-, tal vez llevados al hartazgo por acontecimientos que, según algunos, podrían modificar el resultado esperado en las urnas.

La prensa bautizó el último papelón como el "dossiergate".

Miembros del comité electoral del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y del núcleo íntimo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva presuntamente negociaron la compra de un informe falso para involucrar en hechos de corrupción a José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB).

La intención habría sido minar su candidatura como gobernador del estado de Sao Paulo para beneficiar al postulante del PT, Aloizio Mercadante.

El plan fue abortado por la policía federal brasileña. El "sorprendido" de más alto perfil fue el presidente nacional del PT, Ricardo Berzoini, a quien Lula terminó despidiendo como coordinador de su campaña electoral.

Previamente, acusaciones de compra de votos en el Congreso habían llevado a la salida del anterior jefe del partido, José Genoino, y del ministro de Economía Antonio Palocci.

"Uno tras otro"

En la capital económica de Brasil, ajetreados paulistas pasan indiferentes ante candidatos sonriendo sobre afiches coloridos -como todo en este país-, tal vez llevados al hartazgo por acontecimientos que, según algunos, podría modificar el resultado esperado en las urnas.
Si bien Lula ha asegurado desconocer estas maniobras y ha actuado enérgicamente contra los acusados, en las calles de Sao Paulo hay quienes se preguntan cómo es posible que el presidente brasileño no se enterase de lo que ocurría en su entorno.

"En los últimos tiempos hemos tenido un hecho de corrupción tras otro. Si el presidente no es culpable de ellos, es responsable por omisión", sentencia el taxista Rogério tras conducirme al corazón de la ciudad.

En la céntrica y ruidosa Avenida Paulista, un empleado de un puesto de diarios muy enterado de la realidad política me señala la portada de la nueva edición de la revista Veja. En ella se ve una caricatura de Lula con los ojos vendados con la banda presidencial.

"Nada va a cambiar después de las elecciones", me dice Chico manifestando su resignación ante la posibilidad de que el mandatario gane en primera vuelta y siga gobernando otros cuatro años.

Tanto Rogério como Chico aseguran que van a votar a Geraldo Alckmin, el candidato presidencial del PSDB, a quien Lula le saca una amplia ventaja en las intenciones de voto.

El postulante opositor cree que en el tramo final de la campaña, ayudado por los recientes escándalos en el PT, puede acercarse al favorito y forzar a una segunda vuelta en la que el mandatario se "debilitaría".

Pobreza

Geraldo Alckmin, candidato del Partido de la Social Democracia de Brasil.
Alckmin espera acercarse al favorito en la recta final.
Sin embargo, a pesar de los problemas en su entorno, Lula mantiene una clara ventaja de más del 50% en la mayoría de las encuestas.

La oposición que el presidente puede encontrar en el centro de la pujante Sao Paulo se transforma en sólido apoyo en los suburbios de esta misma ciudad y en otras zonas pobres del país.

Mariza, por ejemplo, nos cuenta que ella va a votar al PT el domingo porque "desde que asumió Lula hizo lo que tenía que hacer por los que menos tienen".

De hecho, el mandatario brasileño incrementó el salario mínimo y rediseñó programas sociales para los desfavorecidos.

"Él, a diferencia del resto de los políticos, no sólo ha gobernado para Sao Paulo sino también para el resto de Brasil", añade Mariza.

En cambio Daniel, un empleado, representa al sector indeciso. "Lo único que el pueblo sabe es sobre fútbol y carnaval. Y a pesar de que digan que van a votar por tal o cual candidato, en realidad no saben a quién elegir".

Sea "petista", socialdemócrata o ni lo uno ni lo otro, el paulista parece desinteresado por las elecciones del domingo.

Ya está habituado al barullo del tráfico y ahora parece haberse acostumbrado al de la política.



ESCUCHE/VEA
Brasil: apatía días antes de las elecciones.



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