El hecho sacudió a todo el país.
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El 26 de Julio de 1953 fue un día que conmovió a Cuba: un grupo de jóvenes revolucionarios asaltó el cuartel Moncada, una de las mayores unidades militares del gobierno del general Fulgencio Batista.
Santiago de Cuba -la segunda ciudad en importancia de la isla- amaneció en medio del tiroteo y sus calles se llenaron de vehículos policiales y militares en persecución de los sobrevivientes que lograron escapar después de que el ataque se frustrara.
Pero el hecho sacudió a todo el país: desde una punta a la otra de la isla, prácticamente no hay ningún abuelo cubano que no recuerde dónde estaba cuando se entero del asalto o lo que pensó en aquel momento.
Nueva etapa
Para algunos, incluso, fue el inicio de una nueva etapa de su vida: habían encontrado un líder que estaba decidido a actuar con las armas en la mano contra la dictadura que se había entronizado en el gobierno.
"Yo estaba en Guantánamo (la provincial más oriental de Cuba) cuando se produjo el asalto", nos cuenta la maestra jubilada Aurora Chivás.
"Algunos jóvenes -dice- se alzaron en la sierra de Canasta (entre Guantánamo y Santiago) para apoyar el asalto pero se disolvió porque todo fue muy efímero. Los jóvenes veíamos en eso una esperanza".
Chivás añade que "para mí significó un cambio radical de mi vida (...) Empecé a realizar actividades políticas. Fui combatiente en el Segundo Frente Frank país y desde ese momento estoy montada en el carro de la revolución".
Un cambio
Una historia similar le ocurrió a Rafael Márquez, teniente coronel jubilado de las Fuerzas Armadas.
Márquez recuerda que aquel día trabajaba como ayudante de mecánico en una empresa estadounidense en la provincial occidental de Pinar del Río.
"Después del 26 de Julio yo empecé a poner también mis granitos de arena en manifestaciones con los estudiantes y éramos perseguidos por la policía. Yo pedía un cambio aunque no sabía cual", recuerda Rafael.
"Fue un punto de partida -explica-. Ese día empecé mi lucha de la cual me siento muy orgulloso. Participe en la huelga de abril de 1958; me cogieron preso; me dieron golpes. Ya sabe como era aquello".
Muy distinto
Curiosamente no difiere mucho la óptica de Ángel Polanco, periodista disidente que era apenas un adolescente en aquellos días.
"Me pareció algo bueno y mi familia lo valoró como algo positivo. En aquel momento hubo euforia porque había alguien que luchaba contra Batista".
En palabras de Polanco, "estaba en la provincia de Las Tunas y por la mañana todos sabíamos lo que había pasado y a mí me maravilla esto porque a pesar de que era una dictadura, aun así existía la libertad de prensa, muy distinto de lo que ocurre hoy en día".
Se estaba gestando
Ana María Ariosa, hoy jubilada, estaba en La Habana durante los hechos del Moncada.
"Me encontraba en mi casa porque era mi santo. Yo era estudiante y participaba de todas estas luchas en las que estaban muchos de los que asaltaron el cuartel Moncada".
Ariosa añade: "Para mí fue una gran alegría porque yo ya sabía que esa lucha se estaba gestando; nosotros ya sabíamos muchos de los programas que traería la revolución.
Ana María concluye: "Sabíamos que iba a haber un cambio absoluto en nuestro país".