La medida grava con 82% de tributos a los campos de gran producción.
|
La nacionalización de los hidrocarburos fue recibida en Bolivia con un gran impacto en los medios de comunicación, con una fiesta entre los sectores que apoyan al presidente Evo Morales, críticas de parte de la oposición y cautela en la mayoría de los ciudadanos bolivianos.
La noticia sorprendió al país entero el lunes 1 de mayo, cuando el presidente Morales, flanqueado de militares fuertemente armados, anunció en el pozo San Alberto -el de mayor producción actualmente-, la recuperación de los hidrocarburos en favor del Estado boliviano.
Ese día, los trabajadores bolivianos esperaban, como regalo del mandatario, un sustancial incremento salarial y la anulación de un decreto considerado el eje del modelo neoliberal vigente en el país.
Miles de personas se habían concentrado en la plaza Murillo -el centro del poder político en La Paz- para escuchar esas medidas, sin embargo, terminaron festejando por otro motivo: la nacionalización de los hidrocarburos.
Pero, más allá de ese festejo del 1 de mayo, no hubo mayores manifestaciones populares de apoyo.
Jugada política
 |
Una medida muy esperada, pero como fue anunciada en medio de una campaña electoral para la (Asamblea) Constituyente, la gente se ha dado cuenta de que era una jugada política y por eso no ha festejado mucho
|
El analista en temas energéticos, Humberto Vacaflor, le dijo a la BBC que la nacionalización es "una medida muy esperada, pero como fue anunciada en medio de una campaña electoral para la (Asamblea) Constituyente, la gente se ha dado cuenta de que era una jugada política y por eso no ha festejado mucho".
La oposición política, las regiones productoras, los empresarios y, como era de esperar, las empresas petroleras recibieron la medida con preocupación.
Los opositores creen que la norma, que grava con el 82% de tributos a los campos de gran producción, es de corte político porque su lanzamiento coincidió con el inicio de la campaña para la elección de constituyentes, que se desarrollará el 2 de julio.
Coincidieron en ese criterio los líderes de la oposición, Jorge Quiroga (derecha) y Samuel Doria Medina (centro).
Los líderes cívicos de Tarija, la región que produce más del 80 por ciento del gas, expresaron su preocupación por la posible paralización de inversiones y la pérdida de mercados.
Los empresarios agremiados coincidieron con este criterio.
El analista Vacaflor informó que en las regiones existe "preocupación porque se teme que las empresas afectadas comiencen a sabotear (el negocio del gas) y a sobreexplotar algunos campos sin invertir lo que se necesite para ello".
Agregó que también hay inquietud ante la posibilidad de que algún tribunal arbitral le de la razón a las empresas y confisque los recursos del gas.
Inquietud
Las empresas petroleras que operan en Bolivia, entre ellas la brasileña Petrobras y la española Repsol, hicieron conocer su inquietud, pero decidieron quedarse en el país, con el fin de negociar nuevos contratos en un plazo de seis meses, tal como establece el decreto de nacionalización.
El Gobierno consideró que las reacciones no fueron agresivas y calificó de "buena señal" la decisión de las petroleras, según dijo el vicepresidente Álvaro García Linera.
En contrapartida, la bancada parlamentaria de Evo Morales respaldó plenamente el decreto e, incluso, sugirió elevarlo a rango de ley para evitar futuras demandas ante la justicia.
Los sectores sociales que respaldan al Mandatario anunciaron la defensa del decreto, si fuera posible, con medidas de presión que permitan su plena aplicación.
Nada de ello será necesario, al menos en el futuro inmediato, puesto que las protestas que estaban anunciadas en contra del Gobierno, por temas diversos, empezaron a desactivarse tras las aprobación del decreto de nacionalización.
Ese es el caso de la poderosa región de Santa Cruz, que había planificado llevar adelante un paro cívico este jueves, pero la medida quedó suspendida.
En el otro extremo, los sectores sociales radicales, como la Central Obrera Boliviana (COB), criticaron la nacionalización por ser "una medida incompleta", según el dirigente Jaime Solares, quien es el más duro crítico del Gobierno entre los movimientos sociales.
Pero, más allá de las opiniones encontradas, la gente ya salió de la sorpresa y la vida en Bolivia volvió a la normalidad.
Así lo muestran los medios de comunicación, que los dos primeros días de mayo dedicaron sus ediciones completas al decreto de nacionalización, pero, poco a poco, recuperaron el ritmo cotidiano.