Morales toma un camino más cercano a Hugo Chávez.
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Cuando fue electo presidente de Bolivia en diciembre pasado, uno de los principales interrogantes era si el gobierno de Evo Morales iba a parecerse al de Luiz Inacio Lula da Silva en el vecino Brasil, o al del venezolano Hugo Chávez, más radical y crítico de Estados Unidos.
Pese a que Morales siempre había afirmado que estaba en sus planes nacionalizar el sector de petróleo y gas de Bolivia, nunca estuvo muy claro qué implicaría exactamente semejante decisión.
Ahora, está confirmado que se refiere efectivamente al control estatal de la producción, ventas y fijación de precios.
Así, dentro de la nueva ola de líderes de centro-izquierda en América Latina, estas medidas acercan al presidente boliviano al campo de Chávez, y lo alejan de la centro-izquierda representada por Lula.
A algunos observadores, particularmente en Washington, les parecerá significativo el hecho de que Morales estuvo hace poco en Cuba con Chávez y Fidel Castro, donde firmaron un acuerdo para contrarrestar la influencia de Estados Unidos en la región.
También hay paralelos entre el anuncio de Morales y la reciente radicalización de las políticas de Chávez respecto a las empresas petroleras extranjeras en Venezuela: el Estado tomó control de dos yacimientos privados el mes pasado -de Total de Francia y de Eni de Italia.
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Petrobras ha invertido más de US$1.000 millones en Bolivia, de manera que será la compañía que más perderá si Morales realiza sus planes de nacionalización
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No hay duda de que los lazos entre Bolivia y Venezuela se han fortalecido. Como parte del acuerdo comercial, Bolivia le venderá coca y soya a Venezuela y comprará el 5% de las acciones de Telesur, el canal de noticias basado en Caracas.
A cambio, al parecer Venezuela explorará la posibilidad de invertir en el sector bancario boliviano.
Según el diario británico Financial Times, las visitas ministeriales de alto nivel entre los dos países son "frecuentes", y "hay algunos indicios de que Chávez está influyendo en las decisiones sobre la nueva asamblea constituyente" que será elegida en julio.
¿Revés para Lula?
Un aspecto sorprendente es que el presidente Lula no parece estar ejerciendo una influencia moderadora sobre Evo Morales, algo que muchos predijeron y Washington deseó.
Petrobras, la empresa estatal de energía brasileña, es el mayor inversor en los enormes depósitos de gas bolivianos -después de los venezolanos, los más grandes de Suramérica- y en estos momentos es responsable de más del 60% de la producción gasífera en ese país.
Petrobras ha invertido más de US$1.000 millones en Bolivia, de manera que será la compañía que más perderá si Morales realiza sus planes de nacionalización.
Evo Morales, junto al vicepresidente Alvaro García (izq.) y el ministro de Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada.
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Lula es un amigo cercano de Morales y muchos observadores brasileños creyeron que ello ayudaría para que las relaciones entre ambos países fueran amables, particularmente después de que el gobierno de Morales sugiriera que trataría mejor a las compañías estatales.
Aún es posible que Lula logre calmar los ánimos, pero desde hacía semanas ya había señales de que Morales iba a enfrentarse a las compañías extranjeras, incluso las brasileñas.
En marzo, el presidente boliviano tuvo un choque con Petrobras y ese mismo mes la compañía anunció la suspensión de sus planes de invertir cerca de US$5.000 millones en Bolivia.
El mes pasado, otra compañía brasileña -EBX- se vio forzada a irse de Bolivia tras ser acusada de violar reglas de protección del medioambiente.
Razones internas
El gobierno de George W. Bush probablemente verá la mano de Chávez detrás de la aparente radicalización de las políticas de Morales.
Pero las principales razones por las que Morales adoptó estas medidas son, en realidad, internas.
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Será una decisión popular dentro de Bolivia, ya que muchos bolivianos sienten que sus ricos recursos naturales -plata, estaño, petróleo y ahora gas- son injustamente explotados por empresas extranjeras
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Será una decisión popular dentro de Bolivia, ya que muchos bolivianos sienten que sus ricos recursos naturales -plata, estaño, petróleo y ahora gas- son injustamente explotados por empresas extranjeras, haciendo de Bolivia el país más pobre de América del Sur.
La principal pregunta para el gobierno boliviano es si, en el caso de que las empresas extranjeras abandonen el país, la empresa estatal tendrá los fondos y el conocimiento técnico para explotar sus propios recursos.
El gobierno estima que recaudará más ganancias como resultado de estas medidas: alrededor de US$750 millones en 2007, según algunos cálculos.
Los críticos de la decisión señalan que Bolivia ya ha nacionalizado el sector petrolero dos veces en su historia -en los años '30 con Standard Oil y en 1969 con la compañía estadounidense Gulf- y que nunca se confirmó que en esas ocasiones la medida ayudó a reducir los índices de pobreza.