Arias afirma que América Latina está confundida sobre su papel en el mundo.
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El nuevo presidente de Costa Rica, Óscar Arias, se enfrenta a partir de este lunes a una nueva encrucijada en su vida, al asumir por segunda vez el cargo en cuyo desempeño recibió, hace casi 20 años, el premio Nobel de la Paz.
A pie, recorrió los pocos centenares de metros entre su casa y el Estadio Nacional, para iniciar otro partido en el que el país concentra sus expectativas.
En el camino, Arias y su gabinete hicieron un alto en la Nunciatura Apostólica, para un encuentro con los obispos católicos con los que, en los días de campaña, no dejó de existir alguna tensión.
Y es que hay preocupación por lo que pueden ser sus políticas sociales.
Amaneció soleado, pero el día se fue nublando, hasta que empezó a llover. No hacía demasiado calor, mientras Arias caminaba hacia su destino, acompañado de su gabinete.
La fiesta ha sido modesta. Almuerzos y cenas de gala, pero escasa participación popular.
En las calles, cruzando el centro de la ciudad, algunos miles de personas, muchos jóvenes, protestaban contra el tema que centra la atención del debate político nacional: la eventual aprobación del tratado de libre comercio con Estados Unidos, firmado hace dos años y que sólo Costa Rica no ha ratificado aún.
En Costa Rica, muchos están en contra de la aprobación del TLC con EE.UU.
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Entre los invitados estuvieron el príncipe Felipe de España, los presidentes de México, Vicente Fox; Colombia, Alvaro Uribe; Ecuador, Alfredo Palacio; Taiwán, Chen Shui-bian y de los países centroamericanos; así como la primera dama de Estados Unidos, Laura Bush.
La ausencia de última hora del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, impidió la realización de una minicumbre en la que Arias pretendía hablar del tema energético.
"Hemos llegado a encrucijada, hay que tomar decisiones", fue el mensaje del nuevo presidente de Costa Rica.
¿De qué encrucijada se trata?
Los latinoamericanos deben decidir si siguen persiguiendo utopías y "culpando a los demás de nuestras desventuras, o aceptamos que nuestro destino depende de lo que hagamos hoy", afirmó Arias en su discurso.
Se trata de una América Latina, en su criterio, confundida sobre su papel en el mundo y menos clara hoy en la adhesión a valores democráticos fundamentales.
Según Arias la región comienza a naufragar por la renuencia de las élites para enfrentar la desigualdad.
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Una región que -afirmó- empieza a naufragar; en parte por renuencia de las élites para enfrentar la desigualdad y la exclusión, y por la crónica incapacidad de políticos e intelectuales para ver la realidad como es y no como quisieran que fuera.
Sobre su opción, sobre su camino en esa encrucijada, prefirió un tono elíptico: defendió la integración económica con el mundo sin mencionar el instrumento concreto con el que pretende hacerlo: el tratado de libre comercio que tanto divide el país.
Entre las promesas de rigor estuvieron la lucha contra la pobreza, más plata para la educación, la solución del problema fiscal, mejoramiento de la competitividad, el estímulo a la creación de empleos, y el combate a la corrupción, la delincuencia y las causas de la delincuencia, entre otras.
Afuera quedó la protesta: contra el tratado de libre comercio y las propuesta de privatizar las telecomunicaciones.
"Esta marcha marca el inicio de la resistencia", dijo Jorge Arguedas, coordinador del Frente Interno de Trabajadores del estatal Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
Algunos intentaban pasar la barrera policial y acercarse al estadio. Pero los momentos de mayor nerviosismo pasaron, sin más problemas que algunos empujones.
Mañana comienza el desafío, el transitar por esta encrucijada que recorre hoy América Latina y de la que no es ajena Costa Rica.