Macas ocupa el puesto de presidente de la CONAIE por tercera vez en la historia de la organización.
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Después de más de una década en la que el movimiento indígena ecuatoriano cobró fuerza, logrando perfilarse como un importante actor político dentro del país, su situación actual parece haber llegado a un punto crítico.
Si bien en el año 2000 logró derrocar al gobierno de Jamil Mahuad y en 2003 llevó al poder a Lucio Gutiérrez -con quien rompieron relaciones después de los primeros seis meses de gobierno- sus dirigentes confiesan que esta mayor participación en los espacios públicos no logró traducirse en mayores beneficios para la población indígena del país.
Sobre la relación con el poder y otros temas, BBC Mundo conversó con Luis Macas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE).
¿En qué situación se encuentra hoy el movimiento indígena ecuatoriano?
Haciendo una comparación, no es igual que en los primeros años de la década de los 90, cuando tuvo mucha fuerza, mucha presencia y sobre todo aceptación y credibilidad por parte de la sociedad nacional.
Hoy en día lastimosamente -y quizá por la evolución tan rápida que ha tenido el movimiento indígena en Ecuador- ha sufrido un cierto estancamiento y creo que para ello se han generado una serie de maniobras externas que vienen principalmente desde los gobiernos. Pero fundamentalmente del gobierno anterior que jugó un papel nefasto para que el movimiento indígena se debilitara.
¿Cómo son las relaciones entre el movimiento indígena y el gobierno actual?
En una asamblea nacional el 28 de abril se tomó una resolución, no de apoyar al gobierno, pero sí de empujar la propuesta del movimiento ciudadano, luego de la caída del régimen de Gutiérrez. Lo que se decidió es reconocer al gobierno de Alfredo Palacio como uno de transición y no necesariamente como un gobierno cuyo período culmina en 2007.
Digo de transición porque creemos que es importante que este gobierno establezca todas las condiciones como para que se den los cambios fundamentales que se tienen que dar en la política del Estado ecuatoriano.
¿Usted se refirió a la debilitación del movimiento indígena, pero cuánto poder tienen realmente los líderes indígenas en la actualidad y qué espacio tienen dentro de este gobierno de transición para impulsar los cambios que usted menciona?
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Otra de las resoluciones de la CONAIE es que el movimiento indígena no participe en ninguna de las instituciones públicas, porque creo que una de las causas de que el movimiento indígena haya sufrido un desgaste, es precisamente la participación política que tuvo el movimiento indígena en 2002
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Me olvidé de decir que otra de las resoluciones de la CONAIE es que el movimiento indígena no participe en ninguno de los espacios públicos, en ninguna de las instituciones públicas, porque yo creo que una de las causas de que el movimiento indígena haya sufrido un desgaste, son precisamente las instituciones públicas, es la participación política que tuvo el movimiento indígena en 2002. Eso fue una de las causas para que el movimiento indígena sufriera este decaimiento progresivo, que ahora tratamos de remediar.
¿Pero cómo lograr tener cierto poder y mayor participación en las decisiones sobre el futuro del país manteniéndose al margen?
Bueno, en el pasado ha sido así. Hemos tenido más éxito cuando estuvimos fuera de la institucionalidad. Hoy estando dentro de la institucionalidad hemos logrado muy poco y creo que la muestra está clara.
En 1988 por ejemplo, se institucionalizó la educación intercultural bilingüe, dedicada hacia los pueblos indígenas. En 1994, también la definición de la ley agraria fue uno de los temas fundamentales, y en este sentido, el movimiento indígena tuvo una presencia importante sin tener todavía presencia en el Congreso nacional y en ninguno de los espacios de los gobiernos seccionales como hoy se tiene.
De tal modo que nosotros decimos que es más bien necesario, volver a lo propio, a lo nuestro para que desde ahí podamos tomar fuerzas y retomar el vigor que tuvo el movimiento indígena y no dispersarnos en esto de las funciones públicas, que creo que nos ha hecho bastante daño.
¿Y entonces, cuál es el camino para lograr que el movimiento indígena sea escuchado y lograr que las decisiones del gobierno también los beneficien?
Es obvio que en este momento hay una participación en la institucionalidad: tenemos 10 diputados, hay 27 alcaldes que pertenecen a la fuerza política del movimiento indígena que es el partido Pachakutik, pero nosotros decimos por ejemplo, que las luchas extra-institucionales han bajado en estos últimos tiempos de nivel, porque creíamos que desde la institucionalidad íbamos a lograr mucho más.
Entonces es claro que la idea no es colocar más diputados en el Congreso...
Yo creo que hay que saber medir, pues el tiempo nos ha dado la razón. Hay que medir nuestras fuerzas políticas, porque una cosa es una fuerza política y otra la fuerza social que tenemos, que no es exactamente igual a la presencia política en el país del movimiento indígena.
Nosotros creemos que obviamente hay que participar porque hoy la gente dice que hay que participar y yo solo no puedo decir que no. Pero sí hay que hacer una reflexión profunda y clara de que en algunos espacios no deberíamos participar, como por ejemplo en el Congreso nacional.
Pero esos son los espacios donde se toman las decisiones que van a afectar a todos los ecuatorianos y por ende a las comunidades indígenas también. ¿Cómo lograr entonces que esas decisiones no vayan en detrimento de las comunidades indígenas? Lo que usted dice parece una contradicción...
Aparentemente lo es. Pero en el Congreso nacional obviamente se toman todas las decisiones políticas, se deciden y se tramitan, se estudian y se resuelven proyectos de ley importantes para el país. Pero yo le diría que desde 1996 hasta acá, ya van a hacer casi diez años, y lastimosamente, no hemos tenido incidencia en las decisiones del Parlamento ecuatoriano.
¿Y cómo piensan lograr tener cierta incidencia?
La incidencia podemos lograrla desde afuera de lo institucional, así como lo hicimos en la época de los 90, con el levantamiento indígena que fue decisorio. Cuando en 1992 se decidía sobre el tema de la territorialidad de los pueblos indígenas, hemos no sólo tenido incidencia sino que hemos logrado que se tomen decisiones a favor del movimiento indígena en cierto sentido.
La delimitación de los territorios en la Amazonia ecuatoriana, particularmente en la provincia de Pastaza, nos ha dado resultados. Pero eso no es una lucha institucional. Eso es una lucha desde afuera.
¿Entonces la idea es retomar el camino de las protestas y de las movilizaciones cuando no están de acuerdo con las decisiones que toma el gobierno?
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La incidencia podemos lograrla desde afuera de lo institucional, así como lo hicimos en la época de los 90, con el levantamiento indígena que fue decisorio. Cuando en 1992 se decidía sobre el tema de la territorialidad de los pueblos indígenas, hemos no sólo tenido incidencia sino que hemos logrado que se tomen decisiones
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Yo creo que hay que combinar. No hay que abandonar lo uno y priorizar lo otro. Las dos herramientas son absolutamente necesarias para que el movimiento indígena pueda conseguir lo que tiene que conseguir. Lo que sucede es que no estamos luchando por una simple reivindicación indígena, estamos luchando porque las cosas cambien en este país también.
¿Qué propone exactamente el movimiento indígena?
La construcción de un estado plurinacional. Esto no significa -como muchos lo han tergiversado- que queremos dividir al país. Creo que tiene que entenderse que la lucha por la pluri-nacionalidad, es la unidad de la diversidad de las culturas que hay en el país.