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Martes, 6 de septiembre de 2005 - 21:03 GMT
"Cantábamos en silencio"
Iván Parvex
Para Parvex, la música mientras estuvo preso "era una forma de descanso".
Iván Parvex pasó por cuatro campos de prisioneros después del golpe de Estado de 1973 en Chile: Puchuncaví, Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y Tres Álamos.

Guitarrista aficionado, durante su encierro fue un entusiasta participante en todas las actividades musicales organizadas por los detenidos.

En la entrevista que sostuvo en los estudios de la BBC con la violinista y musicóloga Katia Chornik reconoce que en esos días para él la música era "un elemento de descanso" y cuando le prohibían cantar lo seguía haciendo en silencio.


¿Cómo llegaban los instrumentos a los campos?

A los campos de libre plática llegaban a través de los familiares, la Cruz Roja Internacional y la Vicaría de la Solidaridad. En mi caso personal, yo tenía una guitarra que me llevó mi madre cuando pudo visitarme.

En la Villa Grimaldi y Cuatro Álamos no había música ni guitarra ni canto ni nada. Ahí estaba prohibido y entonces cantábamos en silencio. Era una experiencia muy interesante ir entonando mentalmente canciones que uno conocía, es como leer en silencio, es algo muy lindo, que yo todavía hago de vez en cuando. Cuando estoy rodeado por gente a veces canto en silencio.

¿Y ese cantar en silencio se hacía solo o acompañado?

Eso se hacía solo, era un ejercicio completamente solitario, era para que pasara el tiempo.

Se ve que con fuerza moral lográbamos revertir una situación tan dura en algo más constructivo como es precisamente este fenómeno de poder cantar
Yo leí en una entrevista a un amigo mío que él desarrolló fórmulas matemáticas cuando estaba en la Villa Grimaldi.

Es una cosa muy curiosa. La Villa Grimaldi era un lugar espantoso y, sin embargo, con el paso de los años empiezan a surgir todas estas experiencias y se ve que con fuerza moral lográbamos revertir una situación tan dura como ésa en algo más constructivo como es precisamente este fenómeno de poder cantar.

¿Cuáles eran las actividades musicales más importantes organizadas por los prisioneros?

En Tres Álamos era una presentación artística semanal, todos los sábados. Pero también preparábamos cosas más elaboradas con más tiempo. Yo recuerdo un acto de tango con poesía, con canto, con guitarra; otro de bolero, también se hacían usualmente presentaciones con temas de folclor tradicional chileno.

¿Cuál era la actitud de los guardias durante esas presentaciones artísticas?

Yo recuerdo distintas actitudes. En Tres Álamos el personal de Carabineros (la policía chilena) estaba completamente fuera de la vida cotidiana de los presos.

Cita
Iván Parvex
Iván Parvex (a la derecha) y su amigo Juan Carvajal. Ambos estuvieron presos en Tres Álamos. La foto corresponde a su primera reunión musical después de 25 años. "Fue una reunión muy emotiva", recuerda Parvex. Por supuesto, cantamos el "Negro José.

Pero ahí se daba un fenómeno curioso, porque por ese campo pasó gente con mucho talento como cantante y por la ventana podíamos ver cómo los carabineros se iban acercando al lugar de la actuación. Primero estaban a 20 metros de la ventana, luego a 10, luego a cinco y uno veía que estaban escuchando y entreteniéndose con la calidad artística del evento.

En Puchuncaví, otros de los campos por donde pasé, el comandante y algunos de sus ayudantes asistían al evento y lo vetaban antes. Nos pedían la lista de canciones y poemas y decían esto sí, esto no y una vez que estaba aprobada, asistían. Claro que no aplaudían.

Yo no sé, honestamente, si en una actitud de entretenerse un poco los pobres infelices que estaban metidos ahí en un campo de concentración espantoso o con la idea de seguir ventando, pero durante el tiempo que estuve ahí nunca suspendieron el evento.

¿Qué tipo de canciones estaban prohibidas?

El repertorio prohibido tenía que ver con todo lo que pudiese ser asociado con el gobierno de Salvador Allende y la lucha popular, las canciones de protesta, de denuncia social. La música de Inti Illimani, de Quilapayún, de Víctor Jara.

Y la verdad es que tampoco se trataba de correr muchos riesgos, nosotros nunca tratamos de meter de contrabando una canción que estaba prohibida. Entre los prisioneros había una especie de trato de no empujar demasiado, ya que esto podía llevar a la prohibición total de las actividades culturales, cosa que hubiera sido un desastre.

¿Cuál era el repertorio más importante en estas presentaciones?

El repertorio del folclor tradicional chileno y latinoamericano. Había una selección importante de cuecas, tangos, boleros y canciones venezolanas y colombianas, que son muy alegres y nos permitían alegrar un poco la situación.

La música era una forma de escapar de tanta miseria que nos llegaba del mundo exterior
También había canciones que, más allá de los eventos, eran verdaderos himnos de los presos políticos, entre los que se encuentra el Candombe para José, que cuando yo llegué al campo era la canción con la que comenzaba y terminaba cada espectáculo.

También había una canción de un autor chileno que habla de un barco de papel que navega por el mar de la esperanza.

¿Cómo influían las cosas que pasaban en el campo en tus deseos de hacer música?

La música era un elemento de descanso, de poder sentirme mejor conmigo mismo en las difíciles circunstancias que se vivían, de manera que yo siempre recurría a la música en los momentos más duros, cuando llegaban malas noticias de afuera.

Había situaciones todos los días: más gente muerta, más presos, más desaparecidos, más gente en el campo de concentración. La música era una forma de escapar de tanta miseria que nos llegaba del mundo exterior.

¿Qué importancia tenía la enseñanza musical dentro del campo?

Iván Parvex
Iván Parvex aprendió a tocar guitarra en la adolescencia.
Muchísima. Los idiomas y la enseñanza musical eran algo que se hacía regularmente en los campos de concentración. La guitarra era muy popular y había estudiantes muy buenos, gente que aprendió muy bien. Había otros que eran menos afortunados y le daban más que hacer al profesor, pero que eran entusiastas.

Yo tomaba una clase de posturas básica de la guitarra y luego le enseñaba a un amigo que era matemático y a cambio él me enseñaba matemáticas. Yo era más o menos como estudiante de matemáticas, pero creo que él era peor como aprendiz de guitarra.

Había muchas clases colectivas e individuales, porque muchos prisioneros querían cantarles a sus familias y a sus niños cuando iban a verlos en los días de visitas. Eso tenía mucho valor moral para la gente, les daba mucha fuerza.

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