Carlos Roberto Medina es vendedor de diarios. Junto con otros vendedores callejeros, fue uno de los héroes
anónimos del 1º de agosto de 2004.
Con piedras y palos abrió boquetes en las ventanas y en las paredes para sacar a la gente del supermercado que se estaba incendiando.
Según su propio testimonio y el de otros
testigos, las puertas del supermercado se cerraron poco después de la
primera explosión en el patio de comidas.
Esta una de las razones que según los expertos, explica el gran número
de muertos en la peor tragedia de la historia del Paraguay.
Perdí a mi mamá (María Cristina Medina) y a mi hermana (María Soledad
Medina). Por milagro me salvé.
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No quiero ni acordarme de ese día pero me es
imposible porque ya no le tengo ni a mi mamá ni a mi hermana
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Vendo diarios en la esquina desde que se
abrió el supermercado. No quiero ni acordarme de ese día pero me es
imposible porque ya no le tengo ni a mi mamá ni a mi hermana. Las
necesito. Algunos de los que están acá (en el santuario construído por
los familiares) eran mis clientes.
Otros, mis amigos, conocidos,
vecinos. No sé como voy a aguantar este primer aniversario.
Mi mamá vino de compras. Era el cumpleaños de mi hermana menor que
cumplía 18 años. Queríamos hacerle una fiesta de sorpresa.
Subí al supermercado y le llevé el dinero para las compras pero mi mamá
me dijo: "Bajá y vendé todos tus diarios y después vamos juntos".
Cuando
salí a la calle comenzó la explosión. Corrí desesperado hacia adentro y
ví que unos vecinos míos salían con su bebé. Los agarré y luego a una
señora, pero en ese momento se cerró el portón y ví como se cortaba el
brazo de la señora. Fue terrible.
Lo único en lo que podía pensar era en encontrar a mi mamá. La busqué
desde las 11 y 30 de la mañana hasta el día siguiente. Encontré su
cadáver y el de mi hermana en el local de la Caballería (ejército). Mi
hermana dejó dos hijos, uno de diez y otro de cinco años. Mi cuñado y
yo trabajamos juntos para sacar adelante la familia.
