María del Carmen Cristaldo, más conocida com Lili, tiene 40 años y dice que
cada día lucha consigo misma por encontrar razones para seguir
viviendo.
El 1º de agosto del 2004 entró al Supermercado Ycuá Bolaños de
la mano de su esposo, Gabriel (50) y de sus hijas Leticia (15) y Lorena
(13) con el fin de comprar un regalo de cumpleaños para un sobrino.
Lili perdió a toda su familia. Tiene heridas de
tercer grado en las manos y la cara. Todavía debe someterse a varias
cirugías. Abandonó el uso de anti-depresivos y las pastillas para
dormir porque, según dice, "quiere sentir". Asegura que no descansará hasta que se
haga justicia.
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Escuchaba la voz de mis hijas que decían:
"Mami, no me quiero quemar. Mami, no me quiero morir"
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Fuimos a dejar algo en el empaque cuando hubo una explosión en el
Patio de Comidas. Nos quedamos congelados. Ví como la gente volaba en
pedazos. No parecía real. Nos tomamos de la mano con mis hijas y mi
marido y salimos corriendo hacia la salida. Logramos llegar hasta las
gradas cuando se cerró el portón de hierro que da al estacionamiento y
mucha gente, desesperada, empezó a correr en dirección opuesta.
Nos chocaron y quedé tendida contra el piso. Entonces, mi marido me
soltó la mano. Todavía, escuchaba la voz de mis hijas que decían:
"Mami, no me quiero quemar. Mami, no me quiero morir". La gente gritaba
pidiendo auxilio, quejándose. Poco después hubo una segunda explosión
en el estacionamiento. Desde donde yo estaba podía ver a la gente
quemándose, gritando. Yo no podía moverme. El fuego voraz avanzaba muy
rápido hasta donde yo estaba. Pedí a Dios que nos llevara a los cuatro.
Luego no escuché nada. Solo el ruido de la gente gritando afuera. Lo siguiente que recuerdo fue en el hospital.
Un año después, lo que
más extraño es que alguien me llame "mamá". Creo que si el portón se
hubiese mantenido abierto, más de doscientas personas más podrían
haberse salvado.
