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Domingo, 22 de mayo de 2005 - 06:47 GMT
Chile: regresan otros sobrevivientes
Hugo Infante
Los Ángeles, Chile.

Las pancartas y gritos de alegría de las familias de los 112 soldados chilenos que venían de estar aislados en la cordillera de Los Andes (en el refugio Los Barros), cambió por primera vez el ánimo en la ciudad de Los Ángeles, a 400 kilómetros al sur de la capital, Santiago.

Un niño llora de emoción al ver que su hermano regresó vivo.
Un niño llora de emoción al ver que su hermano regresó vivo.
El pequeño Ernesto lloraba de felicidad al ver que la unidad de su hermano no había corrido la misma suerte de sus compañeros.

Ernesto observaba como descendían de unos camiones los militares, que tras cuatro días de aislamiento, regresaban con vida desde las faldas de la cordillera.

Inmediatamente, las madres corrieron hacia sus hijos, una vez recibida la autorización de ingresar al comedor donde los esperaban los 112 soldados de la compañía de infantería.

Gritos, llantos y desmayos se confundieron con rostros de incredulidad por el encuentro con seres queridos, ahora sanos y salvos.

Unidad

El teniente Emilio Díaz se besó con su novia y luego comentó a BBC Mundo que el peligro que habían vivido fue aminorado por la cohesión que mantuvieron los oficiales a cargo del grupo.

Nunca nos dijeron, en los pocos contactos radiales, lo que había ocurrido con el resto de los muchachos. Fue mejor, porque eso hubiera bajado la moral
Teniente Emilio Díaz
"Estábamos en el refugio Los Barros cuando comenzó la tormenta y el viento. No alcanzamos a salir de allí y por esa razón nos mantuvimos juntos y vivos".

"Las condiciones que teníamos eran normales, con comida y abrigo para varios días".

"Pero nunca nos dijeron, en los pocos contactos radiales, lo que había ocurrido con el resto de los muchachos. Fue mejor, porque eso hubiera bajado la moral", señaló el teniente Díaz.

Decisión

A pocos metros, el soldado Daniel Pardo, de 18 años, se reconfortaba junto a su madre y contaba cómo se habían salvado de no caer ante el temido "viento blanco", que costó la vida de 21 soldados, y presumiblemente la de otros 24 que siguen desaparecidos en la cordillera.

Los soldados dieron un último adiós a sus compañeros.
Los soldados dieron un último adiós a sus compañeros.
"Estábamos desarmando las canchas de obstáculos cuando comenzó la tormenta y por eso los oficiales decidieron quedarse en el refugio y suspender la marcha que teníamos planeada para regresar a Los Ángeles".

"Estuvimos siempre en calma y nos alentaron mucho, a pesar de que habíamos escuchado los rumores de lo que había ocurrido con varios soldados", comentó Pardo.

Otro recluta, Cristian Martínez, de 18 años, dice que toda la compañía se mantuvo en calma, incluso las siete mujeres que integran la unidad.

"Teníamos comida y calefacción. Estábamos tranquilos y sólo esperábamos que el tiempo mejorara para bajar. Teníamos mucha esperanza de salir vivos", aseguró.

Estábamos tranquilos y sólo esperábamos que el tiempo mejorara para bajar
Cristian Martínez, soldado
Esta alegría que envolvió a decenas de soldados y madres, contrastaba tristemente con el dolor del resto de las familias de los soldados que habían perecido por la impredecible tormenta.

Los 14 ataúdes de los cadáveres que se habían recuperado yacían en el patio principal de Regimiento Reforzado 17 de Los Ángeles.

Las urnas estaban cubiertas con la bandera chilena y resguardadas por una guardia de honor.



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