Ambos candidatos podrían definir hoy la presidencia de Bolivia.
Comenzó en Bolivia la que muchos llaman acá la jornada electoral más importante de los últimos años.
Un país dividido por regiones, razas y perspectivas opuestas sobre el futuro de la nación, acude este domingo a las urnas con la esperanza de lograr un clima de estabilidad política y social después de haber visto el derrocamiento de dos presidentes desde 2003.
Por el momento quedaron en el pasado las escenas de mediados de este año cuando miles de bolivianos se volcaron a las calles en nombre de la nacionalización de los hidrocarburos y forzaron así la renuncia del presidente Carlos Mesa.
Mesa, fue quien había sustituido dos años atrás a Gonzalo Sánchez de Lozada, quien a su vez, se vio obligado a irse del palacio de gobierno por el grito y la manifestación popular.
Por ahora hay calma. Y, quizás, una esperanza ciega. Con quien quiera que uno se tope en las calles de La Paz la teoría es que la calma es provisional y que todo empezará de nuevo una vez se instale el gobierno el próximo 22 de enero: ya sea el del líder cocalero Evo Morales, favorito en las encuestas, o el del conservador Jorge Quiroga.
Pero eso son especulaciones. El hecho es que este domingo 3,679,886 millones de bolivianos tienen la obligación de acudir a las urnas, porque acá el voto es obligatorio y quien no deposite su papeleta podría verse obligado a pagar una multa de 150 bolivianos, cerca de U$19 dólares. Una cifra considerable, sobre todo si se tiene en cuenta que en promedio, cada boliviano gana poco más de US$2 al día, el ingreso per cápita más bajo de toda la región.
El código electoral
Además, en los noventa días siguientes a la elección, el ciudadano que se ausente de la jornada electoral no podrá acceder a cargos públicos, recibir sueldos en empleos públicos, efectuar trámites bancarios ni obtener el pasaporte.
Arrancaron las votaciones en Bolivia.
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Pero eso no es todo. Este domingo está prohibido desplazarse en cualquier vehículo particular, oficial o de servicio público que no tenga una autorización de la Corte Nacional Electoral. Por eso las calles de La Paz y otras ciudades sólo se ve gente caminando o en bicicleta y uno que otro automóvil.
La gente debe inscribirse en la mesa electoral más cercana a su hogar y los viajes por vía terrestre a cualquier parte del país también están prohibidos. El código electoral además implanta la ley seca, la prohibición de manifestarse, de organizar huelgas y de portar armas punzantes o de fuego.
Los electores eligen nuevo presidente, nuevo congreso y por primera vez en su historia, prefectos regionales, o lo que en muchos países se conoce como gobernadores.
Para el presidente interino Eduardo Rodríguez, la democracia en el país está a prueba. El sábado, en un encuentro con la prensa extranjera aseguró que "lo que está en juego es el sistema democrático que hasta el momento hemos sabido preservar".
Bajo la Constitución boliviana si ningún candidato obtiene la mitad más uno de los votos, será el cuerpo legislativo el que decida en enero próximo entre las dos opciones más votadas.