Dos personas mueren por día en Argentina por no recibir un transplante de órganos.
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Apenas horas después de que una nueva ley convirtiera a todos los argentinos en donantes de órganos, salvo que manifiesten su voluntad en contrario, la polémica se hizo escuchar en las calles del país.
"Es una gran cosa", señaló a la BBC Luis, un vendedor ambulante de Buenos Aires, "porque de esta manera mucha gente que precisaba un órgano ahora lo tendrá".
Unas cuadras más adelante, Juan Carlos, vendedor de diarios, se mostró indignado con la decisión del Congreso: "¿Por qué deciden sobre mí? Nadie te puede obligar a ser donante".
La nueva ley, que fue impulsada desde el gobierno, establece que todos los ciudadanos argentinos mayores de 18 años son potenciales donantes de órganos y tejidos, a menos que expresen su negativa por escrito.
Responsabilidad
"(La ley) salvará muchas vidas. Hay 6.000 personas en lista de espera (9.000 si se toman en cuentan los que precisan un transplante de médula ósea) y mueren dos por día porque el órgano no llega", señaló el ministro de Salud de Argentina, Ginés González García, tras la votación de la ley en el Senado.
Hasta ahora, una persona debía dejar constancia que era donante en su documento de identidad, y cuando fallecía se le preguntaba a su familia si estaba de acuerdo con la donación.
Ahora la responsabilidad será de cada ciudadano, que deberá decidir si quiere ser o no ser donante.
Por eso, los defensores de la medida sostienen que la nueva ley no fuerza a las personas a convertirse en donantes, sino que los obliga a informarse.
Quejas
Pero muchas personas se quejan del hecho de que un cambio de esta envergadura no haya sido consultado a la ciudadanía.
Como señaló el diariero Juan Carlos: "Hace menos de un mes los argentinos fuimos a las urnas para votar legisladores, ¿qué les hubiera costado preguntarnos también si estábamos de acuerdo con esta ley?".
Unos metros al costado, su mujer, que prefirió no dar su nombre, contó a la BBC el caso de su sobrino que, luego de un accidente, estuvo en coma durante nueve días antes de que volviera en sí.
Los opositores de la nueva ley creen que incentivará el tráfico de órganos.
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"Todos los días los del INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) venían a preguntarnos si queríamos donar sus órganos. Hoy hace nueve años que sigue vivo".
El INCUCAI asegura que existe una perfecta distinción entre el coma cerebral y el estado vegetativo, y la muerte cerebral.
Otro riesgo sobre el cual advierten los opositores de la nueva ley es que incentivará el tráfico de órganos.
La Iglesia Católica, cuya opinión tiene mucha influencia en Argentina, también se opone a la nueva legislación, por considerar, entre otros puntos, que viola la libertad de las personas.
A pesar de todos estos cuestionamientos, que de por sí pueden ser muy válidos, hay una realidad que no se puede negar: en Argentina existen unas 9.000 personas que esperan un donante de órgano para poder seguir viviendo.