No existen nubes en la relación política entre EE.UU. y Brasil.
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Durante su gira sudamericana, las preguntas sobre Venezuela fueron la constante para el secretario de Defensa de Estados Unidos. Más discreto en Argentina, en Brasil se desahogó.
"No vine aquí a hablar de Venezuela; cuando viaje allá hablaré de eso", había dicho el martes en Buenos Aires el secretario de Defensa de Estados Unidos Donald Rumsfeld, en gira por varios países de América latina.
Tanto insistieron los periodistas en pedirle una opinión respecto de sus entredichos con el gobierno venezolano, que en Brasil Rumsfeld les dio el gusto y criticó las cuantiosas compras de armamento y aviones rusos que el presidente Hugo Chávez anunció hace menos de un mes.
"Yo no puedo imaginar por qué Venezuela necesita 100.000 rifles AK-47. Yo sólo espero, personalmente espero, que (la compra) no ocurra. Y no puedo pensar, que si se hace, sería algo bueno para el hemisferio", dijo el funcionario antes de reunirse con el presidente Lula da Silva en Brasilia.
Por primera vez un funcionario de primer nivel del gobierno de Bush emitió una opinión pública sobre un tema que sólo había generado versiones oficiosas en Washington.
"Ciertamente, estoy preocupado", dijo Rumsfeld. "No sé si (la compra) es firme", admitió el funcionario estadounidense, deseando que ésta no se concrete.
Confrontación
El presidente venezolano intensificó en las últimas semanas su retórica de confrontación con George W. Bush, al tiempo que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, lo calificó como una "fuerza negativa" en Latinoamérica, por su supuesto apoyo a los movimientos insurgentes bolivianos y a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Los anfitriones de Rumsfeld, en cambio, prefirieron no referirse al tema Venezuela. Ya en el gobierno de Lula habían adelantado que no responderían a las presiones estadounidenses contra Chávez, a quien estiman un presidente amigo.
"Brasil considera a Chávez como un presidente legítimamente electo, y no pretende perjudicar los canales de comunicación con el jefe de Estado de un país donde existen intereses de importantes empresas brasileñas como Vale do Rio Doce y Petrobras".
Palabras más, palabras menos, esa fue la posición que el ministro de la secretaria de la presidencia de Brasil, José Dirceu, expresó a Condoleezza Rice a principios de este mes en Washington.
No intervención
En la misma tónica, el ministro de Defensa y vicepresidente brasileño, José Alencar, dijo tras su reunión con Rumsfeld en Brasilia que su país "siempre defendió la no intervención en otros países".
Rumsfeld criticó las compras de armamento de Venezuela.
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El gobierno venezolano está negociando actualmente la compra de aviones militares brasileños por unos US$300 millones.
Además, gracias al acercamiento político de Lula y Chávez, Venezuela y Brasil han incrementado sus relaciones comerciales de una forma inédita. Por caso, Brasil le vendió el año pasado a Venezuela más de US$1.200 millones en productos y servicios, si bien el país caribeño sólo le vendió a cambio unos US$200 millones.
Por lo demás, la fugaz visita de Rumsfeld a Brasilia demostró que no hay nubes en la relación política entre el gobierno de Bush y el de Lula; éste mantendrá las tropas de paz que envió hace un año a pacificar a Haití, es un buen seguidor del decálogo del Fondo Monetario y un mimado de las multinacionales financieras.
A cambio, sólo se niega a condenar a Chávez y a declarar a las FARC como grupo terrorista, como hace rato pide Estados Unidos.