La huerta es un proyecto de rehabilitación de prisioneras.
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En una cárcel de mujeres en plena zona urbana de Montevideo, una azotea donde antes había un inmenso basural pasó a ser una huerta hidropónica donde decenas de presas cultivan verduras que alimentan a todo el penal y está en plena expansión.
En una jornada común, de adelanto veraniego en la primavera uruguaya, las rejas del establecimiento que aloja a 230 mujeres y 29 niños, se abrieron para conocer el hecho.
Lo primero que puede percibirse, aunque no registrarse, es el entusiasmo general.
Se trata de "una experiencia pionera", según dijo a BBC el promotor del proyecto, ingeniero agrónomo Martín Caldeyro.
Explicó que fue un desafío que se propuso, cuando las autoridades de la Dirección de Cárceles lo llamaron para llevar adelante la experiencia de una huerta hidropónica en una cárcel de Uruguay.
Vea imagénes de la granja
"Terapia que ilumina el alma"
El ingeniero Martín Caldeyro es el gestor del proyecto.
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Para Vanesa, de 26 años, con "una vida dura y tres años de reclusión", según confiesa, la actividad "me encanta. Nunca imagine que se podía hacer esto. Estoy fascinada".
Lo que además, combina con sus estudios, como más de la mitad de las internas.
Yanet, también de 26, dice que "esto es genial. Arriba (en la huerta), es otra cosa", mientras sueña cuando salga dedicarse a lo que aprendió sobre el cultivo hidropónico.
Hoy más de treinta presas cultivan lechugas, espinacas, berro, albahaca, cilantro, entre otros productos, que han mejorado la dieta carcelaria y están enviando a otras dos cárceles de Uruguay.
Para la directora del penal, Comisaria Margarita Hermida, el hecho que comenzó en mayo de este año, "es altamente positivo" y parafraseando a una presa 'es una terapia que ilumina el alma'.
Según afirma a la BBC, el mejor ejemplo es que estando a metros de la libertad, ninguna de las mujeres ha intentado siquiera evadirse.
Cultivando futuro
Las reclusas trabajan en este proyecto agrícola
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Alcides Aguirre, es Técnico Agrario y coordina las actividades.
Destaca el clima de convivencia y "lo lindo que es ver a las reclusas, que aunque hayan cometido algún delito, lo que a cualquiera le puede pasar, se desenchufan. Es como una válvula de escape. Realmente muestran interés y lo disfrutan y ven la posibilidad de volcarlo afuera, cuando salgan".
Como asociando lo de cultivar para el futuro, Facundo, de 6 años, 'preso' por capricho del destino, al ser hijo de una reclusa, también dedica su tiempo a la huerta y cuenta a BBC que 'planto lechugas, las corto y lavo'.
Y antes de felicitarlo y darle las gracias, nos dice: "gracias a todos los que nos escuchan", haciendo de la despedida una mezcla mayor de las emociones.