El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, y líderes parlamentarios llegaron este martes a las bases de un acuerdo sobre los asuntos que llevaron al mandatario a presentar su renuncia.
Los parlamentarios deberán decidir por mayoría simple si aceptan la renuncia de Mesa.
|
Fuentes parlamentarias aseguraron a la prensa local que se logró un consenso sobre un proceso de diálogo que requerirá una resolución del Congreso sobre la controvertida ley de hidrocarburos.
También se habló de convocar una asamblea constituyente y un referendo sobre autonomías regionales.
El Congreso debatirá la noche de este martes si acepta o no la renuncia presentada por el mandatario, quien declaró que no está dispuesto a seguir gobernando bajo el difícil clima político que vive en el país.
Uno de los principales líderes opositores, el diputado socialista Evo Morales, señaló que no está de acuerdo con que Mesa se vaya.
Se espera que los parlamentarios rechacen la renuncia.
Ley controvertida
Cientos de simpatizantes se han dado cita en la Plaza Murillo, donde está ubicado el Parlamento.
|
En el centro de la disputa se encuentra la Ley de Hidrocarburos, que involucra a las petroleras que operan en el país.
Morales viene exigiendo que en esta ley que se discute en el Parlamento figure un aumento del 18% al 50% en las regalías que pagan las empresas al Estado para producir crudo.
El Presidente Mesa ha subrayado una y otra vez que una medida así terminaría perjudicando a Bolivia, porque la "comunidad internacional está en contra."
En una conferencia de prensa con los medios extranjeros, Morales informó que los cortes de rutas seguirán hasta tanto no se apruebe el aumento en las regalías.
"Mientras el Parlamento no apruebe esta ley, las movilizaciones continuarán", sentenció Morales.
Las movilizaciones no son contra el presidente, son para que se apruebe la ley", añadió el diputado socialista.
Los analistas concuerdan en que, más allá de que el Parlamento eventualmente rechace la renuncia de Mesa, la intransigencia que ha venido demostrando Morales abre un panorama complicado a futuro.
Otro problema: el agua
Este no es el único problema que enfrenta el gobierno de Mesa. En la localidad de El Alto, ubicada doce kilómetros al oeste de La Paz, los opositores del presidente también han bloqueado varios caminos en los últimos días.
Evo Morales, señaló hace pocas horas que no está de acuerdo con que Mesa se vaya.
|
Al igual que durante la crisis de octubre del 2003, cuando renunció el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y asumió Carlos Mesa, entonces su vicepresidente, El Alto se ha convertido algo así como en el centro neurálgico del conflicto.
El Alto es una localidad de bajos ingresos, donde uno de los opositores de Mesa, Abel Mamani, encabeza desde el miércoles pasado un paro general de actividades.
En el centro de la disputa está la empresa Aguas de Illimani, que es controlada por la francesa Lyonnaise des Eaux.
Mamani y su gente exigen que el gobierno rompa el contrato con esta empresa, que está encargada del suministro de agua en El Alto y en La Paz, por considerar que su servicio es deficiente.
El gobierno sostiene que una ruptura del contrato acarrearía serios problemas para el país, entre ellos, un posible juicio por US$ 50 millones.
El fantasma de octubre del 2003
El gran temor de muchos aquí es que el conflicto entre el gobierno y la oposición termine desembocando en hechos de violencia como los vividos en octubre del 2003, cuando renunció el entonces presidente Carlos Sánchez de Lozada.
El presidente Mesa ha dejado claro que esta vez no se utilizará la fuerza para detener a los manifestantes.
Según declaró a la BBC la ministra de trabajo, Audalia Zurita, "queda únicamente el camino del diálogo, pero en la experiencia de los últimos meses, el diálogo ha sido infructuoso".
El gran temor de muchos es que el conflicto entre el gobierno y la oposición termine en violencia.
|
Algunos analistas señalan que si Morales no da marcha atrás en su demanda de una Ley de Hidrocarburos que contemple regalías del 50%, el presidente Mesa terminará renunciando irrevocablemente.
Bajo esas circunstancias, el mando del país pasaría a manos del presidente del Senado, Hormando Vaca Diez, quien debería completar el mandato presidencial que vence en agosto del 2007, o bien renunciar y que el presidente de la Corte Suprema llamase a nuevas elecciones.