Carlos Mesa, se ha visto forzado a presentar su renuncia agobiado por presiones desde todo tipo.
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Si alguien paseara por las calles de la ciudad de El Alto en Bolivia, seguramente encontraría un ambiente tenso, donde las protestas se han convertido en algo rutinario.
Esta ciudad fue uno de los principales centros de la protesta que llevó a Gonzalo Sánchez de Lozada a dejar la presidencia en octubre de 2003 y, desde entonces, sus habitantes han jugado un rol protagónico en la vida política y social de Bolivia.
Pero esta ciudad es sólo uno de los escenarios de las movilizaciones, la populosa y rica ciudad de Santa Cruz también hizo sentir en enero de este año el poder de la protesta y tuvo en jaque al gobierno.
Estas protestas llevaron al presidente Carlos Mesa al extremo de ofrecer su renuncia al Congreso, que finalmente fue rechazada.
¿Cómo pudo llegar Bolivia a esta situación?
Un gobierno cercado
Carlos Mesa asumió el gobierno de Bolivia con el compromiso de llevar a cabo un referendo sobre cómo utilizar las reservas de gas del país, uno de los catalizadores de la caída de Sánchez de Lozada; y la formación de una Asamblea Constituyente que ayude a refundar al país.
Llegó con la promesa de agotar todas las vías de diálogo y rechazar el uso de la violencia.
Casi desde el principio, su gobierno estuvo acechado por las protestas y presiones, además de una conflictiva relación con el Congreso, donde el gobernante, en su calidad de independiente, carecía de una agrupación política que le apoye.
A pesar de su alta popularidad, de acuerdo a las encuestas, el gobernante no pudo lograr la aprobación de una ley de hidrocarburos, que a su juicio, respetaba lo establecido por el pueblo boliviano en el referendo sobre el gas, uno de los pocos éxitos políticos que obtuvo en su año y casi cinco meses de mandato.
Los dirigentes de El Alto han exigido en los últimos dos años mayor atención de las autoridades .
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Tampoco logró aplacar las presiones de diferentes sectores y vio como Bolivia corría el riesgo de desmembrarse luego de que las agrupaciones cívicas de Santa Cruz amenazaran con proclamar la autonomía.
Dos caras de una moneda
Las protesta de los cívicos cruceños y las efectuada en forma casi constante por los ciudadanos alteños, de alguna manera representan la polaridad en la que se ha visto sumido este país andino.
Por un lado, El Alto es una de las ciudades más pobres del país. Creada hace 20 años, muchos de sus habitantes son ex mineros o descendientes de ex mineros que perdieron sus empleos durante las reformas iniciadas en 1985.
Sus dirigentes vecinales han protestado en los últimos dos años exigiendo mayor atención de las autoridades y representan el símbolo de lo que muchos en Bolivia llaman la resistencia contra las empresas transnacionales.
En otras palabras, sus habitantes son posiblemente el claro ejemplo de una Bolivia que durante siglos ha visto la explotación de sus inmensos recursos naturales, muchas veces por capitales extranjeros, sin que los beneficios hayan llegado a los sectores más vulnerables.
Santa Cruz es su polo opuesto, el pulmón económico de Bolivia y centro de una de las regiones de mayor dinamismo del país, por sus riquezas naturales tanto en el campo de la agricultura como en el de hidrocarburos y minería.
Polos opuestos
Sus dirigentes defienden abiertamente la iniciativa privada y que el país se abra al capital extranjero. Muchos de ellos consideran que el país no puede aislarse del contexto internacional, caracterizado por la globalización económica.
A pesar de su alta popularidad, Mesa no pudo lograr la aprobación de una ley de hidrocarburos.
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El presidente Mesa finalmente tuvo que manejar un balance entre estas dos fuerzas que en más de una ocasión lo dejaron contra la pared y que finalmente lo llevaron a presentar su renuncia.
En su mensaje el gobernante afirma que no puede adoptar exigencias de nacionalización que - a su entender - dejarán aislado al país y en una situación aún mucho peor.
Pero también critica a las élites de Santa Cruz por exigir autonomía pero no apoyar lo que él considera fueron acciones concretas de su gobierno para descentralizar áreas como la educación y la salud para favorecer el proceso autonómico en Bolivia.
Más allá del rechazo de la renuncia por parte del Congreso, éste es un capítulo más de una historia turbulenta en la que distintos sectores en Bolivia apuntan a reivindicaciones a veces históricas a veces contradictorias, dejando a cualquier gobernante boliviano con un margen estrecho de maniobra.