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Lunes, 26 de septiembre de 2005 - 22:04 GMT
Auge y caída de Sendero Luminoso
Javier Farje
Javier Farje
BBC Mundo

Abimael Guzmán y su compañera Elena Iparraguirre .
Guzmán al inicio de su juicio en noviembre de 2004 junto a su compañera Elena Iparraguirre.

En los años cincuenta, la izquierda peruana experimentó un proceso de atomización ideológica que la dividió en tres campos: los moscovitas, los maoístas y los trosquistas.

Esa división se alimentó de peleas personales e interpretaciones antojadizas de la forma en que había que hacer la "revolución".

En realidad, las disputas internas de la izquierda peruana tenían muy poco que ver con la realidad del país, el Perú de grandes latifundios, gobiernos de derecha y golpes militares; más bien había que buscar puntos de referencia en Moscú o Pekín mientras que en las montañas andinas, miles de campesinos languidecían en comunidades abandonadas e inexistentes a los ojos del estado.

Los únicos intentos de lucha armada en los años sesenta terminaron de forma violenta y efímera, con guerrilleros desprovistos de arsenales, huérfanos de apoyo popular, e imbuidos de una ingenuidad tan conmovedora como suicida. Los pocos que fueron terminaron muertos, encarcelados o, en el mejor de los casos, olvidados.

En 1968, el régimen militar que derrocó al gobierno democrático de Fernando Belaunde inició una serie de reformas sociales que desconcertaron a una izquierda que se sentía dueña del monopolio de los cambios.

Mucha gente que se suscribía al socialismo más radical decidió sumarse al proceso mientras que otros adoptaron una actitud más cauta y desconfiada. Mientras tanto, los maoístas se seguían fragmentando y reinventándose con nombres que solían tener más siglas que militantes.

Los inicios

Abimael Guzmán.
El líder de Sendero Luminoso fue puesto tras las rejas en 1992.
Es 1970, un pequeño grupo de maoístas se sublevó en la universidad San Cristóbal de Huamanga, en la ciudad andina de Ayacucho, contra la reforma educativa del gobierno militar. Uno de los organizadores fue el llamado Partido Comunista del Perú.

Teniendo en cuenta que no era el único "Partido Comunista del Perú", pues todos los grupos, maoístas o "moscovitas", se sentían con el derecho de llamarse así, quienes trataban de diferenciar a uno del otro recurrían al apelativo más fácil.

En el caso de los rebeldes ayacuchanos, se recurrió al slogan de los estudiantes de la universidad de Huamanga, que hablaban del "sendero luminoso de Mariátegui", por José Carlos Mariátegui, considerado como el fundador de las ideas socialistas peruanas.

Abimael Guzmán se convirtió en líder máximo de una ficticia república popular con el título de presidente Gonzalo.

Las inevitables divisiones internas las trataba con mano dura y una retórica que reinventaba el idioma con referencias propias de una secta: "desarraiguemos las hierbas venenosas, eso es veneno puro, cáncer a los huesos, nos corroería; no lo podemos permitir, es putrición (sic) y siniestra pus" decía Guzmán, agitando el puño.

Minúsculo

Su primera acción "armada" fue la destrucción de algunas ánforas de votación en una remota población durante las elecciones de 1980. Días antes, la población de Lima amaneció entre temerosa y divertida ante un espectáculo extraño: Sendero había colgado perros muertos en varios postes de luz con cartelones que mostraban consignas asiáticas: "Teng Siao Ping, Hijo de Perra"
Sendero era un grupo pequeño. "Siempre fueron pocos. Quisieron ser pocos" dice el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, creada por el gobierno de Alejandro Toledo para suturar las heridas de esos años de barbarie.

Pero de esa pequeñez numérica surgió la multiplicación, ya que de una veintena de estudiantes huamanguinos de clase media Sendero llegó a tener casi 3.000 militantes en su momento de mayor apogeo, en 1990.

Y mientras otros grupos de izquierda hablaban de la mejor forma de hacer la revolución armada, sin atreverse a traducir esas discusiones en fusiles y células jerarquizadas, los senderistas decidieron tomar la cosa en serio.

Su primera acción "armada" la constituyó la destrucción de algunas ánforas de votación en una remota población ayacuchana durante las elecciones de 1980, en las que Fernando Belaunde fue reelegido.

Días antes, la población de Lima amaneció entre temerosa y divertida ante un espectáculo extraño: Sendero había colgado perros muertos en varios postes de luz con cartelones que mostraban consignas asiáticas: "Teng Siao Ping, Hijo de Perra" y "Viva la Revolución Cultural".

Crueldad indiscriminada

Masacre de Mazamari, Perú
Sendero Luminoso fue responsable de sangrientas acciones armadas.
Lo que siguió fue más allá de la retórica acalorada de maoístas sectarios. El Perú se convirtió en años de muerte, con matanzas de aquellas comunidades andinas que no se ceñían a la rigidez cruel del maoísmo de Gonzalo.

Su estatus subió en la medida en que la llamada lucha armada aumentaba las estadísticas de las morgues ayacuchanas. Se convirtió en "la cuarta espada", precedido por Marx, Lenin y Mao.

La propia Lima, alejada de la marginación campesina de los andes, sufrió las consecuencias del arrebatado mesianismo de sendero, con coches bomba y una matanza de grandes proporciones en un concurrido centro comercial de Lima, el 16 de julio de 1992.

La respuesta del estado no careció de la misma crueldad: matanzas de campesinos acusados de ayudar a sendero, escuadrones de la muerte, eliminación sistemática de derechos democráticos.

El final

Por fin, la captura de Abimael Guzmán y su plana mayor en una casa limeña, luego de un fatigoso pero efectivo trabajo de inteligencia, el 2 de septiembre de 1992 puso fin a la hegemonía minoritaria de Sendero Luminoso.

Abimael Guzmán y sus cómplices, que en el pasado trataron de interrumpir juicios gritando consignas traducidas de la ya olvidada Revolución Cultural china, volverán a sus celdas resignados a su nueva realidad: que fueron condenados por jueces que dieron la cara
El entonces presidente, Alberto Fujimori, que había cerrado el parlamento y enviado a su casa a sus miembros, en un autogolpe de estado que trató de justificar con forzadas referencias a la ineptitud del sistema parlamentario, usó la captura de Guzmán para destacar los "logros" de una gestión condenada por las más respetadas organizaciones de defensa de los derechos humanos.

El mismo Fujimori decidió que las cortes penales no le servían e inventó las militares, en las que jueces uniformados enmascarados sentenciaban a los senderistas en juicios sumarios sin mayor derecho a la apelación.

Por ello, el llamado "mega juicio" que comenzó este lunes 26 es una corrección de métodos y una reivindicación de la democracia. Nada nuevo surgirá de esto, ya se sabe todo, dice Carlos Tapia, especialista en Sendero y miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Pero a pesar de esta certeza, Abimael Guzmán y sus cómplices, que en el pasado trataron de interrumpir juicios gritando consignas traducidas de la ya olvidada Revolución Cultural china, volverán a sus celdas resignados a su nueva realidad: que fueron condenados por jueces que, por lo menos, esa vez sí dieron la cara.

ESCUCHE/VEA
Maoismo en Perú: ascenso y caída
BBC Enfoque 27.09.05



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