"La política nos está dejando sin trabajo", se queja uno de los taxistas que transportan pasajeros desde San Antonio del Táchira, en Venezuela, hasta Cúcuta, del lado colombiano.
El comercio entre Colombia y Venezuela ha caído desde el inicio de la crisis.
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Ese paso fronterizo solía ser uno de los más activos de la frontera entre los dos países.
Pero desde que los gobiernos de Venezuela y Colombia se enfrentaron por el supuesto secuestro en Caracas del guerrillero Rodrigo Granda, la gente de la frontera empezó a perder plata.
"Yo antes hacía hasta cuatro viajes diarios, ahora sale uno o dos", se queja el taxista.
Aparte de la guerra verbal entre Caracas y Bogotá, todos los días aparecen informaciones alarmantes.
Así, por ejemplo, un día los diarios de la zona publicaron que la frontera había sido cerrada. Otro día se habló de la movilización de tropas.
Estas dos informaciones fueron desmentidas por las autoridades y por los hechos, pero igual lograron el efecto de mantener a mucha gente bien lejos de la frontera, "por si acaso".
"Vikingos en la maletera"
La actividad fronteriza también ha disminuido.
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Una de las medidas que tomó Venezuela para demostrar su disgusto con Colombia fue suspender la venta de combustibles en las llamadas "gasolineras binacionales".
Y es que en Colombia, la gasolina y el diesel son por lo menos seis veces más caros que en Venezuela. En las gasolineras binacionales, los colombianos pueden -o podían- abastecerse a un precio más razonable.
Con las gasolineras cerradas, resurgió -porque nunca se había acabado- el contrabando de gasolina hacia Colombia.
El tráfico se hace en vehículos de ocho cilindros - algunos con más de 25 años de antigüedad- que en Venezuela llenan el tanque y la maletera con gasolina.
"Usan lo que llaman vikingos para cargar gasolina", cuenta Omar, un habitante de la zona.
Es una bolsa de plástico, diseñada para almacenar y transportar agua, a la que le caben hasta 100 litros de líquido.
Aparte del peligro que entraña transportar gasolina en esas condiciones -de hecho, ha habido varios accidentes- el contrabando de combustible implica otras exigencias.
"Tienen que pasarle algo al de la bomba (gasolinera) para que les llene el vikingo y en la frontera tienen que arreglarse con los Guardias Nacionales", explica Omar.
"Si usted tiene plata, pasa lo que sea", dice el taxista de San Antonio.
Naturalmente, el soborno a funcionarios de uno y otro lado es otro de los negocios de la frontera que se ha visto mermado por estos días.
"Se acabaron los atracos"
Mientras los gobiernos se enfrentan por la supuesta presencia de "terroristas" de uno y otro lado en el país vecino, la gente de la frontera cuenta cómo los protagonistas del conflicto colombiano actúan en Venezuela.
Un ganadero de Ureña, del lado venezolano, explica que "no hay manera de saber si los que pasan por mi finca son guerrilleros o paramilitares o campesinos".
"Ellos tienen a Venezuela como un colchón. Cuando la cosa se pone complicada por allá, ellos se visten con ropa normal y se vienen para este lado", dice.
La guerra verbal entre Colombia y Venezuela ha causado alarma en la frontera.
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Cuenta también que a su finca llegan hombres armados a cobrarle protección. "Una vez se robaron un tractor y ellos (los hombres armados) me lo devolvieron como a la semana. Les pagué dos millones y medio de bolívares (US$ 1.000)".
"Nosotros le estamos pagando vacuna (protección) a los paramilitares", dice el taxista casi despreocupadamente.
"Todos los meses nos cobran diez mil bolívares (US$ 4) por carro y así a todas las líneas de taxi que hacen viajes para Cúcuta", explica.
Agrega que los paramilitares también actúan en los pueblos y ciudades fronterizas ejecutando a delincuentes y a sospechosos de colaborar con la guerrilla. "Eso sí, se acabaron los atracos en la autopista", apunta.
"Por eso la Guardia (Nacional) y el ejército se hacen los locos, porque los paramilitares les están haciendo el trabajo", remata el ganadero.