Tom Ridge (izq.) y Santiago Creel discutieron temas de seguridad fronteriza.
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El secretario de Gobierno de México, Santiago Creel, y el saliente secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Tom Ridge, se reunieron en California para discutir asuntos de seguridad fronteriza.
El encuentro ocurrió en el marco de la polémica propuesta del presidente estadounidense, George W. Bush, para reformar las leyes migratorias y crear un sistema de trabajadores huéspedes.
El programa regularizaría la situación de millones de inmigrantes mexicanos indocumentados, pero enfrenta una fuerte oposición en el Congreso de Estados Unidos.
Sin embargo, el foco de la reunión de este lunes fue el trabajo de las dos naciones para controlar el flujo de drogas ilícitas y el tráfico de seres humanos a través de su frontera común.
Responsabilidad compartida
Al encontrarse en la localidad de Caléxico, California, Creel y Ridge prometieron mantener abiertos las 24 horas algunos de los cruces fronterizos más transitados.
Esto implica la introducción de tecnología más avanzada para acelerar el paso y reducir las filas.
Según un comunicado del gobierno mexicano, los secretarios acordaron reforzar las acciones para consolidar y modernizar las medidas de la Alianza para la Frontera, que son infraestructura segura, flujo seguro de personas y flujo seguro de bienes.
Una de las medidas busca agilizar el paso en algunos cruces fronterizos.
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Subrayaron que con base en la responsabilidad compartida, confianza mutua y respeto a la soberanía, ambos países han alcanzado un nivel de entendimiento y cooperación.
Confirmaron que Estados Unidos y México están convencidos de que la Alianza para la Frontera se mantendrá como un sólido cimiento de colaboración binacional en materia de seguridad.
Tema apremiante
Pero ambos funcionarios dijeron estar conscientes de que el plan del presidente Bush para introducir el programa de trabajadores huéspedes es un tema apremiante tanto en México como en Estados Unidos.
La propuesta permitiría a algunos inmigrantes mexicanos permanecer entre tres y seis años en el país vecino si tienen contratos de trabajo.
Sin embargo, el gobierno de México quiere que se incluyan garantías para una eventual ciudadanía, algo que Bush ha descartado.
El plan en sí tiene opositores del Partido Demócrata, que argumenta querer conservar el empleo de los estadounidenses, y del partido Republicano, que está preocupado con las posibles implicaciones para la seguridad.
Algunos congresistas insisten en que el programa de trabajadores huéspedes alentaría la inmigración ilegal y, por ende, amenazaría la seguridad interna de Estados Unidos.
Hace una semana, el presidente Bush aseguró que invertiría capital político en lograr la aprobación del plan en el Congreso. El gobierno mexicano está a la espera de los resultados.