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Martes, 6 de septiembre de 2005 - 21:30 GMT
El creador de reyes
Sergio Vesely en los años 70
Vesely comenzó a componer cuando estaba detenido.
Sergio Vesely estaba preso en el centro de prisioneros de Puchuncaví cuando comenzó a hacer canciones. Tenía 22 años y su primera inspiración fue el nacimiento de un bebé en el recinto. Fue algo inesperado, que marcó profundamente a quienes estaban detenidos allí.

Vesely siguió componiendo. Escribía sus creaciones en pequeñas hojas de papel que un compañero le regalaba. Cuando lo visitaban, sus padres escondían estos manuscritos mínimos entre la ropa que se llevaban para lavar.

Este "contrabando lírico" le permitió salvar sus canciones del olvido. Cuando llegó al exilio en Alemania -país en el que aún reside- reunió las canciones de sus días de prisionero en un disco titulado "Documento".

Las siguientes son las historias de algunas de las canciones que escribió en el campo de Puchuncaví.






El rey negro

Una noche llegó al campo una mujer embarazada que estaba teniendo un parto prematuro. Se había desplazado a pie y tenía que pasar frente al campo para llegar al pueblo de Puchuncaví donde había un practicante. Pero las fuerzas no le dieron más y golpeó las puertas del recinto.

En Puchuncaví
Campo de prisioneros de Puchuncaví
El bebé nació en el campo y fue algo maravilloso para los que estábamos presos

El bebé nació allí y fue algo maravilloso para los que estábamos presos. Era una niñita e hicimos una cola enorme para conocerla. Le dábamos a la madre pequeños regalos, papelitos con buenos deseos, lo que se nos ocurría.

Al día siguiente las dos se marcharon, pero para nosotros fue algo tan marcador que decidimos hacer un acto para celebrar el nacimiento. Ahí fue cuando se me ocurrió hacer una canción y para poder cantarla en el campo inventé una metáfora.

La canción habla de un rey negro que existió hace mucho tiempo, que era bueno y vivía con su pueblo y todos lo querían. Pero cuando yo me hago adulto lo pierdo, se me va, desaparece. Entonces al final le digo a esta criatura que ahora le llegó a ella la hora de ir a buscarlo y contarle que yo aún lo llevo conmigo en mi maleta, pero no lo puedo ver más.

Y que estoy triste porque no voy a volver a vivir esa experiencia íntima de la época en que uno creía en ideales. Yo fui torturado y eso me cambió la existencia.

Yo escribí durante muchos años poemas y prosa relacionados con esa historia. Hasta que se dio la oportunidad en que unos estudiantes de cinematografía alemanes se fueron conmigo a Chile porque querían filmar mi historia en los campos de concentración como cantante.

La idea de ellos era justamente ir a buscar a esta mujer. Y nos fuimos al pueblo a preguntar casa por casa, hasta que encontramos a alguien que sabía toda la historia y llegamos a ella y fue un momento mágico. Además yo no lo sabía, pero la mamá le puso el nombre de Melinka, que era como se conocía el campo, para demostrarle a los militares que ella estaba orgullosa de haber dado a luz en ese lugar.


Canción de amor a una desaparecida

Yo escribí esta canción para Daniela, que era mi pololita, mi novia. Yo la amaba mucho. Ella desapareció después del golpe y fue algo muy trágico para su familia y para todos nosotros.

Yo tuve la gran suerte de sobrevivir a todo eso; entonces en esa canción va mezclado todo lo que ella significaba para mí como mujer con la amargura de saber que no había sobrevivido esta historia.

Y eso creo que se manifiesta en esos quiebres de la canción. Por eso la armonía es tan inestable.


La golondrina del valle

Esta historia es muy hermosa, muy musical, porque las golondrinas eran visitantes del valle de Puchuncaví. El campo de detenidos estaba rodeado por una alambrada de púas, que era, si se quiere, para quien lo miraba a la distancia como un pentagrama.

Estas golondrinas no tenían respeto por estas construcciones de los militares y se posaban en estos alambres y cambiaban siempre de posición. Y yo que era un tipo bastante romántico a veces me sentaba y me ponía a ver cómo se desplazaba esa melodía artificial que te venían escribiendo estas golondrinas para sacarte un poco de ese mundo, para llevarte a otras dimensiones.

Entonces, esa canción está dedicada a ellas y hay un pedido para que vayan a buscar a otras compañeras porque falta otra para llenar un pedacito de acorde.


El rey Ñaca Ñaca

Mientras estuve preso, yo escribí varias canciones infantiles. Había un día al mes en que la Vicaría de la Solidaridad traía en un bus desde Santiago a los hijos de los presos para que compartieran con sus padres.

Carátula del disco de Sergio Vesely
Las canciones que Vesely compuso estando prisionero están recopiladas en un disco titulado "Documento".
Llegaban esos niños y había que hacer algo para entretenerlos. Entonces los que éramos más jóvenes y no teníamos hijos, nos dedicamos a hacerles un programa. E hicimos títeres que eran bastante representativos de la vida del recinto.

Una de esas figuras era Ñaca Ñaca, que era un rey malo y les decía cosas feas a los niños, los insultaba. Era como los militares, los que daban las órdenes, intransigente, se creía el dueño del mundo.

Hasta que un día un niño agarró una piedra y se la tiró a Ñaca Ñaca y nos cayó la piedra en la cabeza. Entonces nos dimos cuenta de que se había creado como una resistencia a ese personaje.

Al fin hicimos una obra de teatro con todas esas imágenes del mundo infantil que habíamos creado con los niños y ahí fue cuando nació esa canción al rey Ñaca Ñaca.



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