Perú inició el Año Nuevo con la toma de una comisaría por un grupo armado, que dejó al menos cuatro policías muertos y varios heridos.
El responsable del asalto es el Movimiento Etnocacerista -dirigido por un ex militar e integrado en su gran mayoría por reclutas del Ejército-, que reclama la renuncia del presidente, Alejandro Toledo.
Desde Perú, el periodista Luis Jaime Cisneros analiza el escenario en el que se produce el asalto y la amenaza que puede implicar para el gobierno.
La rebelión que estalló en Perú el primer día del año no tiene
posibilidad alguna de lograr su principal cometido: la renuncia del jefe de
Estado.
La asonada que lidera el mayor en retiro Antauro Humala, al mando de por
lo menos 150 hombres del minoritario movimiento nacionalista Etnocacerista,
es un hecho aislado y marginal que carece de respaldo popular.
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A pesar de que militarmente no tendrá éxito, la repercusión mediática le
ha permitido (a Antauro Humala) una victoria política pírrica al conseguir lo que buscaba: colocar en primer plano a un movimiento que había desaperecido de las páginas de la prensa
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A pesar de que militarmente no tendrá éxito, la repercusión mediática le
ha permitido una victoria política pírrica al conseguir lo que buscaba: colocar en primer plano a un movimiento que había desaperecido de las páginas de la prensa.
Los sucesos se producen en momentos en que el ejército peruano sacó de sus
filas al líder histórico de esa agrupación, el comandante Ollanta Humala,
agregado militar de Perú en Corea del Sur, hasta hace tres días.
Ollanta Humala fue pasado al retiro junto a 269 oficiales como parte de
las podas anuales que hace el Ejército de Perú, aduciendo la renovación de
sus filas por causales que van desde límites de edad hasta faltas disciplinarias y decisiones políticas.
El antecedente de este episodio fue una carta enviada el 18 de diciembre pasado por el comandante Humala, al nuevo jefe del Ejército, Luis Muñoz, donde lo acusa de corrupto por haber estado presuntamente vinculado con el hoy encarcelado Vladimiro Montesinos, ex asesor de inteligencia del
régimen de Alberto Fujimori (1990-2000).
Ollanta Humala es el mismo militar que en octubre del 2000 se rebeló y exigió la dimisión de Fujimori, hasta que se entregó a las autoridades.
En ese sentido, la rebelión de su hermano usa como pretexto denuncias de corrupción en el interior del Ejército peruano y la impopularidad del presidente Alejandro Toledo (a quien algunos soldeos le dan entre el 10% y el 12% de aceptación) para reclamar la renuncia del mandatario y su reemplazo por el vicepresidente David Waisman.
En busca del apoyo indígena
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La rebelión ha servido para que la clase política peruana cierre filas en defensa de la democracia, lo que permitirá a Toledo sortear con mejor pie los 18 meses que le restan para dejar el poder a su sucesor
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La rebelión tiene su epicentro en Andahyuaylas, una de las provincias más
pobres de Perú y cuna del escritor José María Arguedas, emblemático representante del indigenismo peruano.
Antauro Humala se proclama seguidor de la revolución "boliviarana" del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Los Humala reivindican el indigenismo, denuncian "la invasión de
capitales extranjeros" y defienden a los campesinos cocaleros, lo que les ha
valido acusaciones del gobierno de estar ligados al narcotráfico.
A pesar de que en Perú la población indígena es mayoritaria, ésta no está organizada políticamente, por ello los Humala apuntan a este sector para lograr su apoyo.
La rebelión ha servido para que la clase política peruana cierre filas en defensa de la democracia, lo que permitirá a Toledo sortear con mejor pie los 18 meses que le restan para dejar el poder a su sucesor, en julio del
2006.