La noche del jueves ya se podía sentir en Buenos Aires el espíritu de fiesta que envuelve a la ciudad cada fin de año.
El incendio dejó atrás el clima festivo de fin de año.
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Las calles céntricas se encontraban cubiertas de papeles que habían arrojado los oficinistas en el último día hábil del año.
Los bares, restaurantes y discotecas porteñas se llenaban de gente como si más que jueves fuera viernes.
De un minuto a otro, el clima festivo se ensombreció.
El panorama que se vivía esta madrugada frente al local de baile República Cromagnon, en el barrio de Once, era dantesco.
Familiares de las víctimas se mezclaban con enfermeros, polícias y bomberos en un caos de gente que copaba varias cuadras.
Incredulidad e indignación
Luego, esas escenas de desesperación se trasladaron a los hospitales y morgues de la ciudad.
Muchas personas todavía no han podido dar con sus familiares y reclaman más información por parte de las autoridades.
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De un minuto a otro, el clima festivo se ensombreció...La sensación general es una de incredulidad e indignación.
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Los noticieros de radio y televisión transmiten de corrido, desde varios puntos de la ciudad, dando a conocer los nombres de los heridos que se encuentran internados en los diferentes hospitales.
La mayoría de los porteños recién se enteró de la tragedia, esta mañana, al abrir el diario o encender la televisión.
Basta caminar unas pocas cuadras por cualquier calle de Buenos Aires para escuchar más de una conversación o comentario sobre el incendio.
La sensación general es una de incredulidad e indignación.
Interrogantes
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Los interrogantes, por ahora, son muchos: ¿existía una guardería para niños en uno de los baños de la discoteca? ¿Qué pasó con las salidas de emergencia del local y con las medidas de seguridad?
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Lo que más llama la atención es la dimensión de la tragedia.
La última vez que algo así sucedió en Buenos Aires fue once años atrás, también en el mes de diciembre.
Entonces, 17 jóvenes murieron en el incendio de la discoteca Kheyvis, en el barrio de Olivos.
El saldo de muertos en el incendio de este jueves es, hasta el momento, el doble del que produjo el atentado contra la mutual judía, AMIA, en 1994.
Los interrogantes, por ahora, son muchos: ¿existía una guardería para niños en uno de los baños de la discoteca? ¿Qué pasó con las salidas de emergencia del local y con las medidas de seguridad?
Durante las próximas horas, algunas de estas preguntas sin duda irán encontrando respuestas, pero una cuestión es clara: el 30 de diciembre de 2004 será una fecha que quedará marcada en la memoria de los argentinos.