Un grupo de hombres disparó contra un autobús de la ruta urbana de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, hacia el barrio de Chamelecón, dejando sin vida a 26 personas e hiriendo a más de otras 20.
La mayoría de las víctimas regresaban de sus trabajos o iban de compras al centro de la ciudad.
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De los fallecidos, 16 eran mujeres, seis hombres y cuatro niños.
Según testigos de la tragedia, los atacantes portaban armas de grueso calibre, al parecer fusiles AK-47 y M-16.
El ataque fue llevado a cabo el jueves al anochecer por siete u ocho individuos que viajaban en dos vehículos y que obligaron al conductor del autobús a detenerse, antes de comenzar a disparar indiscriminadamente.
Según las autoridades, poco después se logró el arresto de un miembro de la pandilla Mara Salvatrucha, quien presuntamente participó en el ataque.
Un aviso al gobierno
Los agresores dejaron en el lugar un mensaje escrito a mano donde critican las políticas del gobierno contra la delincuencia y el apoyo a la pena de muerte.
El aviso amenaza, además, al presidente de Honduras, Ricardo Maduro, y al presidente del Congreso, Porfirio Lobo.
Maduro ofreció una recompensa para dar con los autores de la masacre.
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También advirtieron a los pobladores que si respaldan la pena de muerte que impulsa el Congreso "van a ser las próximas víctimas" de ataques similares.
Mientras las autoridades de salud identifican a los cadáveres, decenas de familiares y amigos de las víctimas demandan información en las afueras del hospital donde son atendidas.
El presidente Maduro se trasladó a San Pedro Sula para conducir la búsqueda de los responsables.
El gobierno ofreció una recompensa de más de US$55,000 por información que conduzca a los atacantes.