Varias organizaciones campesinas tienen al país en vilo. Realizaron movilizaciones y ocupaciones de tierra en el centro y norte del país, paralizando la producción y ocasionando pérdidas superiores a US$100 millones según cálculos extraoficiales.
Lea la nota en forma convencional o navegue a través de los vínculos.
El contexto hoy
El gobierno -que en un principio reaccionó en forma tibia a las medidas de presión- ha respondido a las protestas, en las últimas semanas, con fuertes represiones y miles de detenciones.
El conflicto ya ha ocasionado varias muertes, entre ellas la de un joven policía.
Algunas autoridades se han referido a los campesinos como "guerrilleros" debido a que muchos de ellos portan palos - el símbolo de la lucha campesina - y cubren sus rostros.
También acusan a los dirigentes de utilizar a gente desesperada como carne de cañón.
Las organizaciones campesinas rechazan estas acusaciones y, a su vez, reclaman al gobierno más sensibilidad social.
La raíz de la protesta
Desde que se instaló la democracia en Paraguay en 1989, los campesinos venían realizando protestas que se desarrollaron en forma pacífica.
Al menos dos veces al año, miles de labriegos de todo el país llegaban a la capital con sus reclamos y se retiraban de forma silenciosa.
Este año, cambiaron su actitud e iniciaron una campaña de ocupaciones de tierra. En menos de tres meses, organizaron más de setenta invasiones e impidieron que muchos productores plantaran soja o cosecharan sus cultivos.
¿Qué los llevó a cambiar su estrategia? El avance de la agricultura mecanizada por, un lado, y la pérdida de empleos por el otro, llevaron a mucha gente a una situación desesperada.
De un total de casi 6 millones de habitantes que tiene Paraguay, 2 millones viven en extrema pobreza. La mayoría reside en el campo.
Un elemento que contribuyó al creciente malestar fue el avance de colonos brasileños. Según estimaciones de la embajada del Brasil en Paraguay, existen 500.000 de sus nacionales asentados en las zonas agrícolas más productivas del país.
La toma de la tierra
Según López, las ocupaciones son el único modo que tienen muchos paraguayos de recuperar tierras.
|
Ángel Jiménez López, dirigente de la ONAC, la Organización Nacional Campesina, habló con la BBC sobre el significado del asentamiento de colonos brasileños en Paraguay.
"La llegada de los extranjeros despertó malestar porque significaba la imposibilidad de recuperar las tierras a favor del que las estaba pretendiendo", señaló López.
Además, utilizó una metáfora para ilustrar la desesperación de mucha gente. Comparó la tierra con un asado: "Mientras esté la carne allí, puedo reclamar: 'quiero comer esa carne', pero cuando veo que se la come otro, de repente, me doy cuenta que si no me ocupo de tomarla, me la sacarán definitivamente".
El trámite promedio para conseguir tierras dura entre 12 y 15 años.
"El interesado esta haciendo gestiones durante años y de repente aparece un brasileño con un montón de plata y compra la tierra. ¿Qué puede hacer? La única posibilidad es amedrentar al que viene ocupándole su tierra, quemándole su rancho y su tractor (...)".
"La gente quiere defender lo que siente como su propia tierra. Por eso las ocupaciones masivas. Los brasileños están dispuestos a pagar hasta dos mil dólares por hectárea, cuando el campesino y el Estado solo podrían pagar 400", agregó López.
El papel de las ocupaciones
 |
El 95% de los asentamientos son el resultado de la conquista de la ocupación de la tierra
|
Durante años la política del gobierno alentó las invasiones, posiblemente sin quererlo.
Luis Aguayo, secretario general de la Mesa Coordinadora de Organizaciones Campesinas (MCNOC), explicó a la BBC que una gran parte de las 2000 hectáreas que su organización logró recuperar en la última década se consiguió por medio de ocupaciones.
"El Instituto de Bienestar Rural y otras instituciones se han convertido en grandes depósitos de documentos. No dan ninguna solución, pero tenemos una experiencia importante en Paraguay. El 95% de los asentamientos son el resultado de la conquista de la ocupación de la tierra", indicó Aguayo.
Aguayo explicó que durante el gobierno militar (1947-1989) más 12.000 hectáreas fueron concedidas ilegalmente y que, a pesar de que presentaron 22 denuncias ante la Procuraduría General, las investigaciones no prosperaron.
Las tierras son apenas una parte de la solución. Los campesinos exigen un plan de desarrollo sustentable pero se quejan de ser excluidos de las grandes decisiones nacionales.
"Ojalá que cuando mis hijas sean mayores de edad puedan vivir en una sociedad más justa, mas fraterna donde el ser humano prime sobre el capital y no el capital sobre el ser humano", señaló Aguayo, uno de los principales dirigentes de las movilizaciones campesinas.