La policía constantemente realiza operativos en zonas consideradas peligrosas.
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El gobierno de Brasil está ofreciendo a sus ciudadanos dinero por armas como parte de una iniciativa para reducir los crímenes violentos.
Por una pistola está ofreciendo US$33, mientras que por un rifle de asalto US$100.
Cualquier persona puede entregar un arma hasta finales de año sin el temor de ser interrogado o acusado por su posesión.
De acuerdo a un informe de Naciones Unidas, Brasil tiene el cuarto índice más alto de asesinatos en el mundo. Sólo el año pasado murieron en crímenes violentos 40.000 personas.
Plan exitoso
El gobierno brasileño afirmó que invertirá US$3,3 millones en el programa desde ahora hasta el mes de diciembre con la esperanza de sacar de las calles unas 80.000 armas.
Sin embargo, existe preocupación debido a que la iniciativa podría beneficiar económicamente a aquellas personas que poseen armas ligadas a crímenes.
Aún así, los activistas a favor del desarme aseguran que los peores criminales no tendrán interés en entregar sus armas y que la medida realmente está enfocada en ciudadanos honestos, que poseen armas de bajo calibre sin una licencia apropiada.
La iniciativa ya fue aplicada en el estado de Paraná, donde en un lapso de cinco meses, las autoridades recolectaron 20.000 armas. Además, los crímenes violentos disminuyeron 30%.
Leyes más rigurosas
El programa de compra de armas es el más reciente esfuerzo del gobierno para reducir el crimen.
Una ley aprobada el pasado mes de diciembre, que entró en vigencia a principios de mes, prohíbe el porte de armas en público.
También hace más rigurosos los procesos de entrega de permisos para portar armas y creó un registro con el fin de penalizar a aquellos que posean armas no registradas.
Sólo grupos muy definidos de personas, entre ellos policías y funcionarios de seguridad, pueden poseer armas.
Una consulta popular programada para el 2005 definirá si podrán ser vendidas al público en general.
Ahora la edad mínima para poder portar un arma es 25 años en vez de 21.
La industria de armas de Brasil es la sexta más importante del mundo y el sector estuvo ejerciendo presión para evitar los cambios que ya entraron en vigencia.