El día del referéndum la oposición deberá lograr la cantidad de votos que obtuvo Chávez en su segunda elección en 2000.
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Tras el anuncio de las autoridades electorales de que el referéndum revocatorio presidencial es posible, gobierno y oposición se preparan para lo que ambos parecen considerar el "choque final".
El referéndum revocatorio presidencial está activado. Extraoficialmente aún, pero parece poco probable que algo impida su realización. Salvo una causa de "fuerza mayor".
Sin embargo, varios analistas consideran que la aceptación del reto que hizo el presidente Hugo Chávez en un discurso a la nación, dificulta y disuade a aquellos simpatizantes que quisieran presentar algún desafío legal ante el Tribunal Supremo de Justicia.
La campana -la de Santa Inés, como la bautizó Chávez haciendo un paralelo con un evento de la historia militar venezolana del siglo XIX- está en marcha. Las dos partes actúan como si la convocatoria fuera un hecho y se aprestan al choque.
La fecha está por definirse, y quizá sea esa la primera escaramuza de la campana.
La oposición ya trabaja con el 8 de agosto en mente, recogiendo la palabra del presidente del Consejo Nacional Electoral, Francisco Carrasquero, quien meses atrás había informado que ese sería el día de la consulta, si se lograban las firmas suficientes.
A contarse
El día del referéndum la oposición deberá lograr la cantidad de votos que obtuvo Chávez en su segunda elección en 2000. Algo así como 3 millones seiscientos mil votos.
Si se hace después del 18 de agosto, y el gobierno la perdiera, el vicepresidente Rangel, completaría el mandato hasta el 2006.
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De lograrse, automáticamente el gobierno se quedará cesante o "en funciones" hasta la realización de elecciones anticipadas.
La ley establece para ello el plazo de un mes, aunque es cierto que los plazos en Venezuela no se han venido cumpliendo, en parte según los técnicos electorales, a lo inédito del proceso refrendario.
Pero si la consulta se realiza después del 18 de agosto, y el gobierno la perdiera, el vicepresidente José Vicente Rangel, completaría el mandato hasta el 2006.
Radicales controlados
Por ahora las partes más radicales parecen neutralizadas. Aquellos que entre la oposición, convencidos de que no habían salidas legales, abrigaban la esperanza de un pronunciamiento militar para terminar con el gobierno.
Y del lado gubernamental, los grupos que en la creencia de que la oposición había tramado un fraude para lograr la convocatoria, pedían una profundización del "proceso revolucionario bolivariano".
Eso no significa que esos sectores no puedan decidir adelantar sus agendas, si se sienten "traicionados". Hoy la violencia política en Venezuela está latente como una amenaza a la estabilidad.
Todos contentos
Tras días de tensión y pesimismo, por ahora lo que se percibe en las calles es entusiasmo, más allá de las trilladas frases sobre el "triunfo de la democracia" o del pueblo o de la sociedad civil.
Pero la alegría no es sólo de la oposición que se anotó su primera gran victoria frente al gobierno.
También el "chavismo" luce dispuesto a enfrentar a su contrincante político. Y con su líder en una de las facetas que mejor se le da: la de candidato, la de movilizador de masas.
Tras días de tensión y pesimismo, por ahora lo que se percibe en las calles es entusiasmo.
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Chávez aseguró que la oposición ha venido "jugado sola". Quizá no haya sido así, si se da crédito a las denuncias de grupos de derechos humanos sobre presiones contra trabajadores públicos, contratistas del estado o beneficiarios de planes sociales para que se abstuvieran de firmar.
Un juego sucio al que tampoco habría escapado los opositores, según las denuncias de trabajadores de empresas privadas presionados por sus patronos que maneja el Ministerio del Trabajo.
Sin embargo, como recordó Jorge Olavaria, uno de sus mentores y también uno de los que más rápido marcó distancia con el proyecto presidencial, Chávez es un "experto en convertir la derrota en una victoria".