Venezuela entra en una semana decisiva para la solución de su crisis política, o al menos eso es lo que aspiran "chavistas" y "anti-chavistas" por igual.
El gobierno de Hugo Chávez ha dividido a Venezuela.
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El futuro es negocio de adivinos. Por eso en Venezuela los brujos pueden opinar de política como el más avezado analista. Y no es que corran más riesgo de equivocarse que un especialista.
Cuando son días en los que "se define el futuro del país" algunas conjunciones cósmicas bien explicadas ayudan -o consuelan- a entender la gran pregunta: ¿qué va a pasar en este país?
Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero todos aseguran que algo tendría que pasar. El ambiente de "encrucijada histórica" se lee en la prensa, se comenta en las calles.
La verdad es que desde hace al menos dos años en este país se espera el "momento de la verdad", porque "esto no puede seguir así". Aunque "así" ha seguido por un buen tiempo. O un mal tiempo, según el bando en el que milite usted.
También es cierto que tras dos años de creciente polarización y deterioro de la situación política -golpe de estado incluido- Venezuela parece estar en un punto de inflexión.
Reparos
Por lo pronto vienen unas jornadas de esas que a la prensa gusta etiquetar como "históricas".
El viernes 28 empiezan los "reparos", la segunda verificación de parte de las firmas que la oposición presentó pidiendo un referéndum revocatorio del mandato del presidente Hugo Chávez.
Pese a que desconfía del Consejo Nacional Electoral, la oposición tiene la esperanza de que sea el último paso antes de la convocatoria a la consulta con la que, dan por descontado, sacarán a Chávez del poder.
El presidente cuenta con muchos simpatizantes.
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El gobierno también luce confiado. No creen que el referéndum sea convocado, pues faltarán firmas. Y en caso de que hubiera la consulta, ya el presidente ha dicho que "barrerán" a la oposición.
La verdad es que el gobierno no da la impresión de quien, en menos de dos meses, podría tener que preparar maletas y convocar a elecciones, que es lo que manda la ley si pierde el eventual referéndum. Eso si se hace antes del 8 de agosto.
¿Y si es después?
Por lapsos establecidos en la ley, si se hiciera luego de esa fecha y lo perdiera Chávez, éste dejaría la presidencia en manos de su segundo, José Vicente Rangel quien completaría el mandato hasta el 2006.
Para algunos es evidente el juego dilatador del gobierno, al que acusan de controlar la mayoría dentro del CNE.
Un referéndum después del 8 de agosto, con seguridad, enfriaría el ánimo de muchos opositores, que verían inútil sacar al presidente para quedar con el "vice", que tampoco es santo de su devoción.
Pero ni los "reparos", ni el eventual referéndum, van a resolver la división política que se ha instalado en la sociedad venezolana.
Esa división llega al punto que muchos analistas advierten sobre la posibilidad de una guerra civil en gestación. Ponen de ejemplo a la cercana Colombia, y muestran lo factible que es un conflicto interno, con señales que llegan desde ese país.
Recientemente fue capturado un supuesto grupo de paramilitares colombianos cerca de Caracas. El gobierno lo calificó de invasión y amenaza a la soberanía orquestada por un eje Miami-Bogotá-Caracas.
El presidente Chávez aprovechó para convocar a la defensa nacional y en un ambiente que por días a muchos pareció prebélico pidió a la población aprestarse a colaborar en el esfuerzo patriota.
¿Paramilitar yo?, guerrillero tú
La detención de los supuestos paramilitares ha generado polémica.
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En lo retórico el presidente dijo que la "revolución bolivariana" entraba en una nueva fase a la que llamó "anti-imperialista".
Más de uno aguantó la respiración esperando el "y socialista" para llegar al modelo cubano.
No lo dijo, pero siguen creyendo que el gobierno de Chávez, tiene la intención de crear un sistema a semejanza del de La Habana.
Los paramilitares son una excusa, gritan los opositores, quienes ven en la movida la creación de grupos armados "revolucionarios", los verdaderos paramilitares, aseguran.
Los detractores del presidente aseguran que si llegara a haber paramilitares colombianos en Venezuela, es porque el gobierno ha permitido que la guerrilla colombiana penetre el territorio venezolano.
Ciudadanía dividida
Desde que empezó la era Chávez, cinco años atrás, muchos han denunciado supuestos vínculos - o en el mejor de los casos simpatías- con los rebeldes izquierdistas colombianos.
Mientras uno y otro bando se lanzan acusaciones, en medio queda el ciudadano cuya vida diaria ha quedado rehén de la política.
Asistir a un concierto, ir al cine o compartir una "parrilla" con los amigos se ha vuelto una ocasión política. Incluso hay amigos que ya no lo son tanto porque militan en bandos contrarios. Hay familias que no se hablan como antes.
Aunque todos dicen defender la democracia, reconocen, aunque no la propicien, que habría una violencia "necesaria", o al menos inevitable, si las tesis que defienden no prosperan.
La oposición - al menos la parte más radical de ella- con la aparente confianza en el último recurso de un pronunciamiento militar, cuando el gobierno pierda legitimidad.
Chávez confía en seguir en el poder, con o sin referendo.
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Mientras que desde el poder se ha hablado insistentemente de una revolución pacífica, pero armada, de ser necesario.
No parecen prédicas de paz, aunque quizá sea sólo para mostrar los dientes.
Llegados al punto unos y otros apelan al "tradicional carácter pacífico del venezolano".
Si en ese distanciamiento por ahora "amistoso" que se ha instalado entre los venezolanos puede verse el cisma de un país en tránsito a una guerra civil, una vez más parece ser oficio de adivinos.