El viaje a Cuba del astro del fútbol argentino, Diego Armando Maradona, está siendo cubierto con un manto de misterio por las autoridades cubanas; todos se niegan a confirmar o desmentir cualquier pregunta.
En Cuba nadie habla del regreso de Maradona a la isla.
|
"No le vamos a dar cobertura porque es una noticia amarilla" fue la lacónica y tajante respuesta que dio -ante la insistencia de BBC Mundo- un alto funcionario de la cancillería cubana.
A pesar del misterio, se pudo saber que "el Pibe" será trasladado a una clínica de salud mental dependiente del Ministerio del Interior, ubicada a escasos metros de una de las residencias del presidente cubano, Fidel Castro.
Se trata de una zona de alta seguridad, tal vez la más segura de toda la isla, en la que está prohibido tomar fotografías y donde incluso si uno detiene el automóvil, a los pocos minutos es requerido por una patrulla.
Así las cosas, todo parece estar preparándose para iniciar un tratamiento mucho más rígido que el que desarrollaba en Las Praderas, donde según un trabajador del lugar, "Maradona era el dueño de todo esto".
Fiesta en Las Praderas
En Las Praderas todos recuerdan las fiestas de Diego. "Había de todo desde prostitutas hasta travestis", nos dice un empleado del centro y recuerda a Maradona como "el huésped mas consentido".
Pocos quieren hablar en el centro de salud-hotel Las Praderas, incluso Adoney Fruto, la novia embarazada del futbolista está "hospedada" allí sin que ningún medio de prensa pueda tener acceso a ella.
El empleado -que pidió mantenerse en el anonimato- dijo a BBC Mundo que Maradona en el centro de salud "fue un niño mimado al que se le toleraron cosas que no se le toleran a más nadie en este país".
Maradona desea continuar su tratamiento en Cuba.
|
De alguna forma Diego Armando Maradona está dejando de ser una buena propaganda para la salud pública cubana y se convierte cada vez más en un problema para las autoridades de la isla.
El hecho de tratarse de un personaje públicamente tan cercano al presidente Fidel Castro, le proporcionó un manto protector que le permitía hacer muchas cosas vedadas para el resto de los mortales que viven en la isla.
Maradona llego incluso a agredir a un periodista extranjero al que le rompió a golpes los cristales del automóvil; sin embargo nada pasó porque como dicen los cubanos "¿quién le pone el cascabel al gato?".
No obstante, ahora las cosas podrían resultar diferentes. En una clínica militar están acostumbrados a tratar con "gente importante", la entrada es controlada, la disciplina es mayor y Fidel Castro está al otro lado del muro.