"Bienvenidos amigos", decía el letrero luminoso de la gasolinera en la entrada de Crawford, donde está el rancho del presidente George W. Bush, en el centro del estado de Texas.
Fox y la primera dama llegaron en helicóptero.
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Según me contó Dorothy, la dueña del local, esa fue una idea de su familia, aunque el único problema fue que habían escrito mal el mensaje, "porque ninguno de nosotros hablamos español". Luego lo corrigieron.
"Aunque sea el presidente de México, queremos que sepa que Crawford le da la bienvenida", señaló esta señora con una gran sonrisa, que usaba unos aretes que decían "USA" en diamantes de fantasía con los colores de la bandera.
"También tengo unos que dicen Texas", señaló cuando le pregunté si sólo los usaba en días especiales.
"Desapercibida"
En la tienda a la entrada del pueblo, que sólo cuenta con 704 habitantes, también pusieron una bandera mexicana, junto con la estadounidenses y la texana.
"Tenemos muchas banderas y por supuesto que también tenemos la mexicana. Esta es la manera de dar la bienvenida a Fox", me dijo el esposo de la dueña y aseguró que siempre es emocionante cuando un dignatario extranjero viene
de visita.
Sin embargo, Martha, una mexicana que estaba en la cafetería del pueblo con su hija adolescente, opinó que la visita del presidente Fox había pasado desapercibida.
"Yo vivo aquí a unas cuantas millas, pero realmente nadie habló mucho del tema. Sí lo pasaron en los diarios, pero la única que me preguntó sobre mi presidente fue mi suegra (que es la dueña de un rancho aledaño al de Bush)",
me dijo esta señora en la cafetería "Coffee Station".
Una invitación al rancho en Texas de Bush es especial.
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Su hija, Adila, quién asiste a la preparatoria en Crawford, me confesó que sólo su maestra de español le preguntó sobre la visita de Fox.
En este restaurante, donde se venden varios tipos de camisetas con la propaganda de reelección del presidente Bush, había incluso afiches tamaño natural del mandatario y de sus padres para que los turistas se sacaran
fotos.
"Estamos de paso y no resistimos venir a dar una vuelta aunque nos desviáramos del camino", señaló una señora estadounidense de 75 años quién confesó que no sabía nada sobre la llegada de Fox.
Aunque en la sala de prensa, que se instaló en el gimnasio de la secundaria de Crawford, había gran expectativa cuando aterrizó el helicóptero donde venía el presidente mexicano acompañado de su esposa. Incluso, hubo sonrisas
cuando Fox se golpeó la cabeza al salir.
"Buenas tardes", le dijo el presidente George W. Bush en español, quién llegó a recibirlo en su camioneta blanca (una "troca") vestido de jeans y
una camisa blanca. Traía botas, al igual que Fox, que vestía un pantalón vaquero y una chaqueta.
La comida
El mandatario estadounidense venía de pescar y aseguró a la prensa que había tenido un buen día de tal manera que Fox "no pasaría hambre".
Lo cierto es que en la cena, los Bush ofrecieron a la pareja mexicana, pescado como plato principal acompañado con tortitas de cangrejo, soufflé de chile con queso y vegetales de la estación.
Como aperitivo se ofreció un queso de cabra con hierbas y para endulzar el paladar, hubo tarta de manzana y helado de vainilla.
Sin expectativas
Fue así como se inició este encuentro del que no se esperan resultados concretos, pero si un mejoramiento en las relaciones de ambos presidentes que se habían distanciado enormemente en los últimos tres años.
A pesar que México fue el primer país que visitó Bush cuando asumió el poder, tras el 11 de septiembre, las prioridades de su gobierno se volcaron a la
seguridad y la guerra contra el terrorismo.
El distanciamiento empeoró después de que México se negó a apoyar la guerra contra Irak. E incluso el mandatario mexicano canceló un viaje a Crawford
en protesta por la pena de muerte a un ciudadano mexicano en EEUU.
Este año sin embargo, las cosas cambiaron. Bush anunció un acuerdo migratorio y luego invitó a Fox nuevamente a su rancho.
Los analistas no descartan que haya una motivación electoral, ya que Bush se juega la reelección este año y la comunidad latina, cuyo voto será importante, verá con buenos ojos una buena relación con México.
Pero más que eso, los funcionarios de ambos gobiernos opinan que esta es una oportunidad para dejar atrás los malos entendidos e intentar sentar las
bases para que haya progresos en los temas que interesan a ambas naciones,
como la migración, la seguridad, el agua, el comercio y el crecimiento
económico.