Primero, Powell decía que pese a sus defectos, Aristide había sido elegido democráticamente.
|
Percival Patterson, presidente del grupo regional del Caribe, CARICOM, ha sido uno de los críticos más fehacientes de lo que el describe como la destitución de Aristide.
Patterson -quien además es el Primer Ministro de Jamaica- afirmó que la gente no dudará en preguntarse si la dimisión de Aristide fue verdaderamente voluntaria y si su abandono del cargo puede sentar un precedente peligroso para los gobiernos elegidos democráticamente en otras partes del mundo.
No es sorprendente que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien también fue elegido democráticamente y que enfrenta una fuerte oposición interna, denuncie la dimisión de Aristide como una "tragedia".
Ciertos críticos del gobierno de George W. Bush dentro del Partido Demócrata, dicen que Washington debería haber hecho más para contribuir a que Aristide termine su período en el gobierno y no forzarlo a dimitir en medio de lo que muchos consideran, una toma ilegal de poder por rebeldes de dudosas credenciales democráticas.
Cambio de táctica
Después de todo, dicen los críticos, hasta el jueves de la semana pasada el secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, decía que a pesar de que Aristide era incompetente y corrupto, había sido elegido democráticamente y no debería ser forzado a dimitir.
Luego cambió de táctica y decidió abandonar al presidente Aristide.
Otros oponentes de Bush van aún más lejos; dicen que a muchos republicanos nunca les había gustado Aristide debido a su pasado "izquierdista", y se habían mostrado dispuestos a despojarlo de su autoridad.
Según Patterson muchos se cuestionarán si la dimisión fue verdaderamente voluntaria.
|
Por ejemplo, sugirieron el congelamiento de la ayuda extranjera de alrededor de US$500 mil millones, dinero que Haití necesitaba desesperadamente para aliviar su situación económica siendo el país más pobre del hemisferio occidental.
Los gobiernos de EE.UU. y Francia insisten en que Aristide había perdido tanto su legitimidad con su propia gente que no quedaba otra alternativa que la dimisión.
Pero el debate sobre el papel de Washington en la renuncia de Aristide no va a desaparecer por el momento en una región tan sensible a la intervención de EE.UU.