La administración Bush, tras los atentados del 11 de septiembre, volcó toda su atención a los temas de seguridad y la política hacia América Latina quedó relegada.
Esta es la visión de la mayoría de los estudiosos de las
relaciones entre Washington y la región, a pesar que los funcionarios estadounidenses opinen lo contrario.
"La administración Bush no tiene una política exterior para América Latina", señaló, sin pelos en la lengua, el analista político y ex embajador de Chile en los EE.UU., Genaro Arriagada, en un desayuno reciente sobre el futuro de la
región.
"Ciertamente la política estadounidense hacia América Latina fue descarrilada por los ataques terroristas del 11 de septiembre, cuando todos los niveles de decisión de la administración se focalizaron en la guerra contra el terrorismo", señaló Moises Naím, experto en el tema y editor de la
Revista "Foreign Policy".
"Es cierto que ha faltado compromiso y apoyo, esto a pesar de que el presidente Bush había dicho que América Latina iba a ser la región prioritaria en la política exterior", recordó por su parte Michael Shifter, vicepresidente del Diálogo Interamericano y profesor de relaciones internacionales.
Sea como sea, todos opinan sin embargo que la Cumbre Extraordinaria de las Américas en Monterrey, a la que asistirá Bush, es una buena oportunidad para sentar las bases para una nueva relación en el contexto de la "guerra contra
el terrorismo".
La respuesta oficial
Ante estas declaraciones, los funcionarios de la administración Bush responden, una y otra vez, que "es normal que la seguridad sea una prioridad, aunque esto no quiera decir, de ninguna manera, que haya una descuido hacia la región".
"Hay una percepción que después del 11 de septiembre, EE.UU. perdió el interés en todo lo que no estuviera relacionado con el terrorismo y la seguridad, pero esto no es verdad y tan sólo basta ver los logros de esta administración durante el año", señaló Condolezza Rice, la asesora de Seguridad Nacional estadounidense.
Entre los ejemplos que dio Rice para demostrar que no se descuidaron las relaciones con la región, estuvieron los acuerdos de libre comercio con Chile y con cuatro países centroaméricanos (Costa Rica se quedó en el camino
porque prefirió negociar con más calma algunas condiciones que no le beneficiaban).
El apoyo a Colombia, a la región andina y la iniciativa para luchar contra el SIDA, "que beneficia a dos naciones del Caribe", fueron otros de los "hechos concretos que demuestran del amplio, profundo e intenso compromiso del
presidente Bush con la región", señaló la funcionaria estadounidense.
"Tampoco hay que olvidar la recuperación económica en los EE.UU. que beneficiará a la región. Efectivamente el presidente dijo que le daría prioridad a los vecinos y así lo ha hecho", enfatizó Rice.
A esto se suma el seguimiento de la administración Bush del arresto de disidentes políticos en Cuba y también siguieron muy de cerca la crisis de Bolivia y Venezuela.
Hacia el futuro
Al iniciar el año, el presidente estadounidense se mostró más
interesado en la región, como lo demuestra su asistencia a la Cumbre de Monterrey y sobre todo, el anuncio de su plan migratorio.
Por una parte, muchos opinan que es un gesto de "buena voluntad" y subrayan que ya es un gran avance que el presidente se atreviera a sacar el tema a la mesa de debate.
La seguridad se ha reforzado en los perímetros de la cumbre.
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Y es que, a pesar de las promesas electorales de Bush, lo
cierto es que el tema de inmigración quedó en el tintero por tres años, como si el problema de miles de indocumentados no existiera.
Pero, por otro lado, los críticos del mandatario opinan que la motivación es más bien electoral, para mostrar una cara más "compasiva" durante la campaña electoral y lograr simpatizantes en la comunidad latina.
Pese a su plan migratorio, esto no significa que Bush esté dispuesto a ir más allá, mucho menos en otros temas que no sean de interés doméstico.
"Hay que ser realista y reconocer que aparte del tema inmigración no hay otro tema en la agenda latinoamericana que tenga ese valor electoral para el presidente Bush. En segundo lugar todo está en juego en Irak y en el Medio Oriente, entonces es muy difícil imaginar que los funcionarios más altos
puedan dar mucha atención a América Látina, es una lástima, pero es así", señaló Michael Shifter.
"Ahora la obsesión con sus vecinos del sur es la seguridad y proteger sus fronteras, no es buscar acuerdos bilaterales y multilaterales que construyan un hemisferio más próspero, más exitoso, más democrático. Todas esas promesas de Bush en la campaña quedaron en el basurero de la historia", opinó Denise Dresser, profesora de Ciencias Políticas en el Instituto
Autónomo de México (ITAM) durante una conferencia en Washington el año pasado.
No todos los analistas en Washington se expresaron con la misma contundencia, pero por si que coinciden en que no va a haber un cambio radical en la política exterior de Washington hacia la región.
Ni el anuncio del plan migratorio y ni la visita de Bush a Monterrey, opinaron, cambiará la tónica de la relación.