El nuevo presidente de Bolivia, Carlos Mesa, gobernará sin la participación én el ejecutivo de los partidos políticos, en un intento de no ser afectado por el gran descrédito de en que cayeron las agrupaciones.
Al afirmar que gobernará sin los partidos políticos y formará su equipo de colaboradores entre "los mejores ciudadanos", Mesa marca una diferencia fundamental con su predecesor, que basó su administración en una amplia mayoría parlamentaria, producto de alianzas partidarias.
Estas alianzas se reflejaron en un reparto de cargos en el gabinete y de funciones en la empresa pública entre los militantes de los miembros de la coalición gobernante, los partidos Movimiento Nacionalista Revolucionaria
(MNR), Nueva Fuerza Republicana (NFR), Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y Unión Cívica Solidaridad (UCS).
El parlamento que designó a Mesa como presidente está compuesto en su mayoría por estos cuatro partidos, cuya disminuida credibilidad quedó herida de muerte a causa del apoyo que brindaron a Sánchez de Lozada tras la
sangrienta represión a las protestas contra un proyecto de exportación de gas.
Posición de los partidos
Una oleada de protestas forzó la renuncia de Sánchez de Lozada.
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Al conocerse que murieron 69 personas y fueron heridas aproximadamente dos centenares como resultado de la acción de los militares y la policía, Mesa retiró su apoyo a Sánchez de Lozada.
Pero los jefes y parlamentarios del MNR, MIR y NFR se mantuvieron al lado del ahora ex mandatario en momentos en que la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil y los sindicatos lo responsabilizaban por las numerosas muertes.
Por otra parte, el partido Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el diputado y dirigente sindical Evo Morales, que ejerció una dura oposición a Sánchez de Lozada, anunció una tregua en vista de que los planteamientos de Mesa expresan gran parte del sentimiento popular.
Sin embargo, el MAS aclaró que no pretende formar parte del gobierno en ningún momento.
Desafíos
Mesa dijo estar dispuesto a presidir "un gobierno de transición".
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El Congreso boliviano designó a Mesa luego de que una incontenible oleada de protestas forzó a Gonzalo Sánchez de Lozada a renunciar a su mandato.
Mesa, quien hasta ahora desempeñaba el cargo de vicepresidente, comienza una gestión que se prevé muy difícil, y que pretende ejecutar una serie de medidas destinadas a resolver una profunda crisis estructural que afecta a Bolivia.
El establecimiento de una Asamblea Constituyente que permita "un diseño de sociedad distinto" será uno de los asuntos principales que encarará la administración de Mesa para tratar de superar esa crisis.
Junto a la revisión de la Ley de Hidrocarburos, Mesa implementará también un referendo mediante el cual la población decidirá cómo serán aprovechadas las grandes reservas de gas natural que posee Bolivia.
La pretensión de Sánchez de Lozada de exportar gas a Estados Unidos y México sin tomar en cuenta la opinión de los ciudadanos fue precisamente lo que causó una serie de protestas que comenzaron pidiendo que no se venda el gas y acabaron por exigir y conseguir su renuncia.
Situación "delicada"
El nuevo presidente dijo que "a nadie se le escapa que la unidad de Bolivia está en riesgo" tras los violentos disturbios que cobraron la vida de por lo menos 69 personas durante la represión de manifestaciones por el ejército y la policía en La Paz y la vecina ciudad de El Alto.
"El dolor, la esperanza y la fortaleza" son las sensaciones que dijo sentir Mesa en el momento de asumir la presidencia, en un Palacio Legislativo fuertemente resguardado por tanques y soldados del ejército.
Mesa afirmó que ejercerá la presidencia respetando los derechos humanos y el derecho a la vida en un momento en que la situación del país es "extremadamente delicada".
La constitución boliviana establece que, si el presidente renuncia, el vicepresidente puede asumir el mandato por el resto del periodo constitucional, pero Mesa afirmó que está dispuesto "a presidir un gobierno de transición" y se mostró flexible respecto a la posible duración de su gestión.
Mesa es un periodista independiente que fue elegido vicepresidente en las elecciones generales realizadas el año pasado y que encumbraron en la presidencia a Sánchez de Lozada.