"No hay reacción porque no hay nada nuevo ante lo que haya que reaccionar" dijo a la BBC un funcionario de la cancillería cubana refiriéndose a la supuesta intensificación de la campaña contra el gobierno de Fidel Castro, anunciada por el presidente George W. Bush.
Bush prometió más visas para quienes quieran abandonar la isla.
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El funcionario -que prefirió no ser identificado- agregó que "lo único nuevo es la promesa de facilitar más visas a aquellos cubanos que quieran abandonar la isla" y agregó que el resto es "más de lo mismo".
Las medidas anunciadas por el mandatario estadounidense parecen ser percibidas en Cuba como discursos dirigidos más a ganar votos en Miami que a cambiar las relaciones con La Habana.
De hecho, salvo el supuesto aumento de visas, el resto de las medidas son aplicadas desde hace más de 40 años -como la prohibición de que los estadounidenses viajen a la isla por turismo.
Mejor de lo que se piensa
La práctica del actual gobierno de Estados Unidos respecto a Cuba es muy diferente a los discursos, especialmente después de los atentados del 11/9, detonantes de un profundo cambio en las relaciones bilaterales.
El estadounidense Wright dice que el gobierno cubano comprará US$450.000 en ganado de su compañía.
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Después de este fatídico día se iniciaron las ventas de medicinas y alimentos de EE.UU. a Cuba -primero con la excusa del Huracán Michelle y después de forma permanente hasta llegar hoy a los US$500 millones.
Este mismo año los tribunales estadounidenses condenaron por primera vez al secuestrador de un avión cubano y además devolvieron a varios piratas que se robaron una embarcación para ser juzgados en la isla.
Nunca desde la administración Carter en los años 70, las relaciones bilaterales habían avanzado tanto en el camino de la normalización, a pesar de que los discursos puedan dar una impresión diferente.
Un enfrentamiento útil
Tanto La Habana como Washington parecen querer mantener el nivel de enfrentamiento verbal actual sin acrecentarlo pero sin disminuirlo, en ambos casos por intereses políticos muy claros.
Para el gobierno cubano, el embargo económico es en política interna una herramienta que sirve para justificar casi todos los problemas, los producidos por el bloqueo y también muchos que nada tiene que ver con él.
La Casa Blanca, por su parte, trata de salvar los votos de La Florida y nadie debería estar más conciente de su importancia que Bush, dado que fue allí donde se definió su elección como presidente de EE.UU.
Un círculo beneficioso
Así las cosas, todo parece indicar que continuaremos dentro de un ambiente de agresiones verbales mientras los empresarios y ganaderos de ambos países continúan haciendo jugosos negocios.
En La Habana muchos piensan que lo que Bush quiere son los votos de La Florida.
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Paradójicamente, muchos de los alimentos comprados por Cuba a los EE.UU. son mucho mas baratos que los de otros países, gracias a los costos de transporte y a las subvenciones de Washington a la agricultura.
De esta forma las compras cubanas se benefician de mejores precios que son financiados con los impuestos que pagan los contribuyentes estadounidenses, incluyendo los de La Florida.
La misma medida de aumentar el número de visas a cubanos para La Habana -como para cualquier país del tercer mundo- un espaldarazo, dado que abre aún más la "válvula de escape" de la migración.