Alencar discutió la medida con los ministros. Marina Silva, ministra de Medio Ambiente, se opuso.
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El gobierno de Brasil autorizará el cultivo de soya genéticamente modificada. El vicepresidente José Alencar anunció la medida este miercoles, y se espera que el decreto que la hace efectiva sea firmado en esta misma jornada.
Alencar, mandatario en ejercicio debido al viaje del presidente Luis Inacio Lula da Silva a Nueva York, hizo el anuncio luego de una reunión con varios ministros para discutir la medida, que ha generado una fuerte polémica.
La ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, se oponía a la autorización hasta que no se efectúen estudios más concluyentes sobre los riesgos de los cultivos transgénicos.
Brasil es el segundo productor y exportador de soya en el mundo, después de Estados Unidos, y el único gran exportador agroindustrial que aún prohibía el cultivo y la venta de productos genéticamente modificados.
El anuncio del gobierno tiene lugar un día después de protestas en Brasilia, donde activistas del Movimiento de los Sin Tierra intentaron ingresar a la sede del Ministerio de Agricultura, en Brasilia, en protesta por la eventual legalización de la soya transgénica.
Unos doscientos manifestantes se congregaron en las puertas de la sede ministerial, donde se produjeron forcejeos con los guardias de seguridad, en anticipación del decreto que autoriza lo que ya es un hecho: se estima que los cultivos transgénicos ilegales de soya representan en Brasil el 30% de la producción total de esa oleaginosa.
Entusiastas y detractores
Para algunos, el decreto presidencial llena un vacío legal en el país ante la ausencia de legislación que regule el tema de los transgénicos.
Unos 200 activistas protestaron en el Ministerio de Agricultura.
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Sin embargo, grupos ambientalistas estiman que los cultivos genéticamente modificados pueden resultar perjudiciales para la salud humana y animal, aunque los entusiastas de esa técnica señalan que éstos son más seguros que los cultivos convencionales porque requieren menos pesticidas y fertilizantes.
Según expertos, si se legalizan los transgénicos, el costo de producir alimentos orgánicos será mucho más alto porque se debe prevenir la polinización de los cultivos convencionales.
En marzo pasado, Brasilia concedió una amnistía a los productores de soya transgénica, mayormente concentrados en estados del sur del país, para vender sus cultivos.
Desde 2000 el gobierno brasileño ha estado intentando legalizar la soya transgénica, pero ha encontrado la oposición de grupos ambientalistas.