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Miércoles, 07 de mayo de 2003 - 18:09 GMT
La lucha por la fábrica Brukman
Celia Martínez
El 1º de mayo los empleados de Brukman marcharon para reclamar al gobierno la devolución de la fábrica.
Escribe Eugenia Mitchelstein, desde Buenos Aires, para BBC Mundo.

En la Argentina hay 200 fábricas "recuperadas" por sus trabajadores, como se conocen las empresas que, luego de la quiebra o del abandono por parte de sus dueños, fueron puestas en marcha nuevamente por sus trabajadores.

Brukman, una textil con más de 50 años de historia en la Argentina, es una de las fábricas recuperadas más conocidas, tanto por su éxito en volver a producir como por la fuerte intervención policial con la que fue llevado a cabo su desalojo, hace menos de un mes.


Treinta empleados pidieron permiso para quedarse a dormir, echaron violentamente la guardia y así ocuparon Brukman

Jaime Muscat, Brukman
Los obreros de Brukman defienden su derecho al trabajo desde un campamento establecido en una plaza cercana a la empresa, desde que el juez Jorge Rimondi dispuso el desalojo.

"Somos 40 personas viviendo en la carpa grande y 20 en las carpas chicas, queremos volver a la fábrica, queremos volver a trabajar", dijo Celia Martínez, costurera y miembro de la Comisión Directiva.

El lunes 21 de abril, el intento de los trabajadores de retomar la fábrica se encontró con una actuación policial que causó 30 heridos y más de 100 detenidos.

Actualmente, Brukman está vallada, tapiada y custodiada por la policía, y la cuadra de la empresa se encuentra cerrada al público.

Auge y declive

Los hermanos Jankien, Enrique y Mario Brukman fundaron la textil en 1951. A fines de la década del 80 se trasladó al edificio actual, en el barrio del Once, en Buenos Aires, y en esa época llegó a ser la segunda empresa de indumentaria de la Argentina.

Una empleada de Bruckman antes del desalojo.
Brukman forma parte del Movimiento de Empresas Recuperadas.
Sin embargo, como relató Jaime Muscat, apoderado de Brukman, "en la década del 90 la fábrica dejó de ser competitiva por culpa de la convertibilidad, ya que eran más baratos los productos importados".

En septiembre de 2000, la empresa entró en quiebra y empezó a bajar los sueldos de los 110 empleados. En diciembre de 2001, llegaron a cobrar sólo 5 pesos (US$1,80) por semana.

Fábrica tomada

Los trabajadores ocuparon Brukman el 18 de diciembre de 2001, dos días antes de la caída del presidente Fernando de la Rúa.

"Nosotros no usamos la violencia, y nos instalamos en la fábrica cuando los dueños la abandonaron y nos dejaron de pagar los sueldos", dijo Elena Caliba, que trabajó durante 7 años en la textil.

Muscat contó otra versión de los hechos: "La ocupación es totalmente ilegítima, es un despojo; 30 empleados pidieron permiso para quedarse a dormir, echaron violentamente al guardia y así ocuparon Brukman".

Susana Luna, costurera que trabajaba en Bruckman.
Luna: "Quieren vaciar la fábrica para pagar las deudas".
Después de la toma de la fábrica, 60 trabajadores volvieron a sus puestos de trabajo y llegaron a ganar 100 pesos (US$35) por semana.

Una de las costureras, Susana Luna, afirmó que "los hermanos Brukman quieren vaciar la fábrica para poder pagar sus deudas".

Según Ivana Dal Vianco, abogada del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh) las deudas de Brukman ascienden a 15 millones de pesos (US$5.350.000), de los cuales 8 millones (US$2.850.000) son deudas al Estado argentino, por lo que el gobierno podía expropiar la empresa.

Muscat, en cambio, dijo que la deuda es de 3 millones de pesos (US$1.071.000) en total y que sólo se debe 1 millón al Estado, y afirma que el objetivo de la familia Brukman es "reabrir las puertas de la fábrica para volver a producir".

Además, acusó a los empleados de haberse robado 8.000 prendas que estaban almacenadas y de haber roto la maquinaria, ya que afirma que el 60% del equipo ya no funciona.

Martínez negó las acusaciones y sostuvo que "la fábrica siguió en funcionamiento gracias a sus trabajadores".

"Sólo queremos trabajo"

El reclamo de los empleados es "estatización bajo control obrero", es decir, quieren que el Estado compre Brukman y subsidie la producción.

Violencia por el desalojo de Brukman
El desalojo generó violentos enfrentamientos con la policía.
"Nosotros no queremos ser dueños de la fábrica, sólo queremos la fuente de trabajo", dijo Caliba.

Esta trabajadora también se preocupó por la suerte de las otras fábricas recuperadas por sus trabajadores: "Si vinieron por nosotros, también van a ir por ellos".

Los ex empleados festejaron un 1º de mayo diferente, con un acto a una cuadra de Brukman y una marcha hasta la Plaza de Mayo para reclamarle al gobierno la devolución de la fábrica, bajo la consigna "Brukman es de los trabajadores".

A dos semanas del ballotage (segunda vuelta electoral), los obreros de Brukman dicen que no van a votar ni a Néstor Kirchner ni a Carlos Menem y repiten una frase que se hizo famosa en diciembre de 2001, cuando ocuparon la fábrica: "¡Que se vayan todos!".


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