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Martes, 11 de marzo de 2003 - 15:50 GMT
Una historia en el Ecuador
![]() La plaza de Deleg, en un tranquilo mediodía.
Escribe Matías Zibell de BBC Mundo
"Hasta parece que las aves se han ausentado"... Sofía hace un silencio. Cuenta algunos centavos de dólar en su viejo almacén de Deleg y retoma... "Yo viví toda mi vida en el campo, ni un día le pasaría ahora. La última vez que fui ni los pajaritos escuchaba". Viuda, con un hijo en Nueva York, ella es una de las que se quedaron en este hermoso cantón ecuatoriano, viendo partir a los suyos. Es difícil encontrar a alguien en este lugar que no tenga parientes a miles de kilómetros. Hasta el mismo alcalde tiene a sus siete hermanos y a su madre de 87 años en Estados Unidos. Llegué a Deleg una mañana de febrero. Me habían dicho que encontraría un pueblo casi vacío. Encontré algo más triste, encontré gente... gente con ganas de hablar de su soledad. La emigración Ubicado a 40 kilómetros de Cuenca, la tercera ciudad más importante del Ecuador, el cantón de Deleg ha sufrido el éxodo de sus pobladores como otra zonas rurales del país.
"Como los puedo detener. Allá cobran 400 dólares por semana. Acá hay que ser ministro para cobrar eso. En mi municipio, los empleados reciben en promedio unos 150 dólares por mes". La emigración es un tema cotidiano en el país. Se la escucha en las publicidades de la radio: "me voy a España" dice una señora, "no te vayas, las cosas están cambiando" responde otra. Se la lee en los mensajes de los emigrados que publican cotidianamente los diarios nacionales. "Llegué, estoy bien, deme saludando a toda mi familia"... José. En su especial "Así emigra Ecuador", BBC Mundo publicó los datos brindados por la Organización Internacional de Migraciones: 300 mil ecuatorianos abandonaron su país entre 1999 y 2002. El dinero del norte Los más memoriosos de Deleg recuerdan que la primera emigración fue allá por los '60. Se fueron los hombres, la mayoría a Estados Unidos, sin ningún conocido a quién encomendarse en su nuevo destino, con familias enteras esperando noticias detrás. Por muchas décadas las mujeres fueron mayoría en la parroquia. Incluso hoy, me cuenta una empleada de la municipalidad no sin cierta resignación, hay tres o cuatro mujeres por cada hombre. Esa primera avanzada sirvió de punta de desembarco para la emigración masiva de los '90. Muchos se fueron con el teléfono o la dirección de un familiar o conocido. Las mujeres los siguieron.
"Yo como de ellos. Si acá se vende un cigarrillo es con dinero de allá", admite el alcalde de Deleg. Con la dolarización de la economía ecuatoriana, el dinero de "allá" es el mismo que el de "acá", pero el origen de ese dinero sigue siendo, como siempre, "allá"... Para comprobarlo sólo hace falta quedarse parado unos minutos frente alguna de las agencias que gestiona la llegada de las remesas. Un camión blindado, que uno asociaría en cualquier lugar con un banco, en Deleg se detiene en la puerta de la agencia de envios. Cuatro guardias con armas largas y chalecos antibalas se bajan con la "correspondencia" y se saludan con el guardia de la puerta, portador de un arma más larga que su propio brazo. Toda la escena desentona tanto con la calma del mediodía que parece una filmación de un película de cowboys. Las consecuencias La emigración no es un fenómeno social que termina cuando el que se va sube al avión. Al dolor y la soledad de los que se quedan se suman otras desgracias. Deleg comenzó a sufrir algunos episodios de delincuencia que sus largas décadas de lugar tranquilo desconocían.
El SIDA fue otra consecuencia. "Perdimos familias enteras", me cuenta el alcalde. "Los hombres contraían la enfermedad con las parejas ocasionales que tenían en el exterior y al regresar a casa, contagiaban a sus mujeres". Pero existen además otros fenómenos más sutiles. Las diferencias sociales entre los que tuvieron éxito en el exterior y los que se quedaron pueden apreciarse inmediatamente en las calles del cantón. Entre las casas tradicionales de tierra, madera y tejas se levantan casas modernas de cemento, cerámica industrial, aluminio y planchas de asbesto. La mayoría tienen ventanas polarizadas y algunas ostentan cisnes de yeso en sus techos.
María, quien atiende un pequeño negocio frente a la plaza del pueblo, habló de esas casas que acá se conocen como de residentes: "Tienen tres o cuatro pisos. Nuestros hogares quedan chiquito al lado de ellas". Alfredo Ugalde, un amante de los materiales tradicionales como el adobe y la teja que me guió entre Cuenca y Deleg, opina que "son casas frías, que nada tienen que ver con las necesidades tradicionales del lugar". Enormes y vacías Las casas de residentes son el mayor monumento a las diferencias creadas a partir de la emigración. "Yo tengo envidia de esas casas, tan lindas, tan modernas, pero no sé para que las tienen, un mes las usan y después las dejan botadas", rezonga Sofía mientras sigue contando sus centavos de dólar frente a la plaza de Deleg. "El 60% de esas casas están deshabitadas", me cuenta el alcalde. "Costaron entre 150.000 y 200.000 dólares. Ellos volvieron con dinero y con la intención de no querer vivir como antes".
Aunque la llegada de remesas no se ha detenido, son pocos los que siguen construyendo en el cantón. La gente del lugar dice que hubo dos hechos que modificaron el comportamiento de los que enviaban dinero desde Estados Unidos: el congelamiento de fondos bancarios durante la presidencia de Jamil Mahuad y la dolarización en el Ecuador. Lo primero generó desconfianza en el sistema bancario local. Lo segundo le quitó valor a la remesa. "Cuando vino el dólar todo cambió. Ahora es todo más difícil, uno recoge dólares y da dólares. Con el sucre se hacía diferencia", razona María mientras me vende un poco de pan y atún. Para muchos de los emigrados ya no tiene sentido gastar dinero en el mantenimiento de sus casas en Deleg. A partir de la normalización de su situación legal, se han llevado a sus padres, sus mujeres y sus hijos. "Varias escuelas han cerrado por falta de alumnos", reconoce el alcalde. Los dueños de los negocios, los mismos que prosperaron con las remesas que llegaban en forma masiva, ahora están preocupados. El alcalde también... "No he encontrado la forma de detener a la gente. 'Ofrezcan lo que nos ofrezcan, nosotros nos vamos' me dicen cuando les pido que se queden en la tierra en que nacieron, que le den vida". Sofía, ya ni los pájaros encuentra en el cielo de Deleg. |
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